La primera vez que ves a Fredi Bentanachs en persona te impone. Es alto, delgado, su melena y su chupa de cuero te recuerdan a Rosendo y su pasado te impide mirarle sin prejuicios.

No es la primera vez que hablo con alguien que ha pertenecido a una banda terrorista. Inevitablemente recuerdo el día en que conocí a Teo Uriarte, a quien me presentaron como miembro del PSOE, y que, durante la cena, acabó recordando cómo vivió el proceso de Burgos. Fue entonces cuando le pregunté por qué había estado en prisión y su respuesta me heló la sangre: “porque yo fui de la ETA”. Mis oídos se cerraron, se me hizo un nudo en el estómago y todos mis prejuicios salieron a pasear por aquella mesa que compartíamos. Tiempo después Teo me hizo llegar su biografía y así pude conocer mejor su historia. Teo no había matado a nadie. Fredi, tampoco. De todo aquello han pasado muchos años. Y en España, el principio de reinserción social, para estos casos, brilla por su ausencia. Porque para algunos, en política todo vale. Y el hecho de que personas como Bentanachs se hayan pasado la vida participando activamente en organizaciones políticas, democráticas y no violentas, parece no servir de nada a juzgar por la campaña de ataques que recibe continuamente desde la prensa española.

Y es que, en España, Fredi es “el terrorista de Terra Lliure”. Por mucho que haya cumplido su condena y sus “cuentas” con “la justicia” estén saldadas, pueden verse titulares a diario donde se le insulta, se le difama y se le acribilla. Sin embargo, quienes le conocen, nos cuentan que la figura de Bentanachs es relevante porque tiene influencia entre quienes podrían sentirse de algún modo atraídos por el uso de la violencia. Y a ellos, Fredi les explica su historia, sus vivencias y sobre todo, sus conclusiones.

Precisamente estos días un video suyo se ha hecho viral. Sus palabras de condena a la violencia, de defensa de la lucha pacífica y defensa de la cara descubierta han sido compartidas por muchísimas personas. En Cataluña, claro. Porque en España, el video ha sido cortado y algunas de sus frases se han sacado de contexto para que pareciera, precisamente lo contrario. A la cabeza de esta manipulación, en el ámbito político, Albert Rivera no ha querido desaprovechar el momento de utilizarlo.

Este padre de familia, casado y con dos hijas, escribe poesía, es actor y escritor de teatro (con obras publicadas) y llora cuando recuerda cómo vio morir asesinados a sus compañeros de juventud. Llora cuando habla de los presos políticos. Se emociona y se involucra en cada acción solidaria que hay. Y militando en sindicatos, organizaciones obreras, y políticas.

En esta entrevista cuenta cómo vivió su época más salvaje, cuando “era el niño mal de una familia bien” y lo hace con naturalidad, asumiendo sus aciertos y sus equivocaciones. Los que le conocen dicen que es “empático y solidario con las injusticias hacia los demás”. Lo que mejor podría definirle es que “es amigo de sus amigos, pero también de sus enemigos”. Esto es lo que dicen quienes saben de él, y comoquiera que en los demás periódicos nadie se lo va a contar, hemos decidido entrevistar a Fredi.

¿De dónde viene Fredi, cuales son tus raíces?

Nací en un entorno republicano y catalanista. Mi padre fue teniente de la república española y mi madre era hija de la burguesía catalana típica. La familia de mi padre era de Vic, campesinos, tenían una carnicería. Yo crecí en el entorno de una familia típica catalana; vivíamos cerca de la Plaza Sant Jaume de Barcelona, donde se encuentra el Ayuntamiento. La Segarra es mi pueblo, donde siempre vuelvo, porque allí están mis amigos, la montaña..

Desde pequeño vivía las discusiones políticas que había en mi casa, sobre todo sobre lo que ocurría entonces (Franquismo). Y bailaba sardanas, que es algo que para mí fue básico por el entorno y todo lo que aprendí allí.

Comencé a trabajar muy joven –en las agencias de aduanas de Barcelona– y yo mismo me pagué los estudios de bachiller. Fue entonces cuando inicié mi currículo sindicalista y político: con las Juventudes Revolucionarias de Cataluña. Después vendrían Los Obreros en Lucha participando en las primeras huelgas obreras que se producirían en Barcelona en ese contexto. Tiempo después, he mantenido mi militancia política colaborando en el Movimiento de Defensa de la Tierra.

 

¿Cuáles son tus primeros recuerdos como activista? ¿En qué ambiente te movías?

Acudía a las manifestaciones por la amnistía, y en aquella época, yo era joven, y aprendía de todo lo que sucedía, que era muy intenso. Y es importante comprender en qué contexto nos encontrábamos: España estaba en una dictadura que parecía no tener fin, aislados internacionalmente; y en Cataluña, la represión se vivía de una manera muy candente, sobre todo si vivías en un entorno catalanista, como era mi caso.

Fue en aquellos movimientos, a través del activismo, del sindicalismo, que comencé a conocer otras luchas internacionales.

En aquel momento se firma la Carta de Brest (una declaración conjunta firmada en febrero de 1974 por ETA, PSAN (P) y UPG en la que se comprometían al apoyo mutuo en sus respectivas luchas de liberación, al que posteriormente se unirían el Sinn Fein-IRA (Irlanda), UBD (Unión Democrática Bretona), organizaciones de Occitania, Gales y Córcega). Yo era un chaval. Mis amigos también lo eran. Íbamos a manifestaciones, nos informábamos, y en aquellos momentos viví cosas que me marcaron para siempre.

 

¿Cómo cuales?

Como fue la muerte de Gustavo Muñoz, cuando tenía tan solo 16 años. Ocurrió el 11 de septiembre de 1978. Era mi amigo y murió en mis brazos, por un disparo de la policía 

Aquello me partió por dentro. Ya nunca más volvería a ser el mismo.

 

Eso entiendo que te radicaliza…

Después de esto, me radicalicé un poco más, qué duda cabe.

Fue entonces cuando “los vascos” nos invitan a Euskadi y conocimos la organización armada. Era navidad, 1978.

 

¿Y os plantáis en Euskadi?

Así es. Unos chavales. ¡Eramos unos chavales! Griselda tenía 17, yo 21. Y nada más llegar, nos explican que atravesar esa puerta significaba que no había marcha atrás y que nuestro futuro tenía dos posibilidades: la muerte o la cárcel. Fue una clara advertencia y la recuerdo perfectamente: si nos queríamos marchar, podíamos hacerlo; pero si decidíamos quedarnos, asumíamos a lo que nos enfrentábamos. No hicimos mucho caso, la verdad, y decidimos seguir hacia delante.

 

Volvéis a Barcelona y comienzan los atentados

Sí. Acciones siempre enfocadas a causar daños patrimoniales de lugares muy determinados. Nosotros no queríamos muertos. Pero los tuvimos, pronto vi morir a otro de mis amigos.

Era 1979. El 26 de enero la policía acribilla a tiros a Martí Marcó (20 años), siendo el primer militante de Terra Lliure muerto a manos de las fuerzas de seguridad españolas. Pocos meses después, será Félix Goñi quien muera al estallarle el artefacto que estaba manejando. Fue entonces cuando desarticularon nuestro comando.

 

Y es cuando te detienen

Me estaban buscando, y me encontraron entrando en mi casa. Allí me detuvieron, me encarcelaron y me juzgaron. En principio nos pedían 14 años, 4 meses y dos días y al final quedó en 4 años 6 meses y 2 días de cumplimiento.

 

¿Qué hechos te imputaban?

 Pertenencia a banda armada y atraco.

 

¿Qué sucedió cuando te detuvieron?

Me detuvieron llegando a casa. Era policía secreta. A plena luz del día. Me llevaron a la comisaría de Vía Laietana, donde estuve durante siete días. Se me aplicaba la ley antiterrorista, por lo que fueron siete días de torturas permanentes (la bolsa, la bañera, la barra…). De allí me llevaron a La Modelo, donde estuve un año. Después, a Carabanchel, Osca, Guadalajara, Zaragoza, Lleida, otra vez a Carabanchel –que fue donde pasé el golpe de Estado de Tejero- y terminé cumpliendo condena en el penal de Segovia, que en aquel momento era especialmente duro.

 

La cárcel siempre es dura, pero aquélla no es como la de ahora. ¿Cómo se sobrevivía allí?

 Recuerdo especialmente los grupos de apoyo a mi familia y a mí. Me hacían llegar comida, ropa, libros. En ese grupo de amigos había gente de todo tipo, desde la derecha (muy de derechas), pasando por gente cristiana y católica, hasta gente de izquierdas. Entre ellos, había gente que estaba muy de acuerdo con lo que yo había hecho, y otros no, pero todos me ayudaron muchísimo por solidaridad, por humanidad y porque me conocían y teníamos amistad.

 

Has mencionado antes el 23F. Te pilló en Carabanchel. ¿Qué pasó allí dentro ese día?

Nos dijeron que nos despidiéramos de la familia, que escribiéramos una carta (la última) a nuestros padres, porque nos iban a fusilar esa misma noche a todos.

 

¿Qué queda después de todo aquello, cómo lo recuerdas?

 Mi paso por la prisión fue muy tétrico. Después de las torturas en Vía Laietana, llegué a la galería de castigo (la quinta) de La Modelo. Tras cuatro días de aislamiento absoluto, pasé al módulo de políticos de la segunda galería. En aquella época, los presos políticos teníamos reconocimiento y vivíamos en “taldes” (grupos). Hacíamos una comuna los presos independentistas, los grapo, y anarquistas. Las situaciones eran muy duras, y muy distintas a lo que son ahora. Los funcionarios y el régimen era muy extremo, era muy bestia.

En Carabanchel me pusieron en la comuna de ETA Militar (ya había político militar, el FRAP, grupos anarquistas diversos). El trato entre nosotros era bastante correcto. Cada grupo se dedicaba a hacer política, a debatir. Era la quinta galería, donde todos éramos presos políticos. La planta baja estaba destinada a presos peligrosos.

Las condiciones eran inhumanas, pero a los presos políticos nos respetaban bastante.

 

Y fue allí donde hiciste tu primera huelga de hambre…

 Sí, durante 15 días, por la extradición de Tomas Linaza Etxebarría ( Miterrand se negó a extraditarle). Fue durísimo, me quedé destrozado. Con la huelga de hambre que están haciendo ahora nuestros presos políticos recuerdo muy bien cómo viví aquellos días. Nadie puede imaginarse lo duro que es hasta que no lo vives. Y además, en ese contexto.

 

Todavía no se había dictado sentencia, estabas en prisión preventiva. ¿Qué pasó cuando se celebró el juicio?

Una vez que se celebró el juicio, se dictó sentencia, y me destinaron al penal de castigo de Segovia. Teníamos recuentos 14 veces al día (uno a la hora y media, más o menos), incluyendo las horas de la noche, lo que suponía que no podías dormir más de hora y media seguida. Una barbaridad. Y allí hice una huelga de hambre porque nos ponían con los presos comunes. Finalmente me ubicaron con los políticos.

 

¿Cuál era la diferencia respecto a los presos comunes? ¿Cómo pasaron los años en prisión?

Había reconocimiento de presos políticos, que te permitía estar mejor dentro de la terrible situación. Había tortura psicológica. Intentabas pasar la vida como podías: charlabas, y los que tenían carrera, estudios, los que sabíamos escribir ayudábamos a los presos comunes en sus escritos, sus cartas, sus recursos y reclamaciones. Porque las condiciones allí eran realmente duras. Durísimas.

 

Desde tu punto de vista, ¿cuál es tu análisis sobre el independentismo?

La cuestión del independentismo catalán no es una cosa nueva, aunque se haya modernizado. Viene de 1715, cuando se pone en marcha el decreto de nueva planta, y las tropas de Felipe V invaden Cataluña, Valencia, Mallorca y se produce la guerra de sucesión, que es el momento en que nos arrebatan las instituciones, persiguen nuestra cultura y nuestra lengua. En 1800 se producen varias guerras carlistas donde algunos tratan de recuperar los fueros perdidos, siendo el momento de un catalanismo más antropológico y no tan moderno. El catalanismo moderno podría ubicarse durante la primera república española –que pretendía ser federal y al final no fue nada- y a partir de aquí, de 1890 será cuando las colonias –Cuba y Filipias– declaran su independencia. Nacerá de nuevo el sentimiento independentista con más fuerza, la bandera estelada (que por cierto viene de cuba, de nuestros exiliados).

Durante todo el principio del siglo XX el independentismo está activo y ligado a las luchas sociales. Es cuando tiene lugar la llamada “semana trágica”, donde el anarquismo y el independentismo está ligados frente a la oligarquía catalana, que está mayoritariamente situada junto a la oligarquía española (pero no toda, porque hay una parte del nacionalismo catalán que ya se declara independentista en aquel momento). Se producen insurrecciones, como la de la bandera negra en 1922 contra el rey Alfonso XIII, que es cuando nace el Estado Catalán (partido político fundado por Macià), que era una copia del independentismo Irlandés. Después, durante la primera dictadura de Primo de Rivera el independentismo era fortísimo. Se produce la insurrección armada, que fracasa… hay juicios internacionales y la causa catalana toma fuera en el panorama político exterior.

 

Dicen que la historia se vuelve a repetir. ¿Vivimos momentos que recuerdan mucho a lo que ocurrió a principios del siglo XX?

Así es. En 1931 Macià proclama el Estado Catalán, rebajado por España… y en 1934 ganan las derechas y Lluis Companys declara el Estado Catalán en el bienio negro. Vuelve la represión, con muertos en las calles, y encarcelamiento.

En 1940 se crea el Frente Nacional de Cataluña, con la intención de tumbar el régimen de Franco. Y continuamos luchando con los “Maquis” hasta 1950. En los sesenta hay un grupo de jóvenes que se interesan por el proceso de Cuba y de Vietnam, y a partir de ahí yo vivo en primera persona el independentismo. La lucha por la independencia y la liberación viene de lejos, no de ahora. Y en mi caso, es una lucha en la que llevo toda mi vida. Evolucionando, claro está. Pero con los mismos ideales, con las mismas ideas, con la misma convicción.

 

Desde una perspectiva de la lucha armada, el contexto cambia. ¿Cómo has vivido, desde tu punto de vista, la evolución hacia la no violencia?

La convulsión social de la época hizo que desde 1979 hasta 1992 la lucha armada fuera distinta. Se comienza a plantear armisticio, la apuesta decidida por dejar las armas.

El contexto cambia, y además vamos acumulando muchos golpes, muchos muertos entre nuestras filas. A partir de 1992 llega la gran caída de Terra Illura, con las olimpiadas en Barcelona, donde meten a muchísima gente en la cárcel y otros se marchan al exilio. Fue un momento de muchísima represión, de torturas, de procesos que aún a día de hoy son desconocidos por gran parte de la sociedad.

Es entonces cuando vemos y comprobamos que en Europa algunas organizaciones habían triunfado con la democracia y había que saber aprovechar las oportunidades que se presentaban. Todo esto nos lleva a la convicción de que había que pasar de la lucha armada militar, a la lucha política (había algunos grupos que hacían violencia callejera, pero ya no era lucha armada). Esto fue así hasta el año 2000.

 

¿Qué ocurre en el 2000?

A partir del año 2000 la situación era tranquila. Iban bien las cosas y había un independentismo latente, un 15% de la población que denunciaba la democracia ficticia, el régimen del 78 pero la mayoría de la gente estaba con Convergencia. Eran el gran monstruo que lo tapaban todo desde una posición de centro derecha.

La gente tenía trabajo y estaba tranquila. Se veía la independencia como algo muy lejano, y se estaba bien con la autonomía. Era el Pujolismo del “pez a la cesta”. Pero no dura mucho. Porque España comienza a decir que no, Cataluña empieza a pagar más de lo que debía, comienzan a marcharse empresas y se genera una crisis económica en nuestro país. Impuestos, perscuciones y malestar comienzan a ser la constante.

 

Y en este clima se pacta la redacción de un nuevo estatuto para Cataluña.

 Se intenta pactar un nuevo estatuto y Madrid nos dice que no a todo. Y eso que lo que se pedía eran posiciones muy autonomistas. Pero los catalanes somos gente de trabajo continuo, de pactos, de palabra. Y la sociedad catalana se tomó muy en serio aquel proceso para intentar avanzar de alguna manera. Cumplimos por nuestra parte. Hicimos todo lo que nos exigían. Y el Estatuto pasó todos los pasos que la ley, esa que desde Madrid tanto se exige, requería.

Y después, vimos cómo nos tomaron el pelo. Una vez más, con todo lo que vino después de haber aprobado en referendo el Estatuto, la sociedad catalana fue humillada.

 

¿Supuso un punto de inflexión la sentencia del Estatuto? ¿Fue crucial para el aumento del independentismo?

A partir de la humillación y la dejadez con la que se ha comportado Madrid: la no infraestructura, la Renfe, la negativa a ampliar el estatuto, el sentimiento independentista comienza a subir hasta las cotas que tenemos ahora. Y no hay más razón que la persecución de la lengua catalana, el insulto continuo, la dejadez y en definitiva todo el menosprecio que venimos sufriendo. La crispación que venía de lejos, aumenta y todo explota. Esto se traduce en un aumento exponencial del apoyo al independentismo que desde ese momento no ha dejado de producirse.

 

Y tú, como independentista “de los de toda la vida”, ¿cómo vives todo este proceso, que de alguna manera te da la razón en tus convicciones?

Yo soy un independentista nato, no me considero español. Solamente me considero catalán, y defiendo un país ocupado por el estado español desde 1714. Creo que nos han robado las libertades y debemos recuperarlas. Los posicionamientos carpetovetónicos castellanos que se vienen imponiendo desde Madrid van a hacer imposible el entendimiento dentro del mismo Estado de las dos naciones (Castilla y Cataluña).

 

¿Qué propones?

Por todo lo que te comento, veo una buena manera llegar a un pacto económico: que se reconozca el referéndum del 1 de octubre de independencia de Cataluña, y nosotros reconoceremos al Reino de España como interlocutor.

Los catalanes nos comprometemos a ayudar a salir de la crisis económica que tienen, manteniendo las relaciones económicas a cambio de que nos dejen en paz, que nos dejen gestionarnos.

Cuando un matrimonio se rompe, no se quieren, forzarlo para seguir aprovechándose de cuestiones que nada tienen que ver con lo fundamental en una relación, es decir, el amor y el respeto, es absurdo y se llega a posiciones de odio, de todo lo contrario a lo que debería ser. Y yo me niego a odiar a nadie. Porque el nacionalismo catalán no tiene posiciones de odio, esas posiciones son del régimen nacionalista fascista español.

En la república catalana cabe todo el mundo: hable lo que hable, piense como piense y quiera lo que quiera. El problema no es ese. El problema es que nos dejen vivir nuestra vida en paz: culturalmente, artísticamente, tenemos conceptos de vida totalmente diferentes.

 

Pero hay quien considera que generar fronteras no es la manera más adecuada, gentes que supuestamente son de la izquierda en la que tú también te sitúas ideológicamente…

De la única manera que podemos querernos es aplicar la solidaridad internacional: el respeto mutuo de nuestros países. Es de la única manera que podremos convivir. Esto no va contra nadie. Va a favor de la democracia, de la libertad, de la soberanía popular. La diferencia en este planteamiento es clave para poder entender la fuerza de la lucha soberanista e independentista. Lo nuestro va de libertades y democracia, de la fuerza de la colectividad. Del reparto de la riqueza entre quienes la producen. De eso hablamos y eso queremos. Está demostrado que España no funciona bajo esos parámetros, más bien bajo todo lo contrario. Y si realmente es una democracia, deberíamos tener derecho a expresar y plantear opciones que consideramos más positivas, más beneficiosas para la sociedad, más sostenibles en cuanto al medio ambiente se refiere.

 

La movilización social en Cataluña es una pieza fundamental en esta lucha independentista. Y precisamente es el ámbito en el que siempre te has movido. ¿Qué conclusiones tienes de tu militancia a pie de calle?

Está demostrado que una república catalana independiente, según muchísimos informes de expertos en materia sociológica, antropológica, económica, sería una de las repúblicas más ricas de Europa. En muchos ámbitos, y no solamente en el económico, que es importante, pero lo es más en la medida en que tengamos en cuenta cómo se genera esa riqueza y de qué manera se reparte.

Cataluña es una pequeña nación, que con su población tiene muchísima gente de renombre, industrias exportadas por todo el mundo. La economía de Cataluña se mantiene firme, incluso en el momento del 155. No hemos parado nunca de trabajar y de tirar hacia delante. La clase trabajadora tiene muchísimo potencial, porque siempre lo ha tenido. El carácter más abierto de Cataluña con las cuestiones sociales son también reconocibles. Estamos a la cabeza en investigación. En cuestiones de feminismo, ecológicas es evidente nuestra apuesta. Como en la cooperación al desarrollo exterior. Una república catalana sería muy beneficiosa para la clase trabajadora, para el medio ambiente, para la memoria histórica. En definitiva, para cuestiones fundamentales que nutren la cohesión social, que mantienen la democracia viva, que es vital para que un sistema político avance y sea capaz de adaptarse a la realidad cambiante en la que nos encontramos.

 

¿Qué opinión te merecen las noticias sobre ti y sobre todo lo que se publica respecto al independentismo en los medios españoles?

Me sabe mal por la gente buena que hay en España, en Andalucía, en Castilla… que están siempre sometidos a la manipulación del Gobierno. A esas élites de poder no le importa nada, no tienen ningún obstáculo con tal de conseguir sus objetivos económicos, mantener su poder a costa de quien sea y de lo que sea. Incluso de cumplir las propias normas que ellos tanto dicen defender. Porque se han gastado todo el dinero que había que emplear en el bienestar de la población: en garantizarles una sanidad digna de una sociedad del Siglo XXI, en una educación de calidad, en unas infraestructuras a la altura de un país que bien podría estar muchísimo mejor de lo que está.

Las noticias que veo sobre mi (que me hacen llegar amigos escandalizados), son un reflejo más de eso: de la desinformación, de la manipulación constante y continua. Del “todo vale” con tal de machacar a quienes defendemos una manera distinta de ver las cosas. Y pretender vincularme con violencia es algo sencillo, claro. ¡Fui de Terra Lliure! Y con eso ya da igual todo lo demás que hayas hecho en esta vida. Los prejuicios, los relatos, la construcción continua de fantasmas, odios y animadversión son la evidencia de la pobredumbre de un régimen que se ha convertido en una máquina de odiar. Y lo repito: yo no odio a nadie. Estoy en contra de quienes se comportan de manera cruel, totalitaria, deningrante y explotadora. En otro momento, en otro contexto, entendí que la manera de plantar cara era una; desde hace años, hemos avanzado hacia procesos de diálogo y participación democrática y soy un militante de la lucha por nuestros ideales de manera no violenta.

Pero eso no te lo van a contar allí. Porque engañan en todo: una gran parte de la sociedad española está engañada, se cree lo que les cuentan por los medios de comunicación. Los que, por cierto, según los informes más recientes, están al final de la cola por ser los peores de Europa. Y también entre los peores del mundo.

Y ahí es importante intentar que la gente reaccione, el pueblo español, porque esto también les afecta a ellos.

Repito que el independentismo trabaja por una sociedad más democrática, más justa, mejor informada, con sus derechos como bandera. Y esto no es patrimonio catalán, esto es algo que queremos para cualquier pueblo. Pero tampoco nos vamos a meter en aquello que consideramos que no es nuestro lugar, por respeto y porque creemos que ha de ser el pueblo el que debe decidir cómo quiere gestionarse. Estamos aquí para cooperar, pero sobre todo, para hacer algo. Y nada como empezar a cambiar para mejor tu realidad, que en nuestro caso, es Cataluña. Un país al que respetamos, queremos y cuidamos. Por eso, también, aquí hemos sido los primeros en plantarle cara a la corrupción, somos críticos con todo lo que no nos parece ético. Y de manera muy contundente con lo que viene de nuestro propio entorno.

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