El mundo ha cambiado y ya no volverá el que un día conocimos, no retornará así el viejo orden mundial, ese que con encaje no perfecto, pero conocido, nos hacía transitar por la vida – profesional, empresarial, social o cotidiana – con la certidumbre de quien siente que tiene el control de una realidad estudiada  y  analizada a partir de la propia experiencia  y la capacitación de los años de trasiego por el caminar de la vida. Por el contrario, hoy, nos enfrentamos a una aceleración de los procesos de transformación del marco de relaciones humanas en este pequeño planeta llamado tierra, un hecho acelerado más si cabe con la aparición del Covid19 en nuestras vidas. De nuevo, como cíclicamente ocurre cuando se inician los cambios, las revoluciones o las grandes transformaciones , las cartas se vuelven a repartir en la baraja global de nuestro presente pero sobre todo de nuestro futuro, ese a cuyos retos y desafíos hoy nos enfrentamos sin hoja de ruta o mapa que lo transite con la certeza del éxito.  La humanidad, se  encuentra así hoy, ante el vértigo de la importancia de las decisiones del presente, esas que marcaran a buen seguro el ser o no ser de las generaciones que nos precedan en la configuración al menos de todo el Siglo XXI.

No por menos, hoy vivimos en una tormenta perfecta de profundas transformaciones que afectaran en gran medida a la humanidad en sus diferentes órdenes. Así, si hablamos de Geopolítica, el liderazgo mundial ostentado por los EEUU hoy observamos cómo se resquebraja por la propia dejación de funciones de una administración, la de Donald Trump, que ha preferido abandonar el multilateralismo de su política exterior a favor de una casi autarquía nacionalista  a favor de un modelo norteamericano cerrado en sí mismo con respecto a su política internacional.  Las consecuencias, claras, la eclosión de Rusia y sobretodo China como los nuevos líderes del tablero mundial de la economía y la política internacional en un proceso de influencia que de lejos podría depararnos en el futuro un tensionamiento del tablero mundial, con consecuencias y riesgos aún por definir pero ciertamente preocupantes. No podemos, dejar de señalar de esta forma, el posicionamiento claro de estas dos potencias con su influencia clara en  regiones como África o Latinoamérica e incluso en el caso de Rusia en una Europa del Este que cada vez más siente el aliento y los deseos expansionistas del viejo imperio soviético, aún cuando para ello sea tarea necesaria el debilitamiento de una Europa abandonada a su suerte por su antaño socio estratégico de los Estados Unidos.  

Y es que, en este escenario complejo de relaciones triangulares por el poder del liderazgo global entre Rusia, EEUU y China,  parece que la única clave posible para cambiar el orden natural de las cosas en un escenario de conflicto económico, político y social , parte por la apuesta de una Europa que sirva de equilibro en alianza con continentes como el africano o regiones como la latinoamericana en esa apuesta por el multilateralismo y el reforzamiento de las organizaciones internacionales , que podrían retomar la senda del diálogo y el equilibro global hoy perdido más si cabe tras la crisis del Covid19, esa de la que la potencia asiática de China saldrá reforzada como el único país en crecimiento frente al resto del mundo.

Pero si los cambios en la geopolítica no fueran por sí pequeños, hoy vivimos además el cruce de otros grandes cambios o revoluciones que marcaran nuestra propia seña de identidad como humanidad y en algunos casos la forma en la que habitaremos la tierra. Por un lado, el cambio climático y el calentamiento global, ese cuya realidad ya insoslayable se presenta año tras año con la crudeza de una naturaleza transformadora que cada vez más pone contra las cuerdas al ser humano ( Sequías, incendios, inundaciones, aumento de temperaturas, enfermedades o procesos de zoonosis ) con cambios exponenciales que ponen en riesgo ya hoy la vida en grandes partes del planeta, zonas en las que en los próximos años la emigración climática y la pérdida de la biodiversidad será una constante ante la cual habrá que ver la respuesta de una humanidad a veces tan injusta e insolidaria.  Cambios profundos que convergerán además en un mundo en el que la cuarta revolución industrial y tecnológica vendrá a generar cambios profundos en el marco laboral, profesional o de relaciones económicas.  Transformaciones, que podrán servir para la generación de una nueva sociedad del bienestar o por el contrario para acelerar las diferencias sociales y el decapamiento de una clases media y trabajadora ante el auge de los nuevos marcos de oportunidad productiva, esos en los que el capitalismo en caso de escasa moderación y equilibro, dejará de lado a quienes no sean capaces de entender el nuevo tiempo y el ciclo económico a cuya nacimiento ya hemos asistido.

En definitiva, nueva geopolítica, profundas transformaciones y grandes revoluciones sobre las que aún en todo caso podemos actuar para convertir el futuro es un espacio de oportunidad, progreso, equilibro y bienestar. Algo, que sólo será posible desde la alianza, la cooperación, el multilateralismo y la conciencia de entender que hoy nos toca como generación construir un nuevo mundo , ese que quedará definitivo en los próximos años a partir de las decisiones que hoy tomemos como sociedad.

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