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Ha llegado la hora de que Pedro Sánchez meta en cintura a Ayuso y demás insumisos

El presidente sopesa aplicar el artículo 155 de la Constitución si Madrid se rebela contra el plan energético del Gobierno

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análisis

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Isabel Díaz Ayuso se niega a aplicar el plan de ahorro energético del Gobierno de coalición porque convierte a Madrid en una ciudad oscura, pobre y triste. El alcalde de Vigo, Abel Caballero, desafía al presidente y anuncia que colgará su famoso alumbrado navideño sí o sí, como cada año. Y la última en subirse al carro de los rebeldes es la comunidad autónoma de Euskadi, que considera el decreto de Moncloa más efectista que efectivo, de modo que anuncia su propio programa para ahorrar gas, luz y agua. A este paso, si Pedro Sánchez no se pone en su sitio ya, van a tomarlo todos por el pito del sereno. Y así nunca llegará a ser presidente de la Unión Europea, tal como pretende. Un líder político ninguneado cuyas leyes son utilizadas como papel higiénico en medio país proyecta una imagen de blandengue, de pusilánime, de bonachón sin autoridad y blanco fácil del pitorreo general. Si ese gallinero español llega a oídos de Ursula von der Leyen, si la principal valedora de Sánchez en Bruselas se entera de aquí ni Dios respeta la ley, concluirá que este no es el hombre fuerte que necesita Europa para los tiempos difíciles que se avecinan, para enfrentarse al matón Putin, para sacar los dientes ante Rusia y pilotar los mandos de la construcción europea en la época más negra y tenebrosa que se recuerda desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El premier socialista no puede permitirlo, tiene que reaccionar y tiene que hacerlo de inmediato.

El dirigente del PSOE debe tomar buena nota de lo que ocurrió durante la pandemia. Tras constatarse que el coronavirus se propagaba exponencialmente y a una velocidad de vértigo por todo el país, el Gobierno decretó el estado de alarma en España. Hasta ahí llegó la brillante gestión del Ejecutivo central. Al poco tiempo delegó las competencias sanitarias en los Gobiernos regionales y la insumisa Díaz Ayuso se le subió a las barbas, sacando tajada electoral y dejando claro que Madrid era su territorio comanche, que allí mandaba ella, de tal modo que la capital de España no se cerraba a la actividad industrial. Aquella famosa “reunión de las banderas” en Puerta del Sol no sirvió para firmar la paz entre el Gobierno central y el autonómico madrileño sino más bien para lo contrario: Ayuso, con su arrogancia habitual, se pasó los acuerdos sanitarios por el forro de sus caprichos y para muchos madrileños quedó como la gran heroína y valedora de la libertad. Fue una vergonzosa claudicación que Sánchez pagó caro en las urnas con una victoria arrolladora de su principal adversaria política. Por si fuera poco, las sucesivas reuniones del Consejo Interterritorial para tomar medidas sobre la evolución de la pandemia a menudo acababan como el rosario de la aurora y con la sensación de que allí iban diecisiete gobernantes a mirarse con cara de póker sin saber cómo actuar ni qué hacer ante el virus letal. Diecisiete realidades sanitarias distintas, diecisiete marcos normativos diferentes que terminaron por volver locos a los españoles.

Finalmente, la opinión pública acabó preguntándose quién demonios estaba al mando de la mayor crisis de salud pública de la historia de este país. Unos se echaban el muerto a otros, la ceremonia de la confusión reinó por momentos, por no hablar del desastre en la gestión de la compra de material sanitario, un infame zoco o mercadillo ambulante, un caldo de cultivo perfecto para que pillos y aprovechados, comisionistas e intermediarios, dieran suculentos pelotazos, tal como se ha demostrado después. Mientras en algunas comunidades autónomas era obligatoria la mascarilla, en otras, solo recomendable. Mientras en unas zonas se imponía el cierre total de establecimientos y locales, en otras se relajaban las medidas de prevención. Y mientras en ciertos lugares había que llevar el pasaporte covid entre los dientes, bajo apercibimiento de sanciones, en otros se pasaba monumentalmente del famoso documento. Cada región hizo lo que consideró oportuno en cada instante, la coordinación territorial brilló por su ausencia y así se perdieron recursos, tiempo precioso y esfuerzos que hubiesen ayudado a salvar vidas y contagiados.

Nada de eso puede volver a ocurrir con este plan de ahorro energético que nos prepara para un crudo invierno sin gas a causa de los cortes de suministro del enloquecido Putin. El Gobierno no debe volver a manejarse con complejos o falsos cálculos electorales. Si Sánchez tiene que perder las próximas elecciones generales por lógico desgaste del poder (y por haberse visto sobrepasado por las circunstancias históricas y por todas las plagas de Egipto) que asuma su destino fatal, pero que muera con las botas puestas y tomando las decisiones más adecuadas para el país y el bien común. Que no le tiemble el pulso a la hora de aplicar el artículo 155 de la Constitución, si es preciso, contra esta plaga de politiquillos regionales rebeldes, reyezuelos intocables e insumisos con ínfulas que pretende hacer de su terruño su coto privado. España es supuestamente un Estado serio, moderno y avanzado donde rige el imperio de la ley, una ley que debe ser igual para todos y sin excepciones. Este país no puede convertirse, bajo ningún concepto, en un reino de taifas donde el cacique de turno imponga sus propios códigos legales, tal como hacía Roy Bean, aquel mítico juez de la horca del Far West que gobernaba según su santa voluntad y ahorcando por cualquier tontería al infeliz o forastero que tenía la mala suerte de dejarse caer al Oeste del río Pecos. Gobierne, señor Sánchez, que para eso le pagan los españoles. Dé un puñetazo encima de la mesa de una vez. Y pase a la historia como un estadista valiente, no como un hombre asustado por una niña pija y remilgada que, de tanto oír a palmeros y aduladores, ha terminado por creerse la reina de Saba.

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5 COMENTARIOS

  1. El rasgo fundamental del populismo, entendido como en general se presenta, del que el fascismo es su fundamental representante, consiste en la deformación de los anhelos populares, que pretenden representar, mediante una distorsión que sostiene la voluntad de dominación y explotación de los dominadores. Aquí lo que tenemos es un planteamiento de agitación del malestar ciudadano prometiendo “la nada” bajo el nombre de “la libertad”, “la alegría”, o, “la luz”, para sostener las condiciones de privilegio y diferencia entre los dominadores y los dominados.
    Esta exacerbación irracional de las condiciones de dificultad para agitar fantasmas que teóricamente se disolverán con el solo acceso al poder de un mundo que no propone nada tiene razón: los fantasmas son ellos y la dificultad para superar los problemas está en su radical resistencia al avance social mientras no sean ellos los que ocupen el poder, como creadores de un relato que no contiene la necesidad ciudadana.

  2. Sr Antequera, el monigote que tenemos de presimiente no va a hacer»ná»por la sencillísima razón de que su»decretito»redactado por el comité de expertos del gobierno(sic),va a ser declarado inconstitucional…otro mas, una vez mas, y van…
    A los rojeras no les entra en la cabeza lo de las libertades individuales y atropello de competencias, una y otra vez lo mismo, basan sus decretazos en prohibiciones y obligaciones e imposiciones ineludibles, porque yo yo digo….
    Y van ya….

  3. Antequera,

    ¿por qué no aplica Sánchez el 155 para hacer que los supremacistas catalanes cumplan la ley del 25% del castellano que sistemáticamente se niegan a acatar?

  4. Y esto nos lo cuentan los mismos que echan a sus propios presidentes de sus partidos porque ya no soportan esa propaganda vacía y sin programa de la descalificación y la demonización que tiene como fruto la batalla en la que salió el tal Casado, que tras asegurarnos lo mismo que nos aseguran de Feijóo, fue expulsado del partido por hacer en su interior, contra sus compañeros, lo mismo que hacia su antecesor con la oposición, los adversarios, y las instituciones del Estado, al fomentar unas cloacas en las que se tergiversara la realidad y construyese este relato-bazofia con el que nombrar algo distintito del pensamiento propio es motivo de exclusión.
    Resulta curioso que sea el mundo reaccionario, aquel que ha sostenido en segundo plano, de manera latente el pensamiento franquista que ahora emerge en Vox y Ayuso, la herencia de nacional-catolicismo, el que nos hable hoy, de libertades y derechos, como si fueran sus adalides y realmente creyeran en ellos.

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