Estoy escuchando, últimamente con mucha frecuencia, expresiones con tanta contundencia, que te dan que pensar que pueden llegar a tener un fundamento. Sin embargo, aunque parezca que surgen de gente poco cultivada, me molesta incluso que en muchas ocasiones no lo son.

Me estoy refiriendo a ese afán por deslegitimar la actuación de políticos o responsables públicos a lo largo de la pandemia. Qué duda cabe que se pueden equivocar en la toma de decisiones. Qué duda cabe que debe primar la libertad de expresión ( si bien, en este caso, habría que plantearse la manera de combatir los bulos y sus consecuencias). O, en definitiva, qué duda cabe que es legítima la diversidad de opiniones ante un mismo tema.

Pero, por el contrario, me parece una absoluta falta de respeto, además de ser falso, escuchar o leer afirmaciones como “ que todo se ha dejado para el último día”, en alusión, por ejemplo, a la preparación del  inicio del curso escolar. Me gustaría que aquellos que hacen esta referencia se molestasen en comprobar cómo la mayoría de nuestros políticos con responsabilidades en este ámbito se han pasado todo el verano trabajando, adaptándose a los cambios, modificando continuamente planes iniciales y sobre todo, no improvisando como dicen. Es por consiguiente, falsa esta pretensión de señalar con el dedo acusador cuando no se cumplen las expectativas que a todos nos gustaría que sucediesen.

“No se ha hecho nada” es otra de las frases que me causa estupor. Solamente hace falta mirar el repertorio de medidas, tanto nacionales, como regionales o locales, para comprobar cómo faltan a la verdad los que se pronuncian de este modo. Alcaldes, concejales, responsables públicos, políticos en general… se están dejando la piel.

Claro que es insuficiente. Claro que quedan muchas cosas por hacer. Claro que cambiarán las cosas con el tiempo. En efecto, como estamos comprobando, buena parte de la situación por la que atravesamos es imprevisible.

Además tenemos que ser conscientes de que hay muchas responsabilidades y no son todas públicas. Tomar decisiones no es fácil ( ya sé que les pagan por ello y que están en sus puestos por propia voluntad),  pero lo que es absolutamente certero, y esto no son generalidades, es que no se va deprisa y corriendo, como se quiere transmitir por los que viven en la crítica, si no que se actúa en función de las circunstancias cambiantes y del contexto. Pese a los errores, nos levantaremos.

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