La jerarquía católica, el lobby político más poderoso del mundo, le ha dicho al Gobierno socialista que no autorizará la exhumación de los huesos de Franco del Valle de los Caídos. O mejor, se lo ha dicho el prior falangista del lugar, Santiago Cantera, que se ha encastillado en la Basílica, quizá pertrechado con víveres y crucifijos suficientes para varios meses, para resistir el asalto de los anarquistas libertarios. Por lo visto el clérigo se ha debido creer que está en El Alcázar, rodeado por milicias republicanas, y se muestra dispuesto a darlo todo, como un mártir acosado por los demonios comunistas. Un episodio surrealista más en medio del extraño y febril ambiente guerracivilista que se ha apoderado del país y mientras las falanges de Vox avanzan imparables y victoriosas por la serranía andaluza para tomar Madrid sin pegar un solo tiro. Qué buena película hubiese hecho el maestro Berlanga de todo este disparate nacional.

Con todo, es la segunda vez en la historia de España que la Iglesia se pone de lado del dictador genocida. Ya lo hizo en el 36, con el levantamiento nacional, y lo vuelve a hacer ahora, cuando se pretende el levantamiento de su cadáver. Resulta sorprendente el fervor que la curia hispánica le tiene a ese señor bajito, taimado y con mala baba cuyo mayor logro fue sembrar España de muertos en una guerra fratricida y sin cuartel (eso sin contar con la posterior represión, injusta y cruel, de miles de españoles republicanos). Le han cogido tanto cariño los obispos a su Excelencia que hasta lo honran con misas negras el día de su cumpleaños. Solo les falta canonizarlo, o clonarlo, que es lo que se lleva ahora. En cualquier caso, visto el trato de beato que le da la Iglesia católica nadie diría que el Tío Paco fue un obseso compulsivo del fusilamento masivo y multirreincidente. Aunque bien mirado no extraña tanto que se venere su figura. En los púlpitos parece que últimamente se ha instalado el culto al crimen, véase el turbio asunto de los curas pederastas. Y es que la Iglesia católica lo perdona todo, o casi todo, siempre que uno sea de derechas de toda la vida, porque el quinto mandamiento solo se le aplica con castigo divino al asesino rojo quemaconventos. Al falangista de misa de doce, considerado un buen cristiano aunque vaya repartiendo hostias como panes, se le tolera cualquier cosa.

De modo que la polémica decisión de la curia española de oponerse a la exhumación de Franco supone un nuevo y duro revés para el Ejecutivo socialista en su intento tan romántico como imposible de sacar los huesos del dictador de Cuelgamuros y reparar las injusticias de la historia. Sánchez ya puede decir por experiencia propia aquello tan quijotesco de “con la Iglesia hemos topado” y parece que la decisión última quedará en manos del Tribunal Supremo. De ser así podemos estar tranquilos, en esa casa solo hay demócratas incorruptibles que aplican la ley a rajatabla sin dejarse influir por presiones externas ni retrógradas ideologías políticas.

Hoy se sabe, por datos históricos y hasta científicos, que pese al amor reverencial que profesan los curas por el Caudillo, este no solo no fue un santo, sino que se acercó más a la categoría de demonio. Por tanto, quién sabe si no están adorando al Anticristo inconscientemente. Que el viejo general fue un ángel exterminador lo sabe la Iglesia, la de Madrid y la de Roma, y aun así los obispos siguen conservando el culto a la figura de San Francisco de Ferrol, que no de Asís. Por cierto, todavía no sabemos por qué el papa Francisco guarda un respetuoso silencio sobre el contubernio del Valle de los Caídos. Será porque el Vaticano siempre se lavó las manos en el drama español, mientras aquí corría la sangre.

De cualquier forma, parece evidente que la Iglesia pretende seguir montando el cirio a cuenta de Franco y para eso está el prior Santiago Cantera, bien dispuesto a desempolvar la casaca falangista del armario, si hace falta, y a estamparse en el pecho, como hacían los soldados nacionales, aquella estampita religiosa que rezaba: “detente bala, el Sagrado Corazón de Jesús está conmigo”. No en vano, el clérigo fue candidato a las elecciones generales de 1993 por la Falange Española Independiente antes de ingresar en la pacifica comunidad benedictina. Así que el prior está loco por la música, mayormente por la militar, o sea el Cara al Sol. Un delirio musical bastante similar le ha debido entrar a Teodoro García, el dos del PP −otro obsesionado con los huesos, en este caso de aceitunas−, que ahora le ha dado por aporrear el órgano de su parroquia a los acordes del himno nacional solo para desafiar a Puigdemont. La prueba del esperpento está en Twitter.

En resumen, que la decisión de resistir hasta el final del polémico Cantera, más allá de los límites del valor, recuerda mucho a la de aquel soldado japonés que se ocultó durante treinta años en la selva de Filipinas convencido de que la Segunda Guerra Mundial aún no había terminado. Al final tuvieron que rescatarlo de la jungla porque él pensaba que los yanquis todavía andaban por allí. No sabemos si al prior atrincherado del Valle de los Caídos, iluminado como está por la luz de la santa cruzada, habrá que sacarlo de esa manera, por la fuerza y a garrotazos de los piolines. Dios no lo quiera.

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