Afortunadamente acaba de finalizar una miserable semana en noticias políticas y judiciales en lo que a corrupción se refiere. Las tramas Gürtel o Lezo forman parte ya del vocabulario de cualquier españolit@ de a pie, el mismo que puede estar integrado en ese 36 por ciento de ciudadanos de nuestro país que no ha leído un libro en todo el año pasado, pero que podría perfectamente definir los casos más rocambolescos e infames de la mafia española de la que forman parte algunos de nuestros representantes institucionales.

Tras su tercera noche en prisión, Ignacio González, el expresidente, exsecretario de Estado, expresidente del PP en Madrid y otros muchos ex de lo popular, sigue sin arrastrar a su jefa de filas y madre política a la dimisión definitiva. Esperanza Aguirre reta así a su partido, sin dimitir, aunque el PP confía en que lo haga antes del pleno municipal de mañana martes, donde la alcaldesa Manuela Carmena y su equipo volverán a pedirle que deje su cargo como líder municipal en la oposición.

Y mientras, lo que podría ser en un país normal y corriente, en España no se producirá la caída del Gobierno por tantos casos de corrupción que salpican cada vez más cerca al propio presidente. Por el contrario, casi con toda seguridad, los próximos datos del CIS volverán a indicar que el PP sigue siendo el partido con mejor intención de voto para los ciudadanos.

Y lo que también sería normal en cualquier otro Estado del mundo, que la oposición aprovechara la coyuntura para dar la vuelta a la tortilla, en España el PSOE se despelleja vivo en una guerra cainista donde tres candidatos –especialmente dos de ellos, Susana Díaz y Pedro Sánchez, están dispuestos a lo que sea para ganar unas Primarias que les convierta en líderes socialistas, pero no en alternativa real de Gobierno. Porque gane quien gane este duelo a tres, con también en escena Patxi López, lo tendrá muy difícil, por no decir imposible, para formar gobierno.

Y mientras tenemos un país del revés, nace la estrella de la política Cristina Cifuentes, que se muestra como salvadora, no sólo de Madrid, sino de toda una nación. Porque todo parece indicar en los medios conservadores –lo mismo en información, que opinión, que en tertulias que en comentarios de pasillo- y por las propias declaraciones de la presidenta de la Comunidad de Madrid, que fue ella y sólo ella quien ha puesto en bandeja al juez y a la Fiscalía el sabotaje de los suyos durante más de una década en el Canal de Isabel II.

Y que no digo que Cifuentes no haya colaborado con la Justicia. ¡Dios me libre!. Pero hay que tener poca memoria para no recordar de dónde vienen estos lodos de la corrupción y desde cuando periodistas y medios llevan destapando posibles y presuntas corruptelas del tal González ante un PP cerrado en banda.

Por eso, mientras España se despierta dispuesta a darle hasta el Premio de Eurovisión a Cifuentes –porque esta vez nadie conoce la canción ni al intérprete que nos representará en tamaño festival- por haber luchado sin despeinarse contra la corrupción, una –que siempre va contracorriente- celebra la nueva estrella de la literatura que brillará con un poco de suerte en la mismísima, clásica, decadente, rancia y machista, Real Academia de la Lengua: Rosa Montero.

Si esta feminista y escritora, como ya os contaba en Diario16, consigue los apoyos suficientes para ocupar la letra M del sillón de dicha institución, Rosa Montero entrará en la historia como la primera feminista en ocupar su espacio en tan Real entidad. Y ahí nacerá una estrella de las de verdad. Brindo por ello. ¡Suerte Rosa!

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