Foto: RFEF/FIFA

El machismo y la masculinización se presentan como los grandes perpetuadores de la desigualdad en el deporte. Esta discriminación se hace inevitablemente extensible al ámbito futbolístico, donde las jugadoras de fútbol de la Liga Iberdrola colgaron sus botas el mes pasado para luchar por un convenio colectivo interprofesional. A pesar del reciente desbloqueo de la huelga, las negociaciones con fecha límite para un acuerdo el 20 de diciembre, siguen trabajando sobre mínimos con la acogida del sueldo mínimo de 16.000 euros y la parcialidad del 75%, que se traduciría en 12.000 € brutos anuales.

“El deporte no puede ser un territorio exclusivamente de los hombres porque también nos pertenece a nosotras y queremos entrar como deportistas en igualdad de derechos”, advierte Mar Mas, presidenta de la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional. De esta manera, el sueño de ser futbolista para muchas mujeres se ve truncado por un camino repleto de estereotipos, de demostrar sin recibir nada a cambio y de falta de reconocimiento mediático-profesional, mientras señores con corbata negocian sus futuros con el único horizonte del dinero.

Estas profesionales del fútbol guardan entre sus botas historias de resiliencia y de lucha en su ímpetu por vivir -mientras disfrutan- de su auténtica vocación. “Ser mujer en el deporte y más dentro del fútbol empodera, ya que te agarras a tu sueño a cambio de una respuesta económica insuficiente y en el mayor de los casos, sin reconocimiento alguno por tu juego”, lamenta Sita Méndez. Esta ex jugadora, que llegó a debutar en la selección española y que actualmente se dedica a trabajar con la base en el FemiAstur, club que ella mismo fundó, sostiene que “la igualdad llegará sola cuando se le de a la mujer el sitio que le corresponde dentro del deporte”. Para ello, recuperar espacios que se han negado a la mujer históricamente resulta fundamental en la consecución de los derechos y en las políticas de igualdad, que vienen exigiéndose desde años atrás.

“No puede ser que dentro del tejido federativo las mujeres no lleguen ni al 14% y que no se hayan hecho políticas efectivas para que nos incorporemos al deporte de una manera competitiva, de base o social”, comenta Mas, que pone el acento en la falta de responsabilidad de los gobiernos alternos por “no haber dado un golpe en la mesa para el cumplimiento de la Ley de Igualdad, ni en las políticas federativas ni en las de contratación vinculadas al deporte o en una Ley del Deporte donde la mujer sea protagonista”.

El fútbol es un deporte que va ligado a las relaciones entre personas y que además atañe a la salud de un Estado y a la educación de una sociedad. “Son muy preocupantes las reacciones violentas de los niños cuando pierden partidos frente a las niñas” explica Sita, que apoya la idea de “fomentar el deporte mixto desde las bases para trabajar la igualdad y el respeto”. La entrenadora defiende una igualdad que no sólo se centre en el género sino también en el número, ya que “una niña en un equipo de niños no deja de ser algo excepcional y su adaptación no será la misma que si existiera un mayor equilibrio”.

Para la psicóloga deportiva Amalia Revuelta, “la desigualdad es notoria en la falta de confianza sobre las mujeres en puestos de dirección en el deporte”, a su juicio, “no es más que el reflejo de lo que tenemos en la sociedad”. Si bajamos al terreno de juego, Revuelta afirma encontrarse a “chicas muy resistentes con un compromiso y una tolerancia a la frustración enormes”. Este es un aspecto muy trabajado por la psicóloga en el fútbol femenino, ya que “la adaptación a una situación adversa te fortalece y acentúa la resiliencia”, explica. Dichas afirmaciones resultan paradójicas cuando hablamos de profesionalización y sueños ligados al deporte femenino, pues casi de forma intrínseca, van acompañados de términos como “resistencia, desigualdad o adversidad…”.

El fútbol es una profesión y como tal debería vivirse de ella. Una frase recurrente pero que pasa por alto uno de los mayores factores que impiden que las mujeres futbolistas puedan vivir de lo suyo: las cuotas de pantalla y las partidas presupuestarias. “La edición radiotelevisiva es una decisión política y se debería repartir al 50% los contenidos de deporte femenino y masculino”, comenta Mas. “Se debería dar cobertura mediática al fútbol femenino por méritos y no por escándalos”, señala Revuelta que valora “de escasos o insuficientes” los espacios en medios de comunicación donde se habla de deporte femenino y en los que participen mujeres. Por otro lado, la falta de referentes femeninos dentro del deporte es otro de los temas a pulir, pues como aclara Sita “las niñas saben quien es Messi pero no conocen a Vero Boquete”, y aquí se apela a la responsabilidad social de los medios de comunicación, “que deberían hablar de fútbol femenino no solo para tratar el tema del convenio”.

Con la mirada puesta en el 20 de diciembre de cara a un posible acuerdo, el apoyo por parte del sector masculino de este deporte es casi inexistente. Mientras ellas -jugadoras de Primera División- luchan por tener los mismos derechos que sus compañeros, con un sueldo a veces menor que el de un jugador de Segunda División B, ellos aparentemente ni siquiera se preocupan por la situación profesional y económica de sus compañeras. Mientras ellas cuelgan sus botas para tener derecho a vacaciones, conseguir un salario mínimo interprofesional o poder cobrar dignamente cuando están embarazadas o lesionadas, ellos reciben cantidades ingentes de dinero y firman contratos millonarios.

La conjunción de feminismo y deporte tiene un gran reto por delante, ya que puede convertirse en la herramienta perfecta para derribar las barreras del machismo desde abajo, pero también desde el reconocimiento a las mujeres deportistas a través de leyes efectivas y de igualdad, que pongan en el centro a la mujer. Así, cuando la mitad de los hombres que ocupan el espacio perteneciente a las mujeres en el deporte sean conscientes de la posición privilegiada de la que han sido beneficiarios durante años en detrimento de sus compañeras, competiremos de la mano.

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