“La carrera tiene que elegirte”, así lo he dicho literalmente en varias conversaciones o entrevistas el mejor piloto español de todos los tiempos: Fernando Alonso. “La carrera tiene que elegirte”.

Fernando Alonso cree en la magia, en la luminosa y en la oscura, en cosas o personas que traen buena o mala suerte. Hay un punto de azar, de casualidad o fortuna en todos los actos de la vida, y muchos de los grandes pilotos utilizan amuletos o contratan brujos para que los protejan o perjudiquen a los demás. El azar, la fortuna, la suerte, la magia.

¿Cómo es posible que una carrera -no ya un circuito sino una carrera- elija a alguien? Todavía un circuito es algo físico, puede pensarse que tiene un aura o una suerte de espíritu que de algún modo lo personaliza y le da identidad propia. Pero ¿una carrera que no se ha celebrado todavía, que aún no existe? Parece absurdo, y sin embargo cuando leí las declaraciones del gran Alonso comprendí perfectamente lo que estaba diciendo y sentí que era verdad y que era posible.

La alta velocidad, la altísima velocidad, se mueve en la frontera del límite de lo humano, y también de lo robótico y electromecánico. En la frontera del conocimiento y de la razón, y en esa frontera siempre ha aparecido para el ser humano lo mágico. Ese pedirle a algo superior que nos ayude o favorezca, que ya en sí mismo va acompañado de una actitud, una fe y un recogimiento que cambia a quien las siente y le hace capaz de cosas superiores o aparentemente imposibles.

Y en esa misma estela estamos escribiendo ahora en Las almas y la F1 estas palabras, como una oración o mantra, para pedirle a la carrera que elija a nuestro campeón, a nuestro caballero como se decía en la edad media.

XXX edición de las 500 millas de Indianápolis te rogamos y pedimos humildemente que elijas como ganador de la mítica gesta que eres a Fernando Alonso Díaz, el gran piloto español. Le darías una enorme alegría a muchos millones de personas en todo el mundo. Y creemos que sería también una alegría para ti, espíritu de Indianápolis. Ojalá y amén.

 

Tigre tigre.

 

Nota: el entrecomillado y en cursiva lo hemos puesto en honor al interesantísimo analista de Fórmula1 y poeta Paul Martin, a quien no le gusta que se nombre siquiera a la parca cuando se habla sobre La Máxima.

 

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