Siempre que no sean aparatosas y sí una reivindicación de los textos y de su lectura, me gustan las conmemoraciones literarias. Ahora estamos con Galdós y conviene ponerle en su sitio, porque es un titán de calibre inabarcable para la mayoría de los letraheridos. Galdós aprueba con diferencias sobresalientes la cátedra de la Literatura europea decimonónica, que ya de por sí es gigante.

Personalmente, ando sumergido en una idea: disolver nuestra historiografía literaria de los últimos ochenta años, indiscernible de la ideología dominante en el siglo XX español… casi nada. Porque las simplistas clasificaciones de profesor examinante sólo benefician a historiadores y filólogos que no necesitan ni las fuentes ni la lectura, muy español eso de enseñar literatura sin leer los libros ni atender a los autores.

La lectura atenta de Galdós en colación con la melopea académica es una muestra de esto que les digo, pocos autores han sido más vitriólicos con su realidad histórica; y su capacidad de análisis y voluntad de renovación de un país castigado por los monarquismos (varios en el XIX), una nobleza literalmente inútil y una Iglesia zafia, grotesca y avariciosa, deberían haberlo situado como uno de los mayores afluentes del río que se nos oculta: el de una España civilizada, culta, laica y equilibrada, alejada de los histrionismos tradicionalistas que han caracterizado y mantenido (beneficiando a una clase opulenta inactiva, rentista) a nuestra Iberia querida en un feudalismo permanente, más o menos remozado.

La obra de Galdós es política en un sentido puramente humanista: análisis, racionalidad y sentido común; no hace profesión de ningún partidismo explícito sino que antes de una propuesta de gestión triunfa como sustrato el planteamiento de la justicia y la evitación del daño, porque los damnificados y agraviados (en sus novelas) nunca son inocentes pero no por ello menos merecedores de una compensación. Jamás justifica nada como autor omnisciente (todos lo son), pero los hechos narrados los evidencian, uno por uno, cada uno en su complejidad. Se entiende que el reaccionarismo español lo tuviera por peligroso, hasta que consiguiera meter su cadáver en la horma del realismo… así incluso les resultaba atractivo, había perdido su veneno antiburgués, antinobiliario y antieclesiástico.

La actualidad de sus personajes y situaciones se mantiene más allá del tiempo; es verdad que tienen “rasgos” (concepto frecuentado por el canario), pero si no te gusta Mozart porque suena antiguo… en fin; cada instante tiene sus maneras. La credibilidad de un texto literario no tiene que ver ni con las tramas, ni con esos personajes ni con lo narrado. Cualquier límite en ese sentido excluiría buena parte de lo escrito; por estrafalaria que sea una historia, la clave es otra. Si el autor no aportara nada (estoy pensando en quienes niegan la existencia del “estilo”), la Literatura sería sólo mecánica retórica. Hay una forma de mirar, donde confluyen biografía, formación, neuras, estéticas, ideologías e Historia, y que constituye el horizonte narrativo de un escritor, una mirada personal que hace posible la lectura participativa del espectador más allá del coetáneo.

Construido ese horizonte literario, la verosimilitud o semejanza con lo real vale hasta para lo onírico. En en un buen escritor de cualquier época la cuestión de los géneros, las escuelas, las técnicas, los temas, el verso o la prosa, son siempre problemas a debatir y ésa es su grandeza. Cuando Galdós dice que con lo “real” no se juega: es de un simpleza insultante para tan grande autor llamarle “realista”, porque no se habla de “realidad” sino de la construcción textual.

La titánica y desbordante Fortunata y Jacinta, obra maestra universal, es facturada por un Deus Ex-Machina que lo sabe todo y aparenta no intervenir porque no manifiesta juicios ni deja hechos sin narrar… a cada cual su parca y sus hilos, pero (iterando la idea de que Literatura es lo que ocurre en tu cabeza después de haber leído) es imposible no tener un cuadro en tu procesador de lector en el que las decisiones o esos juicios brotan como en el mundo real: Fortunata no es una pobre víctima nunca, pero nos queda claro que elegir entre un chulo barato, la prostitución violenta o un demencial impotente y amargado no es precisamente territorio para el éxito o la felicidad. El “quid” no está en lo pormenorizado de la descripción, en la alegoría política que sin duda subyace, en la trama social con sus miserias y grandezas… Galdós no es realista por ello, en sus Episodios Nacionales está la vida hipostasiada de un país, el retrato de una sociedad que permite al lector aprender no cuáles son la soluciones o lo histórico (que también) sino a estar alerta ante las sinrazones denigrantes. En una reciente reelaboración de Trafalgar en la que aparece hasta Rocío Jurado (no consigo aventurar el motivo) lo que queda es una aventura, una relación de detalles militares y navales, y una exaltación de lo cojónicoespañol que en nada recuerda al episodio galdosiano. Literatura de consumo olvidable.

La verosimilitud es el horizonte del escritor. Eso le permite escribir con libertad, porque, lo siento, y es una opinión personal, no se es escritor por escribir novelas: se escriben novelas como salida a una determinada sensibilidad frente a la realidad (lo que no es menoscabo del oficio). Así, el inicio de Marianela y sus descripciones minerológicas podrían parecer el subrealismo delirante de un Bradbury; u olvídense de Dujardin (1888) o Schnitzler (1900), el monólogo interior aparece en Fortunata y Jacinta en 1886, especialmente en el capítulo «Insomnio», funesta manía de la filología espiritualista y escolástica que primero fabrica el concepto y después lo busca forzando a los textos para confirmar teorías; quizá deberíamos plantearnos una filología materialista e inductiva, más leer y dejar a los textos y a los autores hablar… nadie inventa nada.

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Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor funcionario de Enseñanza Secundaria, de Filosofía, hasta donde lo permitan los gobiernos actuales. Otras experiencias profesionales: -Director del Festival Internacional de Música Clásica Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). -Director de la Oficina y Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008 organizado por la Diputación Provincial de Huelva, las Consejerías de Cultura y Educación de la Junta de Andalucía, los Ministerios de Educación y Cultura del Gobierno de España y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales de España, entre 2005 y 2008. -Asesor musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). -Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Conferenciante recurrente en programas educativos del Centro Andaluz de las Letras de la Junta de Andalucía y del Ministerio de Educación y de Cultura del Gobierno de España. Como escritor he colaborado con la prensa escrita, antes en Cuadernos de la Campiña, Huelva Información y los diarios provinciales del Grupo Joly, y ahora en la web semanalmente con Diario16.com y mensualmente en la revista en papel Diario16, publicando varios cientos de artículos. He contribuido con textos críticos y de creación esporádicamente con una multitud de revistas literarias. Junto al Catedrático Francisco Javier Blasco Pascual, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes (49 tomos) para la editorial Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ (junto al profesor Javier Blasco, 2013) -Obra y edición en JRJ. El Poema Vivo (2017) Además he preparado la edición, selección y prólogo de la antología del poeta granadino Premio Nacional de las Letras Antonio Carvajal: -Alzar la vida en vuelo (2014 y 2019) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -La Gloria del Mundo (2017) -Libro de los silencios (2018) [XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA 2019] -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) -Las criaturas (Reedición 2019) -El mar de octubre (2020) También he publicado cuentos en diversas revistas físicas y virtuales y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012), y en 70 menos uno. Antología emocional de poetas andaluces (2016), coordinada por Antonio Enrique, entre otras. El jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 me ha distinguido con su Premio para Libro de los silencios. En el blog literario de Fernando Valls se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en las webs del Grupo Joly, de Diario16 y www.quenosenada.blogspot.com

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