Foto: Casamérica.

El periodista y poeta colombiano Gustavo Tatis Guerra mantuvo con su paisano y Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez una amistad inquebrantable y muy cercana durante décadas. De aquellos encuentros con el autor de Cien años de soledad y con su familia llega ahora La flor amarilla del prestidigitador (Navona), una aproximación humana al genio tras 30 años de entrevistas, encuentros y conversaciones.

Todo este tiempo juntos da para mucho, incluso para ver en uno de los grandes genio de las letras universales de todos los tiempos un convencido mediador de paz en un país que vivió en guerra décadas y décadas hasta ayer mismo, o también alguien que quiso escribir algo “grandioso” a la altura de la Biblia o el Quijote. Lo consiguió, muy pocos lo dudan hoy.

De anécdotas contadas de viva voz por el propio García Márquez tiene el arcón lleno Gustavo Tatis Guerra. Como esta de su infancia que deja la boca abierta de asombro: “Un día degollaron a un tipo que iba en un burro cerca a su casa, y el burro siguió llevando al degollado, y él salió a ver qué había dentro del muñón. Esa curiosidad por contar la vida nunca la perdió”. El periodista y el escritor siempre cogidos de la mano en un solo genio.

 

Estamos ante un libro sobre García Márquez que es mucho más que una biografía al uso. ¿Nos encontramos ante la obra escrita por un poeta, por un periodista o por un ensayista?

No es una biografía. Es un retrato del ser humano genial que era García Márquez, su vida  cotidiana en distintos momentos de su vida, en más de treinta años de observación, encuentros, entrevistas tanto a él como a su familia. Pero es el lenguaje de un reportero, de un periodista, cuya escritura aspira a que las palabras tengan la cadencia poética y musical, e incluso, de un tapiz lleno de colores. No quise hacer ensayos que es un género más racional, quise que la música de las palabras estuviera sometida al imperio de las emociones vividas.

“Todo lo que García Márquez contó o imaginó se puede señalar con el dedo”

 

De su amistad no sólo con el genio de las letras sino también con su familia, ¿qué aspecto más destacado subrayaría a grandes rasgos tanto de él como de su entorno humano?

Que la familia de García Márquez se parece tanto al paisaje humano y cotidiano que vivimos. Herederos de una prodigiosa tradición oral y una capacidad para contar historias. Todos en el Caribe heredamos del África esa virtud de contar y de amanecer hablando. Nos reunimos como en la familia de García Márquez para contar lo vivido, bebiendo café con tortas de casabe o bocadillos de guayaba.  Pero lo que más me asombra es que todo lo que García Márquez contó o imaginó se puede señalar con el dedo, porque es una verdad poderosa. Todo está en la realidad del Caribe, así vivimos y así pensamos, y eso supera cualquier ficción.

 

¿Quién fue realmente García Márquez, la persona más allá del personaje, del escritor?

Un prestidigitador de la realidad. Un mago no solo con las palabras, sino con sus intuiciones y clarividencias. Fue un hombre con una insaciable curiosidad por descifrar cada día ese misterio que es la realidad y conocer a fondo, como un buceador de aguas profundas, la condición humana, en el poder, la soledad, el amor y la gloria.  Más allá del escritor, una de sus facetas que comparto en este libro, es la del estratega de paz en una nación que ha vivido en guerra, pero su desvelo era también por la paz de América Latina y por supuesto, el mundo. Todo su poder lo consagró también a ser mediador de paz.

“Todos en el Caribe heredamos del África esa virtud de contar y de amanecer hablando”

 

Y del escritor autor de obras fundamentales de la literatura universal de todos los tiempos, ¿qué quedará por encima de todo para generaciones venideras?

Él lo supo al escribir Cien años de soledad, que estaba creando una novela que le sobreviviría, más de cien años de lecturas en todo el planeta. Y que sería una de las mejores novelas escritas en la historia de la literatura del mundo. Pero junto a ella, le sobrevivirán sus hermosos cuentos (La siesta del martes, El rastro de tu sangre en la nieve, La mujer que llegaba a las seis, El ahogado más hermoso del mundo, para citar pocos), y sus espléndidas novelas: El amor en los tiempos del cólera, El otoño del patriarca, El coronel no tiene quien le escriba, pero junto a su obra de ficción, El relato de un náufrago, que es una obra perfecta y maravillosa del periodismo, Cuando era feliz e indocumentado, sus Notas de Prensa, y también sus memorias de Vivir para contarla. García Márquez desde un principio quiso escribir algo grandioso y prodigioso  que compitiera en rigor y belleza con La Biblia, El Quijote, Las mil y una noches, etc.

 

Si tuviera que destacar una anécdota que pueda definir la trayectoria vital del “prestidigitador” de las letras en español,  ¿con cuál se quedaría?

Hay muchas que lo retratan, pero me sorprenden las que tienen que ver con su  infancia. Un día degollaron a un tipo que iba en un burro cerca a su casa, y el burro siguió llevando al degollado, y él salió a ver qué había dentro del muñón. Esa curiosidad por contar la vida nunca la perdió. Y cuando escribía Cien años de soledad, sufría de golondrinos que le ardían debajo de las axilas, y para quitarse ese ardor lo trasladó al coronel Aureliano Buendía. Gabo vivía a plenitud lo que contaba. Cuando mató a su coronel en la novela, se acostó junto a su mujer, lloroso e impactado, porque acababa de morir su coronel. Bueno, y la anécdota del día en que recibe la noticia del Nobel de Literatura, gritó: “¡Coño, se lo creyeron!”. Por supuesto, era él el primero en creer lo que había contado e imaginado, porque era exacto a la realidad vivida.

“El día en que recibe la noticia del Nobel de Literatura, gritó: ‘¡Coño, se lo creyeron!”

 

¿Por qué nunca jamás habrá otro escritor que mínimamente le pueda hacer sombra a García Márquez en toda la grandiosidad de su escritura?

Creo que cada escritor debe competir consigo mismo y no hay vida que alcance para hacer sombra a nadie. Y menos a un genio como García Márquez, un fenómeno que ocurre cada cien años, por lo menos, en la historia de la literatura. Pero cada escritor debe ir tras su paraíso o su infierno, si quiere ser honesto consigo mismo. Cada existencia es una novela por descifrar.

 

¿Realmente dejó tan alto el listón para generaciones venideras de escritores?

Dejó una gigantesca lección de sacrificio artístico y de desafío creador. Nos legó el  ejemplo de una disciplina espartana y una vocación voraz e implacable por la escritura, un arte que no acaba con la muerte.

 

¿Existe algún aspecto, anécdota o dato que ha debido callar sobre el famoso escritor para no desvirtuar su imagen universal o queda todo dicho en La flor amarilla del prestidigitador?

Ningún dato relevante. Siempre he sido prudente en esas tres vidas de las que hablaba García Márquez: la vida privada, la vida pública y la vida secreta. Un cronista no es un infidente de las luces o las sombras que hay en todo ser humano. En García Márquez, además de un genio, hay un extraordinario ser humano, un caballero integral, un ser generoso y amoroso.

 

La flor amarilla del prestidigitador
Gustavo Tatis Guerra
Navona
240 páginas
20 €

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