Recuerdo cuando los dirigentes de Podemos eran peligrosos. Todas las mañanas nos levantábamos con alguna sorpresa venezolana, el espíritu de Hugo Chávez nos izaba de nuestro lecho cual banderas armonizadas por pajaritos; los periódicos serios, comentaristas rigurosos como Inda o Marhuenda, (que da clases en una Universidad Española y lee mucho, se le nota el provecho) nos deleitaban a diario con un escándalo: un padre chisgarabís (porque en Podemos los perdularios eran los progenitores, ricas algunas, nobles otros e incluso tarjeteros a la “black”…), una traición idumarciana, hembras que daban el pecho en sacrosantas sedes de la democracia hispánica, amantes recalcitrantes de partidos distintos, machos alfa, desfalcos magníficos de cuatro o cinco euros (o más) vinculados a becas universitarias y otras grandes desgracias que habrían de traer el fin del Estado de Derecho a esta España de José María Aznar (¿quién fue Zapatero?).

Eran otros tiempos. Había elecciones, había una remota posibilidad de que, ante la injusta sensación de atropello de los pobres españoles pobres, conscientes, se decidiera votar una alternativa real al llamado entonces bipartidismo PPSOE. Contra Franco vivíamos mejor. Es verdad. Porque uno, un poco marxista aderezado con anarquismo liberal y de ascendencia epicureonietzscheana, pensaba que al fin España aunque fuera empujada por el fascismo evidente de los socialistas y populares, esa inversión de los valores en la que se llama libertad al interés del Estado, patria al interés del Estado, justicia al interés del Estado, igualdad al interés del Estado, respeto al interés del Estado, separación de Poderes al interés del Estado, pensaba yo que la ciudadanía media harta de este abuso de la fuerza y de una indignificación progresiva en todas sus condiciones de vida buscaría solución en esa alternativa, que tampoco es que ofreciera mucha esperanza pero menos daba una piedra. Y, dado lo visto…

Qué va. Ganó el PSOE, que apoyó a los suyos para que gobernaran. Y una vez que cogieron aire, después de volar cualquier atisbo de izquierda dentro o fuera de los partidos, volvió la paz. Porque ya hoy casi no se ataca a los dirigentes podemistas, la mayoría están desactivados. Y me llena de espanto y estupefacción ver cómo entre ellos se ofrecen cargos para 2019, por ejemplo Iglesias a Íñigo Errejón; y pienso que si para esa fecha, 8 años después del 15M, 5 años después de la Fundación de Podemos, ya estamos ofreciendo vacantes, quizá yo vote a algún grupo de freakies ultracatólicos de ésos de las vaginas y los penes porque ¿qué coño representan estos izquierdosos respecto de lo que parecían argumentar en los comienzos? Veo al Alcalde de Cádiz asumiendo el discurso de Teófila (la amada del Dios… de la Obra) lampando por construir barcos de guerra para ese país decapitador (pero respetado) amigo de nuestros monarcas, y ahora pienso en votar a cualquier politiquillo pragmático pactante con el socialismo, que siempre se puede hacer más desde dentro que desde fuera, dicen.

Y entonces dejo de leer a Naomi Klein y a Noam Chomsky, y paso de indignarme a lo Stéphane Hessel, porque me doy por vencido, y empiezo a tener paranoias fundamentadas sobre la analogía de los rollos entre la CIA y Felipe González o George Soros y Pablo Iglesias Turrión, y por ahí circulan “emails” que prueban su intervencionismo casi siempre “desinteresado”, el de Soros… Asco de vida. Qué nos queda… Pedro Sánchez para salvarnos de Susana Díaz. La desolación de la quimera que nos creímos. ¿La hoja de reclamaciones?

Circula por las redes una entrevista de Jorge Ramos a uno de los ideólogos trumpistas: el racista Jared Taylor. El tío se ampara en que no es nazi, simplemente reclama lo suyo, igual que la víctima puede reclamar vivir el verdugo puede proclamar su derecho a matar. He aquí el juego, a todo símbolo se le puede invertir su significado. ¿Cómo nos vamos a proteger de esta escoria?…

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