Antonio Flores, enólogo de la bodega, junto a la colección En Rama ante la Puerta de Alcalá de Madrid.

Cuando en 1835 Manuel María González Ángel decidió crear su bodega, buscó consejo en su tío materno, José Ángel: el tío Pepe. Este aceptó asesorarle y solo pidió a cambio una pequeña bodega en la que poder tener su propio vino y organizar tertulias con sus amigos. Esa bodega, las más fresca de todo el complejo de González Byass y de la que salió el primer vino fino de Jerez, Tío Pepe, en 1944, permanece hoy exactamente igual que entonces.

“Tío Pepe en Rama permite probar el fino en estado puro, de la bota a la botella, pasado apenas por un colador”

Sobre ella hay un domicilio que tradicionalmente se entregaba al director técnico de la compañía, y allí, en el dormitorio cuyo balcón se asoma sobre el portón de la bodega, nació Antonio Flores, el enólogo de la casa durante las últimas décadas. Como él explica, por sus venas no corre sangre, sino Tío Pepe, y tal vez por eso es capaz de obrar maravillas con ese vino como el Tío Pepe en Rama.

Con apenas 18.000 botellas para todo el mundo, Tío Pepe en Rama, que en 2019 celebra su décima edición, permite a los consumidores probar el fino en estado puro, de la bota a la botella, pasado apenas por un colador. El primer año que lo lanzaron, la Wine Society de Londres vendió la partida completa en tan solo 48 horas. “Tío Pepe en Rama, el Tío Pepe que se mastica”, comentó un crítico británico. “Yo lo llamo Tío Pepe salvaje. Y eso hemos pusimos en la contra de la botella. ¿Qué vas a poner, el extracto seco y los polifenoles? ¡Nadie compra por eso!”, explica Flores, un hombre apasionado por el vino de Jerez, que es estarlo por la vida. Así que en lugar de datos técnicos, la leyenda del Tío Pepe en Rama reza: “Hemos embotellado para ti la fuerza de nuestra tierra, el silencio de la bodega, el sol la sal, la lluvia y el viento. Tío Pepe en Rama, vivo y salvaje”.

Venencia y tiza en mano, Antonio Flores ha recorrido la Bodega de La Constancia, con la calma y el silencio que impone esa catedral del vino de Jerez, para elegir personalmente las mejores 67 botas de las que habría de salir el nuevo Tío Pepe en Rama 2019. En palabras del maestro, se trata de botas que reflejan “el terroir de Macharnudo y Carrascal de manera intensa y elegante, y que han conservado un velo de flor contundente y grueso, otorgándole todo el carácter y estilo de Tío Pepe”.

El proceso de selección se lleva a cabo siempre en primavera, cuando el velo de flor –‘Florita’, lo llama este enólogo- ha alcanzado su esplendor. Como explican desde la propia bodega, es en esta estación “cuando la vida, la luz y la alegría toman el núcleo fundacional de la Bodega de La Constancia. Es el momento en el que Antonio Flores selecciona aquellas botas que destacan por sus singulares características organolépticas. El instante en el que la nueva saca de este Fino en Rama, que no ha sido sometido a los procesos habituales de clarificación y filtración, ve la luz”.

También apuntan en la nota de prensa que en su décima edición, Tío Pepe en Rama “homenaje a la #GenteEnRama, a los que fueron, son y serán miembros de esta gran familia de vinos que, cada primavera, presenta este Tío Pepe salvaje. #GenteEnRama que busca lo auténtico, la vida sin filtros, la pureza”.

Debido a la presencia en suspensión de ‘Florita’, el color de Tío Pepe en Rama 2019 es de un oro pálido opalescente. Resulta intenso en nariz, con recuerdos de panadería y cítricos, y tanto en nariz como en boca está presente esa poderosa salinidad que nos transporta al mar y el sol gaditanos. La temperatura es fundamental, debe servirse frío y disfrutarse antes de que pierda esa cualidad. Y por supuesto, una joya de estas características se merece la copa del cristal más fino que tengamos a mano. “La vida decantada en una copa, eso es Jerez”, proclama Antonio Flores. Así que elijamos esa copa como se merece.

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