El “Gobierno Profundo” de EEUU, que no es monolítico, es el que está detrás del que opera en la superficie con el rostro de la Administración Trump.

Ahora ese poder subterráneo -aun con sus divisiones internas y sus diversos enclaves en competencia- ha logrado coherenciar aspectos fundamentales de la política exterior de esa súper-potencia, luego de ciertas remociones administrativas, incluyendo directrices específicas hacia la República Dominicana.

La crisis del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) –“corporación política-económica” mafiosa que administra el Gobierno y articula una dictadura institucionalizada bajo el control del Presidente de la República y su Comité Político- tiene que ver con la decadencia en picada de una de sus “compañías por acciones” (la facción que dirige el ex-presidente Leonel Fernández) y con el inicio de la declinación de la que actualmente responde al presidente Danilo Medina, asociado a importantes componentes de la clase dominante.

Ambas facciones, la pele-leonelista y la pele-danilista, están acremente enfrentadas por sus respectivas preeminencias en el seno del poder constituido, que se traduce en ambos casos en acumulación de riquezas vía corrupción galopante, autoritarismo e impunidad.

La primera quiere volver a gobernar, pasando por alto su enorme descrédito y su gran tasa de rechazo; y la segunda quiere quedarse, pese a las fuertes señales de su declive y el inmenso repudio que concita su espurio y empecinado afán reeleccionista.

CARACTERISTICAS DE LA FACCIÓN GOBERNANTE

La “vanguardia estatal y corporativa” que encabeza el Presidente Medina es una mezcolanza partidista, burocrática, empresarial, militar, policial… con un componente de tecnocracia pro-capitalista procedente de “sociedad civil”.

En su seno los hay políticos profesionales, partiditos satélites, políticos metidos a empresarios, empresarios como tales, empresarios metidos a políticos, jefes militares-policiales enriquecidos y tecnócratas a su servicio. La mayoría más o menos corruptos, los jefes generalmente híper-corruptos, pocos de ellos honestos y casi todos amantes del poder o de las principalías que emanan de él, plegados esencialmente al poder supranacional.

Esa composición dirigencial cuenta con una gran clientela parasitaria. Su fuerte es controlar o tutelar desde la Presidencia y el Comité Político una gran porción del PLD, no pocos partiditos del sistema y casi todas las instituciones; y desde ahí manejan el presupuesto nacional, importantes recursos naturales, negocios del Estado, inversiones públicas, conexiones con el capital privado y vínculos comerciales normales o espurios… con una gran discrecionalidad y como patrimonio propio.

Así crean nuevos ricos al servicio de sus cúpulas, empresas conexas a entidades estatales, empresas favoritas, fortunas particulares, lumpen capitalismo y fondos e ingresos al servicio de su continuidad en la cúpula del poder; mientras administran y gestionan el sistema institucional, imprimiéndole características de dictadura constitucional.

El precursor moderno de ese modelo, en el que el neoliberalismo se combina con ese tipo de mecanismo corruptor, fue Leonel Fernández, cuya gestión entró en decadencia en 2011-2012; lo que indica que la continuidad de quienes hoy mandan tiene necesariamente tiempo límite y parece no muy lejano; aunque ciertamente la institucionalidad que usurpan podría prolongarse y ser ocupada por fuerzas parecidas, ya del partido oficial o de las derechas opositoras.

En ese tenor aparecen ya las primera señales de su declive: alta impopularidad, serias dificultades provocadas al interior del partido y Estado por la acción vengativa de la facción decadente de Leonel Fernández y la emergencia relativa de la vice-presidenta Margarita Cedeño, fuertes dudas a nivel empresarial y eclesial sobre la conveniencia y viabilidad de su reelección, auge delincuencial, notas contrarias a la reelección del Gobierno estadounidense y de su embajada en el país, valoraciones en áreas de su propia cúpula y la del sistema colonizado de que apretar la roca continuista-presidencialista puede romper el tornillo y, para colmo, el inicio de la disidencia en una parte de su gabinete detentada por la facción tecnocrática-sociedad civil, entre las que gravitan importantes figuras todavía silentes, que de destaparse, empeorarían un cuadro ya de por sí precario y deteriorado.

OBJECIONES IMPERIALES DENTRO DE PREFERENCIAS RELATIVAS

Ahora bien, dadas las características dictatoriales de los regímenes impuestos por la contraofensiva estadounidense en esta región (dicta-blandas), no es difícil deducir que la corporación política-económica que encarna el PLD sigue siendo la más adecuada a esos propósitos estadounidenses; más aun después de su alineamiento con el Grupo de Lima, formula Guaidó y Gobierno de Trump-.

Eso no quiere decir que prefieran a una de las dos facciones enfrentadas, sino a la corporación PLD como tal; y no porque la oposición, hegemonizada por el Partido Revolucionario Moderno (PRM), no sea dócil, que lo es, sino porque carece de ese poder y porque la maquinaria que exhibe y despliega el partido que hoy controla el Estado le ofrece más garantías en cuanto a control absoluto de todas las instituciones, sobre todo si se logra un nuevo pacto interno que lo recicle y reunifique, concomitantemente con una mayor intervención estadounidense.

En ese orden la cúpula imperial sabe apreciar que Leonel está bloqueado a nivel interno por la facción contraria, tiene menos posibilidades de imponerse hacia fuera y genera más riesgos de inestabilidad al no controlar la maquinaria estatal; y, por eso, se la ponen cada vez más difícil, aupando acusaciones de narco-corrupción, manipulando bocinas como Jaime Bayly y desplegando champañas internacionales de descredito.

Al mismo tiempo presionan al Presidente Danilo Medina para que desista en favor de una tercera opción dentro del PLD, mediante un pacto interno que amarre a Leonel o que, en caso que opte por imponerse, profundice previamente el camino de las concesiones a EEUU, ya iniciado con su viraje en el tema venezolano y latino-caribeño, con las periódicas operaciones del Comando Sur en territorio dominicano, el inicio del desmantelamiento de las aéreas protegidas para facilitar el saqueo minero y el incremento de la tutela del FBI sobre la PN, de la DEA en la DNCD y la CIA en la DNI.

En esa tesitura de facilitar el incremento del coloniaje están los principales precandidatos del partido de gobierno y del abanico opositor.

La tercera opción pactada, que podría detener una eventual ruptura del PLD a cargo de Leonel Fernández, parece apuntar en dirección a Margarita Cedeño, que sería más de los mismo con otro rostro no tan desgastado, lo que temporalmente le quita presión a la olla y preservaría esta dictadura constitucional aun mas re-colonizada a consecuencia de más intervención político-militar.

Es difícil todavía hacer vaticinios categóricos sobre desenlaces posibles.

Las presiones no cesan.

Las resistencias tampoco.

Las primeras ayudadas por tres factores recientes: la campaña internacional sobre la inseguridad del país basada en hechos culposos y no culposos, el impacto demoledor del atentado contra la estrella del beisbol David Ortiz y el inicio de la disidencia anti-reeleccionista de la facción tecnocrática-sociedad civil del gabinete presidencial.

Las segundas apoyadas en una maquinaria poderosa que no ha sido desmontada y que procura imponerse contra vientos y mareas, pudiendo provocar en tiempo no muy lejano situaciones explosivas como las que se despliegan actualmente en Honduras y en Haití.

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