Laurence Bouchet propone confrontar las ideas a través de la participación en diálogos filosóficos realizados en pueblos, aldeas, mercados, prisiones, empresas, cafés. Cualquier espacio es ideal para estos encuentros en los que el diálogo nace precisamente de la escucha del otro. Partiendo de esa premisa, el colectivo Al Fresco aprovechó que la filósofa francesa está viajando por distintas ciudades a bordo de la Philomobile para realizar un diálogo intergeneracional donde los abuelos, las abuelas, los nietos y las nietas pudieran sentarse a reflexionar filosóficamente diversos aspectos.

La actividad, llevada a cabo en Villarejo de Salvanés (Madrid), fue una oportunidad para reflexionar en torno a ciertas preguntas: ¿Qué tienen en común unos con otros? ¿Qué significa ser abuelo o abuela? ¿Y ser nieto o nieta? ¿Qué diferencia a un abuelo de este pueblo de uno que viva en otro lugar? Sentados en un salón de la Casa de la Tercia, edificio histórico del municipio, quienes acudieron movidos por la curiosidad ante la práctica de filosofar, compartieron un ejercicio hondo de confrontar y argumentar las propias ideas.

A propósito de su paso por este lugar, conversamos con Laurence Bouchet acerca de sus motivaciones para desarrollar estos talleres filosóficos inspirados en el cuestionamiento socrático que fomenta “prestar atención al punto de vista de los demás”. Precisamente en un “mundo en crisis” donde los pensamientos se congelan, se vuelven dogmatismo y fanatismo, donde los hombres se enfrentan entre sí, sin tratar de entenderse; donde a menudo se reacciona antes de pensar, en vez de tomarse un tiempo para la razón.

La filósofa llega a España en su ‘Philomobile’ para impregnarse de la diversidad cultural

Antes que todo, cabe destacar que la práctica filosófica es un movimiento que se ha desarrollado en distintos rincones durante algunos años, especialmente con los niños, guiados por filósofos practicantes que están entrenados para este tipo de ejercicios con varias asociaciones. Son profesionales filantrópicos de tiempo completo, voluntarios, o son maestros de escuelas y animan estos talleres como parte de su enseñanza.

Desde hace cinco años Laurence Bouchet impulsa estas intervenciones a bordo de la Philomobile, una furgoneta en la que recorre nuevos territorios para generar experiencias en las que se reconecta con una tradición socrática que plantea devolver a todos una muestra del cuestionamiento filosófico. Esto, tomando en cuenta que la filosofía, a menudo, se ha reservado para las élites educadas que a veces se han encerrado en una jerga y lenguaje abstractos para distinguirse mejor de las clases populares.

Ella, que durante 25 años trabajó como docente de Filosofía en un instituto, impartiendo cursos magistrales sobre el pensamiento antiguo o el existencialismo, por ejemplo, y mostrando cómo los filósofos clásicos podían proporcionar respuestas a ciertos problemas, señala que con demasiada frecuencia la escuela enseña a repetir simplemente lo que dijeron los grandes filósofos. En cambio, “el enfoque de la práctica filosófica que se ha desarrollado en los últimos años en el mundo nos invita a adoptar otra actitud más modesta y más activa: comprometernos a proponer hipótesis, a examinarlas y criticarlas. Esto no excluye la lectura de los grandes filósofos, sino una lectura más activa, más crítica”.

Para adentrarse en una experiencia más amplia, emprende una nueva aventura desde Pontarlier (Francia) hasta Casablanca (Marruecos). La Philomobile se detendrá en ciudades como Besançon, Saint-Lupicin, Pesse, Dullin, Pont Saint Esprit, Perpignan, Elne, Ceret, Zaragoza, Madrid, Tetuán, Chefchaouen, El Jadida. Porque… Qué es la filosofía, al fin y al cabo, sino un viaje: no solo una expedición en la que Laurence Bouchet explorará en sus preceptos, también viajará a través de los otros y, por supuesto, dentro de ella misma.

“La gran pregunta durante este viaje es demostrar que si bien la filosofía es exigente, no está reservada para algunos pues su práctica puede traer mucho a todos. Por lo tanto, con este enfoque socrático no se trata de enseñar tal doctrina, sino de invitar a los participantes a pensar por sí mismos, a dialogar respondiendo las preguntas que se formulan”.

 

¿Qué le motivó a recorrer ‘el mundo’ (o los mundos de las personas) a bordo de la Philomobile?

Lo que me motiva a viajar a través de una pequeña parte de este vasto mundo a bordo de la Philomobile es descubrir la diversidad de puntos de vista y formas de pensar y entender si tienen sentido o no. A veces me sorprende la idea de un participante en un taller, nunca había visto las cosas de esa manera, me trae una intuición que aún no había pensado y que me enriquece y arroja luz en mi pensamiento.

“Los niños tienen más confianza que los adultos, están menos ansiosos por defender su imagen y, por lo tanto, más dispuestos a pensar”

 

¿Cuál es el aprendizaje más importante de sus años como docente de Filosofía?

Después de todos estos años llegué a comprender que la forma de enseñar filosofía plantea varios problemas. Primero, está la presión del examen que no facilita el desapego necesario para pensar. Los estudiantes quieren tener éxito, tienen miedo de equivocarse y están esperando recetas. La institución es a veces contradictoria: enseña a los alumnos que Kant dijo: «No hay una filosofía que podamos aprender, solo podemos aprender a filosofar», pero no siempre se enseña a los alumnos a filosofar, es decir a proponer un argumento, examinar con paciencia su validez, buscar una objeción, una crítica interna, trabajar un concepto, problematizar.

 

¿En qué radica la importancia de la filosofía como alternativa cultural en los entornos rurales?

La filosofía nos concierne a cada uno, aunque sea un ejercicio muy exigente. Cualquiera que sea nuestro origen, nuestro entorno social, el lugar donde vivimos, podemos filosofar porque todos estamos dotados de la razón o del sentido común, que es “la cosa del mundo mejor compartida”, como dijo el filósofo Descartes. En Francia, como en otros países que atravesamos durante este viaje, hay una diferencia entre las ciudades y el campo: la gente en las áreas rurales a veces piensa que la filosofía no es para ellos. Es contra esta suposición que la Philomobile rueda pasando de un pueblo a otro y de allí a otra grande ciudad para filosofar con todos los que encuentra en su camino.

 

¿Qué ha descubierto en cada encuentro de la Philomobile?

Hasta ahora animamos 23 talleres de filosofía en Francia con adultos, adolescentes y niños, así como consultas filosóficas. Será interesante un poco más tarde ver si hay diferencias o no en los tres países en los que filosofaremos. Por ahora, estamos viendo principalmente diferencias entre adultos y niños. Con adultos a menudo nos encontramos con un tímido, una bocazas, una persona que hace bromas, una que manifiesta una sonrisa agradable, un testarudo, una persona seria, otra que calcula todo lo que dice, el que sabe, el que esperaba algo más, el que está listo para jugar, el que pellizca, o el que tiene su definición de una palabra.

“El desafío del facilitador filósofo es empujar para elaborar un pensamiento que supere la singularidad de cada uno”

 

¿Con qué desafíos se encuentra como facilitadora de estos diálogos filosóficos?

El desafío del facilitador filósofo es empujar para elaborar un pensamiento que supere la singularidad de cada uno, o más bien un pensamiento que se desarrolla y toma forma cuando esta singularidad se frota con la alteridad. Los niños generalmente tienen más confianza que los adultos, están menos ansiosos por defender su imagen y, por lo tanto, están más dispuestos a pensar. Aquí y allá los participantes arrojan luz sobre un texto, sobre una pregunta, y eso nos sorprende y nutre nuestro viaje.

 

Sin duda, emprender esta ruta desde Francia hasta Marruecos es para Laurence Bouchet una oportunidad de acercamiento y descubrimiento profundo. Especialmente en una época en la que las personas tienden a cerrarse sobre sí mismas y todo se convierte en un pretexto para bloquearse en sus mundos particulares. Un tiempo en el que rechazar al otro está marcado por la edad o la cultura a la que pertenece, por la religión o la falta de religión, por el idioma o el color de la piel, por el sexo o la orientación sexual.

“La razón, el Logos, palabra que nos viene de la antigüedad griega, no está de moda, la emoción seduce mucho más. Bajo el pretexto de la benevolencia y el respeto a las diferencias cada uno piensa que es el centro. Esto no quiere decir que la emoción y el apego emocional a lo que nos convierte en la particularidad de cada uno de nosotros no tengan sentido, pero tampoco es la receta mágica”.

Considerando que el objetivo es establecer un diálogo filosófico entre las personas y las culturas de los países cruzados, deteniéndose a reflexionar no solo en los pensamientos individuales, Laurence Bouchet plantea el reto que significa filosofar con quien es extraño, pues tenemos cada vez más dificultad para producir cosas comunes. Sin embargo, señala, esta práctica es esencial porque es gracias a ella que podemos dar un paso atrás en nuestras formas de pensar. La razón y la filosofía permiten precisamente este vínculo.

Esto no significa, explica, que haya que estar de acuerdo, sino que permite abordar un terreno donde los desacuerdos se pueden decir sin caer inmediatamente en dejarnos llevar por pasiones destructivas. Por lo tanto, su intención es verificar si tenemos o no acceso a una razón común a pesar de lo que conforma nuestras identidades. “Apuesto a que estas identidades no solo son lo que nos separa, sino también lo que nos puede brindar apoyo para unirnos en un horizonte común. Este viaje también me permite dialogar conmigo misma al dialogar con las personas que encuentro y con las que me acompañan. La dificultad del viaje también nos hace bajar las máscaras. Cada uno aparece con las asperezas de su personaje que ya no puede ocultar”.

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