El presidente Alberto Fernández agradeció a los empresarios de Ford “por pensar en Argentina y por su confianza” en el país.

Lo hizo tras reunirse con el titular de esa empresa, quien le anunció una inversión de 580 millones de dólares para la fabricación de la próxima generación del modelo Ranger en la planta de General Pacheco.

Es inevitable que al hablar de esta automotriz la memoria no se instale en los años de la dictadura y en el aporte que esta empresa hizo para ayudar a la cacería humana.

En la misma planta de General Pacheco, la empresa fabricó, por pedido especial de la dictadura, el Ford Falcon, aquellas tristemente célebres tramperas ambulantes.

Fue el genocida, Albano Harguindeguy, entonces ministro del Interior, el encargado transmitir la idea para consumar el diabólico plan empleado para el secuestro de personas.

El nuevo modelo debía contar con un baúl lo suficiente amplio para transportar a personas secuestradas, cuyo destino eran los campos de concentración. Que es como decir el pasaporte a la muerte.

Y así nacieron los primeros Ford Falcon, pintados de color verde como el verde oliva que usaban los que tomaron por asalto el poder.

Pero el aporte de la empresa no sólo fueron los famosos Ford Falcon verde. En su planta de General Pacheco fueron secuestrados y torturados 24 obreros, según han declarado en causas judiciales algunos ex trabajadores de la empresa.

Hablar de la empresa Ford (también de Mercedes Benz) sin recordar sus vínculos con la dictadura, no contribuye a mantener viva la memoria y mucho menos a sostener la verdad histórica.

Como diría el memorioso Eduardo Galeano, “la memoria del poder no recuerda: bendice”.

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