La aplicación de la Guillotina a partir de 1789, durante la Revolución Francesa, fue propia del humanismo. Su difusor, que no inventor, el Doctor Joseph Guillotine, a quién debe su nombre, concibió este medio de ejecución como algo que evitaría sufrimientos, que proporcionaría una muerte rápida y con el menor dolor posible. Hay que tener presente que los métodos de ejecución para las clases populares conllevaban un sufrimiento terrible y prolongado: eran el descuartizamiento o el desmembramiento.

Por su parte, la decapitación por espada o hacha estaba reservada para la nobleza, y era un método mucho más rápido, pero que también conllevaba un sufrimiento terrible si el verdugo no era hábil y erraba el golpe o el reo movía involuntariamente la cabeza, proporcionando un espectáculo dantesco.

El método de ejecución difundido por el Doctor Guillotine, además de igualar a todos ante la muerte por ejecución, era rápido, seguro y lo menos cruento posible. El doctor, además, se oponía a la pena de muerte y buscó que las ejecuciones fueran privadas y no esos lamentables espectáculos multitudinarios que eran hasta 1789. Murió de muerte natural en 1814 y no en la guillotina como dice la leyenda.

            La guillotina ha ido asociada en el imaginario popular a la Revolución Francesa. Sin embargo, tal vez con su ayuda,  la Revolución sentó las bases del mundo contemporáneo. Constituyó el triunfo de los principios de la Ilustración, y por lo tanto de la Razón, y sentó las bases del constitucionalismo, de la separación de poderes, de la libertad e igualdad ante la Ley, y sobre todo del llamado Contrato Social, mediante el cual la Soberanía y el poder real pertenecía a los gobernados, que establecían ese Contrato  con unos gobernantes  que ejercían el poder en nombre y bajo supervisión de aquellos en los que residía en realidad la Soberanía.

            Bien, pues precisamente en estos días estamos asistiendo a la confirmación de que los principios de la Ilustración han pasado a mejor vida. Estamos viendo día sí y día también como se invoca para lograr la sumisión de la ciudadanía a unos principios de autoridad basados en “expertos”, expertos que no existen, y que desdeñan la Razón.

Estamos viendo como la separación de poderes se está demostrando una entelequia, como el Contrato Social rousseauniano se ha roto por parte de una élite, que a la manera de los privilegiados del Antiguo Régimen previo a 1789, desdeñan la vida, la libertad y la seguridad de los ciudadanos que en teoría ostentan la Soberanía pero que en la práctica se encuentran en una situación de sumisión e indefensión ante unos gobernantes versallescos. La salud, la vida, y el bienestar y seguridad de la ciudadanía no valen nada si contradicen los intereses de los Privilegiados. Y todo ello se da en mayor medida en nuestro país, en España. Aquí no se aplicó el invento del Doctor Guillotine. Así nos va.

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