Ya ha comenzado la temporada futbolística oficial. Fichajes. Expectativas. Pasión. Centenares de millones de personas estarán enganchados durante 10 meses al mayor espectáculo del mundo. ¿Es oro todo lo que reluce? ¿De dónde provienen parte de los aparatosos caudales financieros del deporte rey?

Es un secreto a voces que los principales mentores en la trastienda del fundamentalismo islámico son los países más ricos y de mayor desigualdad social del Golfo Pérsico, Arabia Saudí, Catar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos, que junto con las operaciones extraoficiales de la CIA forman el pilar financiero, inspirador y logístico del fenómeno terrorista a escala mundial, llámese Al Qaeda, ISIS o las siglas que ahora mismo se estarán gestando en algún gabinete selecto de ubicación indeterminada y dimensión global.

Palabra de Clinton

Abundan las noticias, los informes y las denuncias de organismos independientes y personalidades de muy distinto credo e ideología en este sentido pero rara vez merecen portadas en los principales medios de comunicación occidentales. Ya en 2012 la ex secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, manifestó sin rodeos durante una entrevista en Fox News la responsabilidad de su país en la creación de Al Qaeda, cuyos miembros fueron calificados de “luchadores por la libertad” por el ex presidente Ronald Reagan tras la invasión soviética de Afganistán. Incluso Osama bin Laden fue reclutado como espía por la CIA. Joe Biden, vicepresidente en la época de Obama, asimismo reconoció en 2015 en la Universidad de Harvard que la gestación de Daesh tuvo su origen en iniciativas del espionaje estadounidense con apoyo financiero, promoción y connivencia total de Turquía, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí. Existen documentos gráficos de reuniones del senador republicano y ex candidato a la Casa Blanca John Mc Cain con dirigentes yihadistas en Siria.

Michel Chossudovsky, prestigioso profesor canadiense, ha estudiado a fondo el fenómeno terrorista. Sus análisis al respecto son más que concluyentes: Daesh es obra de la CIA y los servicios de espionaje del Reino Unido (MI6), Israel (Mossad), Pakistán y Arabia Saudí. El profesor cuenta con datos que indican que hasta la OTAN y Turquía han contratado mercenarios yihadistas para realizar acciones encubiertas en la zona caliente de Oriente Medio. Otras de las medidas secretas encargadas a Daesh es la desestabilización de la región autónoma habitada por los uigures, de amplia mayoría musulmana y enclavada en China, con el propósito oficioso de provocar tensiones internas al gobierno de Pekín.

Los países árabes citados son aliados de largo recorrido, fuente de inyecciones económicas salvadoras para empresas en dificultades y espacio de negocios suculentos para las multinacionales de mayor envergadura global. En España, firmas cataríes representan el 10 por ciento del accionariado de Prisa (El País y la cadena SER) y de El Corte Ingles. Las inversiones tocan de lleno asimismo el fútbol a través de sus dos equipos franquicia: Qatar Airways financia al FC Barcelona con unos 30 millones de euros al año y Fly Emirates, de los Emiratos Árabes Unidos, al Real Madrid con una partida anual estimada en 40 millones de euros. Las cifras son indicativas porque todo se lleva con la menor transparencia posible y el sigilo más sospechoso. Así, lavan su imagen con posiciones financieras emblemáticas en marcas pujantes y de buena prensa radicadas en Occidente.

El fenómeno de la invasión de los jeques archimillonarios en el fútbol no es exclusivamente español. Sus tentáculos inversores alcanzan también a Inglaterra, Francia e Italia, e incluso se extienden a Australia, Canadá, Japón y EE.UU.

Amos cataríes dominan mayoritariamente el Manchester City y el París Saint Germain y patrocinadores de Emiratos Árabes Unidos dan aval económico al Milan, otrora de Berlusconi, y el Arsenal londinense, por solo mencionar a equipos de relumbrón internacional.

Y es que el fútbol mundial mueve ingentes cantidades de dinero y de espectadores hasta en los confines más remotos y depauperados del planeta. Se dice que un encuentro entre el Real Madrid y el Barcelona puede ser visto en directo a través de la pantalla del televisor por aproximadamente 200 millones de personas. No es extraño, entonces, que con estos mareantes números el capital de las dictaduras del Golfo Pérsico quiera entrar en el alma occidental mediante su entretenimiento favorito. De este modo, consiguen una propaganda sutil favorable a sus intereses estratégicos sin caer en contradicción alguna con el formato antidemocrático de sus regímenes políticos, neutralizando en gran medida la acusación que pesa contra ellos de financiar los movimientos yihadistas vinculados al terrorismo. Y, por supuesto, con el silencio y apoyo tácito de los mass media internacionales que hacen de voceros y testaferros indirectos de los intereses de las empresas de sus respectivos países con lucrativos contratos en el Golfo Pérsico. La madeja de colusiones no declaradas actúa como dique defensivo de los beneficios capitalistas.

Adentrémonos en el negocio futbolístico con cierto detalle. Los cinco campeonatos nacionales de mayor impacto económico ingresan por temporada unos 13.000 millones de euros. Son las competiciones de la Premier League de Inglaterra, la Bundesliga alemana, la Liga española, la Serie A de Italia y la Ligue 1 francesa. La facturación bruta de la Champions League, la Europa League y la Supercopa de Europa alcanza casi los 2.500 millones de euros, de los cuales la mitad se los reparten los conjuntos en liza. Añadamos a este cuadro de cifras estratosféricas que los 10 equipos más rentables del mundo, todos europeos, ingresan por diferentes vías de comercialización alrededor de 5.000 millones de euros al año, oscilando las ventas entre los cerca de 600 millones del Real Madrid y los más de 300 millones del Juventus. Forman igualmente parte de esta selecta crema balompédica el Barcelona, Manchester United, París Saint Germain,  Bayern Múnich, Manchester City, Arsenal, Chelsea y  Liverpool.

Huelga señalar que estas cantidades fabulosas y mágicas no son absolutas. Donde existe negocio desmedido hay deuda que se dispara. El fútbol español (Primera División y Segunda A) acumula una deuda total próxima a los 3.400 millones de euros (2.900 millones corresponden a clubes de Primera). Se debe a Hacienda 200 millones y 18 a la Seguridad Social. La deuda ha aumentado desde el año 2000 en un 250 por ciento.

Estas alegrías financieras son permitidas de facto porque el fútbol juega un importante papel como palanca de control social de las masas haciendo de parapeto o sumidero de la conflictividad social. En España y en todo el mundo, sobre todo en Europa y América del Sur. Actualmente no hay día que no se retransmita un partido por televisión, ya sea en abierto o por canales de pago: la presencia del balompié en la vida cotidiana es abrumadora, fomentándose una violencia visceral bajo vigilancia en los hinchas que desactiva la realidad cruda y ofrece a la vez un motivo a la gente menos politizada para olvidarse de la brega diaria y la precariedad existencial.

El fútbol juega al despiste: todos los años se producen casos espeluznantes de terrorismo urbano y escaramuzas de índole racista o xenófoba en las ciudades y estadios europeos. Es el barato precio a pagar por el sistema político, un coste muy asumible que rinde excelentes réditos sociales y económicos a muchos empresarios avispados o sin escrúpulos. Mientras que el enfrentamiento sea entre blancos y azulgranas o mediante disputas similares entre otros contendientes, la cosa no pasará a mayores: todo vale si el control social es efectivo. Que se pateen grupos de hooligans es un mal menor. De esta manera mantenemos entretenidas a las fuerzas policiales y a los aficionados en general. Todo sea por el espectáculo.

Esclavos que no marcan goles

Pero el fútbol va más allá de cada derbi o partido del siglo. Otra vez hemos de pararnos en Catar, país en el que se celebrará el Mundial durante 2022. Ya llevan años construyendo estadios e infraestructuras varias para el evento. Aunque el secretismo es máximo, diversas fuentes, entre otras Amnistía Internacional, denuncian que en sus obras han muerto hasta la fecha aproximadamente 1.500 trabajadores inmigrantes procedentes de Bangladesh, India y Nepal, mano de obra casi esclava y sin derechos laborales de ningún tipo. Mueren 40 cada mes, estimándose que al finalizar la magna obra hayan fallecido 4.000 trabajadores en total, un macabro cómputo estadístico que permite la desidia de la FIFA con la complicidad pasiva de sus principales patrocinadores, Adidas, Coca Cola y Mc Donal´s. El silencio informativo en Occidente, salvo noticias puntuales, resulta altamente elocuente.

El yihadismo se dice de mil formas diferentes. No solo en árabe,  musulmán extremista o ataviado con chilaba. El business no tiene colores predilectos ni éticas fijas ni religiones favoritas. El terrorismo asesina indiscriminadamente. Y el trabajo esclavo, también. Y todas las personas caídas son inocentes, por unos u otros motivos. Como dejara escrito Nietzsche en su libro Así habló Zaratustra, “todo está trabado, enamorado (…/…). Así como el placer está trabado al dolor y la muerte a la vida, cuando le digo sí a la vida, le digo sí a la muerte.” 

Decir no al terrorismo, alabando a las dictaduras del Golfo Pérsico al tiempo que hacemos pingües negocios con ellas es una incongruencia absoluta. Fútbol y terrorismo son anverso y reverso de un fenómeno complejo: cantamos goles y lloramos víctimas con dinero proveniente del mismo bolsillo. Tenemos que romper con el maleficio nietzscheano abriendo los ojos de par en par: vivir en la paradoja indefinidamente puede transformarnos en autómatas sin metas políticas ni objetivos colectivos, un absurdo moral de difícil salida. La resignación en la paradoja nos lleva a la contumacia ignorante.

Con el terrorista inmolado, encarcelado o abatido no se acabará nunca el terrorismo. Hay que ir más allá para encontrase con las auténticas causas que lo motivan y lo alientan: los intereses conjuntos de las elites árabes autoritarias con los emporios occidentales de la energía, las armas y el petróleo. De la injusticia, la desigualdad y el miedo beben los vientos las respuestas violentas y el fascismo. La mayoría de los negocios con el Golfo Pérsico están teñidos en sangre de explotación laboral, la misma sangre que se recoge en las ciudades europeas golpeadas por la irracionalidad terrorista. Eso sin mencionar las guerras in situ, sus millones de muertos civiles y las riadas descomunales de refugiados y desplazados a la deriva por medio mundo.

Hasta el fútbol está contaminado de dinero sucio; su poder no tiene límites. Ni ética universal que distinga entre euro limpio y euro malo. Detrás de cada gol hay más que un crack formidable: existe toda una secuencia compleja de itinerarios políticos e intereses económicos anudados entre sí para que nadie pueda a simple vista ver las relaciones oscuras que le dan sustento.

El yihadismo ejecutor viene a ser la flor con espinas que mata sin avisar, pero tras su ropaje siniestro de cotidianeidad estereotipada en las barbas de un asesino vulgar se esconden sus raíces nutricias: la financiación ilegítima y las violentas ideas que se expenden sigilosas  por diferentes cauces sociales y políticos. No hay esbirros alienados sin cumbres elitistas bañadas en tradiciones y preceptos religiosos, ni elite sagrada sin esbirros fanáticos dispuestos a conquistar el cielo prometido por la vía rápida: suicidarse por quimeras inalcanzables.

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