No, no es un juego de palabras con el color político que se les supone a los desesperados del pacto del abrazo.

Y no, tampoco tiene nada que ver con que, a la hora en que escribo, el Ibex 35 haya perdido casi tres puntos desde la hora del acuerdo firmado para pedir perdón al electorado por el 10N, mientras el CAC 40 y el DAX 30 se mantienen, y la Bolsa de Milán hasta se permite subir un punto y medio.

España cotiza en rojo porque a los cinco inversores que presumen de arriesgarse no les ha dado la gana ponerse de acuerdo en el valor de lo que tienen entre manos.

No les da la gana, aunque el lunes día 11 hayan visto salir huyendo con su perrito a uno de los cinco, quizás el más presumido.

Y no les ha dado la gana, sobre todo, porque no están dispuestos a deshacerse de un pasivo que, si lo liquidaran, podrían evitar la salida de unos accionistas mucho más importantes, que vienen advirtiendo hace tiempo que quieren retirarse de este mercado, y están pidiendo firmar un contrato.

Como no tenemos tiempo para juegos ni adivinanzas es mejor reconocer que usted ya sabe que el accionista que quiere vender su parte del capital se llama Catalunya, y que el pasivo que no quieren saldar los cinco socios cobardes se llama Monarquía.

Es tanto el miedo que provoca gobernar España que incluso una sola sentencia de la Justicia europea que avalara las demandas de los líderes republicanos condenados o perseguidos fuera suficiente para romper el maleficio que nos está arruinando.

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Nacido 1951, Madrid. Casado. Dos hijos y tres nietos. Cursando el antiguo Preu, asesinato de Enrique Ruano y la canción de Maria del Mar Bonet. Ciencias Políticas. Cárcel y todo eso, 1970-71. Licenciado en 1973 y de la mili en 1975. Director comercial empresa privada industrial hasta de 1975 a 1979. Traslado a Mallorca. de 1980 a 1996 gerente y finanzas en CC.OO. de Baleares. De 1996 hasta 2016, gerente empresa propia de informática educativa: pipoclub.com Actualmente jubilado pero implicado, escribiendo desde verano de 2015.

1 Comentario

  1. Ciertamente nos queremos marchar. El camino será costoso pero tendremos una posibilidad de futuro.Permanecer aquí es hundirnos más en el fango y, hundir nuestros hijos, con el sobre peso de unos varones subnormales o muy indeseables. Creo que el franquismo no se acabara mientra los «uniformes se impongan por encima de las conciencias».

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