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Hablemos de usted (1 de 2)

Guillem Tusell
Estudiante durante 4 años de arte y diseño en la escuela Eina de Barcelona. De 1992 a 1997 reside seis meses al año en Estambul, el primero publicando artículos en el semanario El Poble Andorrà, y los siguientes trabajando en turismo. Título de grado superior de Comercialización Turística, ha viajado por más de 50 países. Una novela publicada en el año 2000: La Lluna sobre el Mekong (Columna). Actualmente co-propietario de Speakerteam, agencia de viajes y conferenciantes para empresas. Mantiene dos blogs: uno de artículos políticos sobre el procés https://unaoportunidad2017.blogspot.com y otro de poesía https://malditospolimeros.blogspot.com."
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análisis

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El mundo no es, acontece. No hay cosas, hay acontecimientos que, dada su lentitud respecto nuestra percepción del tiempo, parece que son idénticos a sí mismos, y parecen cosas. Pero solamente nos lo parece debido al periodo (corto) que las observamos. Cualquier cosa que usted tenga delante, en un periodo de tiempo ya no será igual: es irrelevante, en el fondo, si el periodo de tiempo son 5 o 20.000 años (que sea breve o larguísimo solo depende de con qué lo compara: si con su vida, la humanidad, el planeta, el universo). Ahora, pasemos a usted. Veamos.

Usted, ¿es? En el caso que usted me responda que sí, que usted es, ¿a qué se refiere? Si se refiere a su cuerpo, pongamos que se mira las manos. ¿Son las mismas manos que hace diez años? Evidentemente, a nivel físico, no. No están formadas por exactamente las mismas células de hace diez años (solo hay que mirarlas…). Pero continúan siendo “sus” manos. Las manos de usted. Y vuelvo a preguntarle si usted “es”, ahora teniendo en cuenta que su cuerpo no es el mismo. Ahora podría decirme que usted es su cuerpo en cada momento de su existencia. Que la no separabilidad de los elementos de su cuerpo en cada uno de estos momentos, “es” usted. Y, me añade, que se mantiene la “función” de estos elementos: la mano cambiante continúa agarrando la taza de té, pasando páginas del libro; el pulmón cambiante haciendo su función respiratoria, así como los ojos y el riñón. Pero, si su mano queda agarrotada y no puede usarla, ¿continúa siendo su mano? Si el riñón no realiza su función (pongamos que no muera) o si se queda ciego, ¿el riñón y los ojos son suyos? ¿Son usted? Sus ojos son suyos, independientemente de su función, de la misma manera que un corazón artificial no se convierte en usted. Ni la cosa cambiante, ni la función, son suficientes para confirmar lo que usted es. ¿Y sus pensamientos?

Sus pensamientos de hoy no son los mismos que los de ayer. Son, también, acontecimientos. Y son producidos por el cerebro que, físicamente, también es cambiante (sus células, neuronas, etcétera). Y si incluimos la química cerebral (y estamos a un paso de las emociones), también hablaremos de acontecimientos.

No se apure, todavía no descartamos que, usted, “es”. Nos queda su conciencia. Pero, ¿hablamos de su conciencia, sin más, o específicamente de su conciencia de ser? Porque, si nos limitamos a decir que usted es porque “es consciente que es”, no avanzamos mucho en saber si es, y, si es, en saber qué es: la conciencia no es una cosa que podamos señalar. Y tampoco hay que confundirla con la autoconciencia (ser consciente, en un momento dado, de que uno es consciente). No es una tontería, porque la mayor parte del tiempo no somos conscientes de que somos conscientes (autoconciencia), sino que, simplemente, somos conscientes. Uf, claro, estamos muy atascados.

Miremos que ocurre si lo ponemos a usted en medio de la nada, ciego y sordo. Todavía podría decirme que es consciente de sus pensamientos, y que usted “es” aquel que habla consigo mismo. ¿Le es necesario el pensamiento / lenguaje para ser? Pienso ahora en “L’Enfant Sauvage”, de Truffaut, un niño encontrado en el bosque, sin lenguaje, salvaje, un animal. Obviando que los gruñidos “también” pueden ser un tipo de lenguaje (solo es necesario que un gruñido signifique algo igual para dos personas), cuando usted está ante un paisaje y es consciente de este y de usted, ¿es necesario pensarlo con palabras? No: en su cerebro no necesita describirlo con palabras para que “sea” más o menos. El paisaje está ahí, lo ve, lo percibe, se percata de él. Entonces, ¿usted “es” porque se percibe a sí mismo? ¿Porque se percata de sí? Tal vez estaríamos hablando de conocimiento. “Conócete a ti mismo”, ¿es la manera de intentar ser? Me parece que conocer algo es, simplemente, un escalafón más en la percepción de algo, pero no parece necesario para ser. Si lo fuese, dado que cada vez conocemos más (bioquímica, genética, física), cada vez “seríamos” más; y no creo que usted sea más hoy (porque conoce más cosas) que el año pasado (porque conocía menos).

De todos modos, si ponemos aquí en medio un ciruelo, así, de sopetón, estaremos de acuerdo que “el ciruelo es”. No es necesario tocarlo, ni conocerlo en su totalidad (desconocemos cómo son sus raíces), y puede tener hojas o no dependiendo de la estación, incluso podemos pensar erróneamente que es un manzano, pero continuaremos diciendo que “es” (el conocimiento o error respecto algo no afecta lo que este es: la tierra ya era redonda antes de conocerlo). La diferencia fundamental respecto a usted no es que usted no realice la fotosíntesis con la palma de la mano, es que el ciruelo no se pregunta si es o qué es. Si le pregunto (o se pregunta usted) si “es” o “qué es”, lo necesario es “hacer” la pregunta. La pregunta es lo que crea la necesidad de ser. Es una pregunta lo que permite descubrir la ley de la gravedad (“¿por qué cae la manzana?”), y el sistema de prueba y error de la teoría de la evolución de la naturaleza, no dejan de ser preguntas (¿esto funciona? ¿mejor con estas alas y este pico?). Pero esto nos habla del “funcionamiento”, y decir que usted es “aquel que se pregunta si es o qué es” no nos lleva a ninguna parte. Tal vez, entonces, ¿significa esto que la pregunta es errónea? El lenguaje nos permite hacer muchas falsas preguntas (¿cuál es la esquina del sol donde cocinan más patos? es fácil, pero ésta es más difícil: ¿qué hora es, “ahora”, en Andrómeda? Que también es una pregunta falsa) cosa que no debe alarmarnos: el lenguaje se creó, y prácticamente se asentó, cuando nuestros conocimientos eran muy básicos… y muy erróneos. Quizás podemos plantearnos si la pregunta correcta sería, más bien: ¿cuándo es usted?

El “cuándo” nos remite al tiempo, y esto nos complica mucho la cosa. Sobre todo, si pensamos que usted es sus pensamientos y emociones. Ya hemos descartado que usted sea “solamente” su materia y funciones. Fíjese: si algo es, ¿es lo mismo y en el mismo momento para todos? Es fácil decir “esto es una taza de té”, porque para ambos es una taza de té. Pero, y supongamos que usted y yo nos conocemos, para mí, decir qué es usted, es harto complicado. Yo no puedo saber ni sus pensamientos ni sus emociones. A lo sumo, puedo hacerme una idea mediante mi comprensión de aquello que me transmite con palabras o gestos, y, si respecto a las emociones hago un ejercicio de empatía, serán mis emociones las que sienta, no las suyas. Por tanto, si usted es sus pensamientos y emociones, yo no puedo saber si usted es ni qué es, sino es por extensión de pensar que es algo semejante a lo que yo soy, pero de otra manera. No concretamos mucho. Y el tiempo, como decía, nos lo complica mucho. Mire: este desconocimiento mío de usted, es extensivo a usted sobre sí mismo. Por ejemplo, ¿sabe, usted, en cada momento, lo que ha pensado y sentido siempre? Evidentemente, no sabe qué pensó y sintió entre el 06 de marzo a las 09:58 y el 09 de marzo a las 14:06. Pero me dirá que sabe del cierto que, en esa franja de tiempo, había un “usted es”. Bien, ahora reduzcamos este tiempo a una franja de 15 minutos de hace apenas dos horas. Creo que, sinceramente, es muy probable que le cueste saber qué pensaba y qué sentía. Lo que le interesa es la “función” de pensar y sentir, mientras que el “cuándo” vemos que solamente tiene relevancia en el “ahora”, “su ahora”. Usted me dirá que “¡yo siempre soy yo!”. Aunque ello podría ser un error de percepción: también creemos que el sol sale y se pone, y solo el Loco de la Colina ve rotar la tierra al atardecer. El tiempo, insisto, depende como se tome, solo hace que complicar las cosas.

El tiempo, como algo absoluto, digamos “el tiempo en sí mismo”, no existe, no es: solamente aparece cuando relacionamos un acontecimiento respecto a otro. Algo suelto, aislado en la nada, observado por nadie, sin interactuar con nada, no tiene ni pasado ni presente ni futuro. Del mismo modo, usted es un ser humano porque han existido y existen otros seres humanos. Si, en un momento dado, usted “es”, lo es en su momento dado respecto a algo (ni que sean sus recuerdos, ni que sean sus emociones, ni que sea el paisaje que ve). Uno es en la relación, es decir, en la sucesión de acontecimientos que nos relacionan con otros acontecimientos. Por sí solo, uno no tiene tiempo, y por ello la conciencia del tiempo (un segundo eterno, una semana fugaz) depende de esa relación entre acontecimientos, uno de los cuales es usted. Visto así, casi me atrevería a decir que la humanidad es uno mismo, por ejemplo, usted, y entonces cobran relevancia frases como “la humanidad no puede ser libre si un solo hombre no es libre”, que, a veces, parecen perogrulladas. Pero me alejo del tema, usted.

“Me alejo de usted”, he dicho. Esto implica distancia, espacio. ¿Dónde está usted? ¿“Es” donde está? Fijémonos en una cosa, de hecho, en un acontecimiento: centrémonos en usted, ahora, leyendo estas líneas. Vamos a obviar la relación entre “su ahora” (leyendo) y su coincidencia, o no, con “mi ahora” (escribiendo). El ejercicio es el siguiente: el usted que ahora “es”, ¿en qué se semeja o difiere del usted que en unas horas (suyas), es decir, futuro, en que también “es” (será)? Imagine que ahora le interrumpe una llamada que le “cambia” la vida (una muerte, una oferta de trabajo increíble; yo qué sé, usted sabrá). Entonces, ¿está seguro que ese próximo usted es el mismo que usted ahora? ¿Qué ve la vida igual, piensa igual, siente igual… es consciente de las mismas cosas? Generalmente, tras un shock o experiencia así, la gente dice, “ahora soy otro”. ¿Qué quieren decir? Le pregunto: ¿es usted más usted por sí mismo, o por las relaciones con otros acontecimientos? Algunos de los cuales son inesperados, o poco probables (depende de lo que usted entienda por “probabilidad”). Si eso que usted “es” depende tanto de la relación con otros acontecimientos, ¿es usted sí mismo o esa relación? Esto casi nos lleva a pensar que, sin esas relaciones, usted, no es.

Probemos: usted no “es”. Simplemente se trata de una serie de procesos y acontecimientos producidos en y por un cuerpo cambiante y su mente. El nexo común es que son regidos (pero en su mayor parte, no toda) por el cerebro, también cambiante y sujeto a los acontecimientos que se producen en él y fuera de él. La conciencia podría ser el “conocimiento” de la relación de esos conjuntos: su cuerpo cambiante, sus pensamientos cambiantes y sus emociones cambiantes respecto a un mundo cambiante. Dicho así, la conciencia sería el contenedor informativo de esos conjuntos, y de las relaciones entre ellos. Iríamos bien encaminados diciendo que usted no “es”, sino tan solo la relación de estos conjuntos de acontecimientos agrupados por la conciencia de sí mismo, que es la misma agrupación y sus relaciones. Pero volvemos a revolotear alrededor de la conciencia, que nadie tiene muy claro qué es: pregunten a físicos, filósofos, neurólogos, biólogos, psicólogos, y verán. La respuesta a qué es la conciencia no es del tipo la respuesta a ¿qué es la gravedad?, para la cual todos coinciden (y eso que la gravedad puede ser tan intangible y determinante como la conciencia de ser uno mismo). Para el caso que nos ocupa, si usted “es”, esto es muy grave.

Resumamos un poco, para recuperar el aliento. Usted
1) no es únicamente materia (átomos, moléculas, neuronas, riñones, la materia que sea) en un momento dado, sino algo más.
2) no es únicamente funciones (respirar, ver, hacer) en un momento dado, sino algo más.
3) no es únicamente pensamiento y lenguaje (palabras, oraciones) en un momento dado, sino algo más.
4) no es únicamente emociones, sentimientos (dolor, amor, nostalgia, placer) en un momento dado, sino algo más.

Ah, ¿conciencia? Pero el ciruelo de antes no es consciente y, sin embargo, es. Así que la conciencia es necesaria para el conocimiento de formularse la pregunta <<qué se es>>, pero no necesaria para ser.

Voy a ser breve con un poco de física tomada del físico italiano Rovelli. Sólo un concepto, les prometo que no porqué sí: los cuantos son partículas que, granularmente, forman campos, y estos no están en el espacio, sino que el espacio es la red de interacciones entre estos campos. El acontecimiento universo o espacio es esa interacción. Ya está. Ahora, imagine, mirando los cuatro puntos de un poco atrás, que sus campos son su materia, funciones, pensamiento y emociones. Que las partículas que forman cada campo es lo que en la lista estaba entre paréntesis. Entonces, estas partículas forman campos y de la interacción entre esos campos surge el acontecimiento “usted”.

Si lo anterior fuera cierto, si cada campo interacciona con otros, hay una dinámica, y esta dinámica es calculable probabilísticamente. Y, en cada momento dado, usted sería la probabilidad efectiva de un número N de posibilidades de ser. Y, un poquito más, si el mundo o espacio no puede ser visto desde fuera porque no existe fuera del mundo, usted no puede verse desde fuera porque usted no existe fuera de usted. Y es difícil saber qué es algo cuando solamente puede observarse desde ese mismo algo. Ni siquiera aproximadamente, pues no tiene mucho sentido que usted pueda aproximarse a usted mismo… a no ser que usted no sea “exactamente” sí mismo, sino las distintas posibilidades de ser en un momento dado. Pero todo esto suena muy frío, y, usted, me temo que no es una persona tan fría.

Hablando de frialdad, una observación a tener en cuenta: todos esos “campos” de usted (materia, funciones, pensamiento, emociones) cuya red de interactuaciones le permite ser, tienen un denominador común: el calor. Una interactuación comporta movimiento, y el movimiento es calor (cuando las moléculas se mueven, generan calor; las emociones “nos calientan”, y por ello el que no las siente es tan frío, cosa que no es su caso). Entonces, somos generadores de calor, y el calor implica el fluir del tiempo, de pasado a futuro, según la segunda ley de la termodinámica (digamos que el calor sólo pasa de los cuerpos calientes a los fríos, cosa que implica una “dirección”: nacemos con calor y cuando nos morimos quedamos fríos. Debido a esta ley, no podemos resucitar). Así pues, nosotros mismos, que generamos calor, generamos “nuestro propio tiempo”. De nuevo, tal vez por ello no nos pasa ni un minuto ni una semana a todos por igual: cada uno tiene “su propio tiempo”, su perspectiva temporal. ¿Es, usted, su propia perspectiva temporal desde donde observa aquellas probabilidades de ser que se concretan de forma efectiva en un momento dado?

Siguiendo el símil, y ya casi acabo, la baja entropía (recordemos, entropía: la cantidad de energía que deja der estar disponible para transformarse) es el orden, en usted, de sus campos, y el desorden es causado por la interrelación entre sus campos y los del mundo externo a usted; y esto genera calor (creando su tiempo) y energía (su vida). Es decir, cuando usted nació, tenía sus campos en un orden cualquiera (digamos que dictaminado por su ADN). Solamente nacer ya empieza el desorden y empieza a generar calor y energía. Eso es la vida: nos pasamos calor y energía unos a otros hasta que agotamos la propia, y morimos. Usted sería todo ese recorrido propio desde su propia perspectiva en cada momento dado. No es “algo” fijo, no existe como “ser”, sino como todo su acontecimiento. La pregunta de si usted es “en un momento dado” pierde sentido: ese momento dado solamente es la perspectiva temporal propia que realiza la pregunta. Porque si usted es un ser vivo, cambiante, una sucesión de acontecimientos, jamás un momento dado puede ser igual a otro anterior, y elegir “uno” de ellos es harto arbitrario. ¿Cuál es ese momento dado en que podemos fijar que usted es? Ninguno: usted es esa sucesión de acontecimientos ligada mediante su memoria. Es la memoria la que permite que usted no se desgrane en partículas de presente, instantes deslavazados el uno del otro. Sin memoria, el presente no existe, pierde su sentido (aquellos que dicen vivir sólo en el presente, o le engañan o es que no viven en ninguna parte). Así pues, ¿podemos decir que usted es la serie de acontecimientos dados por la relación entre sus campos y su exterior, ligados por la memoria y observados desde la perspectiva de su propio tiempo? Pues no sé, pero me parece usted algo maravilloso, algo excepcional en el universo. Y, si piensa lo mismo que un servidor, que usted es tan excepcional, recuerde que, los demás, también.

Llegados aquí, ya no sé si usted “es” o “no es”. Si usted es su conciencia y qué significa que es esta: dónde está, su relación con su materia cambiante, de dónde sale y cuándo, si es fija o esporádica, si, por ejemplo, el Alzheimer afecta a la conciencia o sólo a la autoconciencia y el enfermo continúa siendo sí mismo o no, o si todo es un error de creer que existe un sí mismo idéntico a uno mismo. De nuevo, uf. No sea que seamos unos inconscientes al formular según qué preguntas, o que seamos simples eventos que piensan que ellos “son” sin serlo, y que resulte que, al final, no somos nada. No resulte que usted no sea nada, ni “ser” ni “no ser” (que, al menos, ya es algo). Sin embargo, usted sí sabe algo: que no es yo, el incordio aquí presente, y esto es una suerte, se lo juro, mientras usted sea consciente de ello.

<<La multitud de ti, la fuga de tus horas>>. Eliseo Diego.

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