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Llamadme Paco, sólo yo he sobrevivido para contarlo. Siempre he tenido la impresión de que lo que se estudia como pensamiento griego es más protonazismo alemán del XIX que Antigüedad griega real. Ese mundo nacionalista que andaba buscando un eslabón perdido entre su rubicunda perfección y el mito ario, encontró en los tracios de pelo rizado rubio, ojos claros, cinta celeste en la frente y blanca falda la solución al enigma: el origen de su grandeza como especie alejada del semitismo. Lo triste es que seguimos explicando esa basura racista.

[Exordio curioso: ando leyendo unos escritos de Pío Baroja sobre la República y la Guerra Civil en su tónica antisemita y anticomunista, qué se le va a hacer, y no sólo acusa a los alemanes de apropiarse indebidamente de lo helénico sino que recuerda que la esencia occidental cristiana es una religión oriental].

Para empezar no hay un sólo “mundo griego”, el macedonio Aristóteles que viviseccionaba esclavas embarazadas probablemente era muy diferente del filoespartano Aristocles (Platón) ateniense de clase alta, aquél homófobo y éste pitagorizante amante de Dion y sospechosamente vengativo contra la homosexualidad en sus posiblemente espurios escritos póstumos. La Hélade, nombre de una cultura más que de un entramado político, no era igual en Asia Menor que en el Sur de Italia; se extiende por todo el Mediterráneo y quizá lo único común entre todos los griegos fuera su supremacismo frente a los que no sabían hablar: los “bárbaros”, a quienes no consideraban verdaderamente humanos.

Quizá lo fundamental para entender el pensamiento griego sea despegarse del lastre de atribuir a su época la semilla de lo que hoy somos. Es verdad que el Renacimiento recreó (literalmente) la Cultura Antigua, es verdad que derivamos de esto: pero es como parecerse a uno que se parece, al final podemos ser más distintos de lo que pretendemos. Para entender el pensamiento griego piense en el chamanismo, piense en la magia simpatética o de concomitancia, no en la Física o la Matemática: nada cierto sabemos sobre si existió Pitágoras y cualquier parecido entre sus números y nuestro álgebra es fortuito.

[Exordio de una línea: mantenemos el discurso histórico porque es el cuento sobre el que construimos nuestra fe, pero cualquier viaje al pasado nos muestra una “novela” y nos enseña la falta de continuidad real respecto de unas fuentes en la mayor parte de los casos cuando no dudosas: inexistentes. Todo el mundo miente].

Sí, hay algo que les caracteriza y les distingue de nuestra teología judaica: no conciben la creación de la nada, de la nada sólo puede venir nada, lo cual ya es un contrasentido. Aclaro que eso de nuestra creación de la nada es una deriva especulativa muy posterior a los textos bíblicos, no aparece en las narraciones primigenias que el creyente pueda leer: Dios no crea de la nada en el Génesis, nada original y repleto de los mismos componentes cosmogónicos de casi todas las culturas coetáneas. Si algo existe, y sería de locos afirmar que nada existe porque esto es contradecirnos (Descartes pasará por tipo listo al decir esto dos milenios después), ese algo siempre ha estado y será: el Cosmos Clásico es eterno, sin principio ni fin, lo que no significa inmutable: en muchos de estos pensadores si bien la Naturaleza es eterna, la aparición del ser humano, la vida, la distribución de las tierras, el clima o la existencia de determinados animales, son casuales y no necesariamente definitivos. El término “Phýsis”, Naturaleza, pertenece a una familia de palabras cuyo campo semántico tiene que ver con lo que crece, engorda, cambia, vive… y muere; la Naturaleza no es un objeto estático para el estudio o su explotación, somos parte de ella, todo es ella; esta concepción se puede parecer más a la de muchas culturas ancestrales, como la de los aborígenes australianos o los oriundos de América del Norte, que a la nuestra cristiana.

El gran problema helénico y la cuestión que nos ayuda a engarzar nuestra física con su “physikà”, una vez solucionada esta cuestión de la “realidad” (no creada), es el de explicar la causa del movimiento: por qué existe movimiento en vez de estar todo en un reposo eterno (primera idea de la inercia) como sería lógico. La vida como principio divino del movimiento, el alma como animadora de los cuerpos automotrices (“psyché”, “anima”) será la respuesta: aquí vemos que la física griega es una religión “sui generis”, para ellos (como para todo el pensamiento antiguo) lo que se mueve está animado, tiene alma; ésta es una intuición básica nuestra, nos sorprende y asusta que se mueva lo que no esperamos que lo haga, o cuando encontramos un cuerpo extrañamente quieto: lo azuzamos para ver si se mueve, si está vivo, identificamos movimiento y vida.

Existencia y movimiento son las claves del primer pensamiento griego. Oigamos a los Milesios: Tales alrededor del 600 aC afirmará para explicar por qué se mueve el hierro hacia la magnetita que “Todo está lleno de dioses”, aludiendo al principio divino de la vida (nada que ver con nuestra espiritualidad u omnipotencia creadora); Anaximandro aludirá a un movimiento consustancial a la Naturaleza que busca el equilibrio de fuerzas opuestas; Anaxímenes identificará el aire con el aliento del universo y, por tanto, con el elemento primordial que le insufla movimiento como un alma de todo (el aliento y el alma están intrínsecamente unidos en las culturas no-científicas, de nuevo aparece así en el Génesis).

El ser humano, además tiene el generador del “lógos” (palabra, pensamiento, razón, justicia, orden, armonía, belleza…): el “noûs” o “animus” (o “mens”), en principio nada espiritual, nada individual salvable para el más allá; un creyente órfico, Platón, siguiendo la senda de una secta extraña e incluso violenta llamada pitagorismo, será acusado por Nietzsche más de veinte siglos después de haber metido el veneno de la negación de la vida natural en Occidente… nos quedará la duda (a veces medieval, se intentó hacerle santo) de cuánto le debe el cristianismo a él o ¿él al cristianismo?

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Francisco Silvera. Huelva, 1969. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Sevilla y Doctor por la Universidad de Valladolid (tesis: Obra y edición en Juan Ramón Jiménez. El «poema vivo»; Premio Extraordinario de Doctorado). He sido gestor cultural, lógicamente frustrado, y soy profesor de instituto, de filosofía, hasta donde lo permita el gobierno actual. Director del Festival Internacional de Música Ciudad de Ayamonte (2002 y 2003). Coordinador de los actos del Trienio Zenobia-JRJ 2006-2008. Asesoría musical para la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (2003-2013). Consejo Asesor Literario de la Diputación Provincial de Huelva (2002-2013). Colaboro semanalmente con la prensa escrita en Huelva Información. Junto a Javier Blasco, he codirigido Obras de JRJ, en 48 volúmenes para Visor; he publicado varios ensayos en torno a su concepto de «obra»: -Copérnico y Juan Ramón Jiménez. Crisis de un paradigma (2008) -El materialismo de Juan Ramón Jiménez. (JRJ excavado: alma y belleza, 1900-1949) (2010) -Juan Ramón Jiménez en el Archivo Histórico Nacional: Vol 2. MONUMENTO DE AMOR, ORNATO y ELLOS (2011) -Poesía no escrita. Índices de Obras de JRJ, junto al profesor Javier Blasco (2013) Lejos de tener vocación de cuentista, sí me encuentro cómodo en la prosa corta, lo que me hace deambular entre el relato, el microrrelato, la estampa o el poema en prosa. Veo poco más que comercio en la literatura actual; suelo experimentar con la forma. Mis libros: -Las apoteosis (2000) -Libro de las taxidermias (2002) -Libro de los humores (2005) -Libro del ensoñamiento (2007) -Álbum blanco (2011) -Tenebrario (2013) -De la luz y tres prosas granadinas (2014). -Libro de las causas segundas o Las criaturas (2014, Epub) -Mar de historias. Libro decreciente (2016). -Libro de los silencios (2018) -Pintar el aire (2018, en colaboración con el pintor Miguel Díaz) He publicado cuentos en diversas revistas y he sido recogido en varias antologías, como Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea (2007), editada por la profesora Teresa Gómez Trueba; Microrrelato en Andalucía (2007), edición del crítico Pedro M. Domene, y más recientemente en Velas al viento. Los microrrelatos de La Nave de los Locos (2010) o Mar de pirañas. Nuevas voces del microrrelato español, ambas por Fernando Valls (2012). En el blog literario de este crítico se pueden encontrar textos míos. Mis artículos en: quenosenada.blogspot.com.es. Libro de los silencios ha sido galardonado por el jurado del XXV PREMIO DE LA CRÍTICA ANDALUZA de 2019 en la modalidad de relatos.

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  1. Todas las bobadas filosoficas convencionales, son infracognitivas idioteces surgidas de una ideacion colectiva irracional y psicopata, al igual que las religiones. Ejemplo: El mal es el displacer, porque si no fuera posible ni experimentarlo ni generarlo, el mal seria racionalmente indefinible, al igual que el bien entendido como su convencional antagonista. Sugerencia: Paco, coge tus ridiculas y petulantes bobadas filosoficas, metelas en una bolsa de basura con los yogures caducados, y tiralas al contenedor

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