Lo primero es comprobar que está ileso, que sigue vivo y entero: sí; puede respirar, ver, pensar. ¿Las piernas, los brazos, la espalda? Todo bien, milagrosamente todo bien, después del golpe brutal en el circuito de Indianápolis, de chocar una, dos y hasta tres veces contra el muro que rodea el óvalo, el más mítico de los templos de la velocidad del automovilismo mundial.

Luego es la enfermería, el reconocimiento médico.

-Está usted bien.

Los bólidos de la Indy no son tan extremadamente seguros como los de la F1. Los accidentes provocan lesiones en la espalda, roturas de piernas… e incluso algo peor, o hasta lo peor. El miedo.

¿Quién no tendría miedo? Sólo un loco o un idiota podría no sentir miedo al subirse a un monoplaza y correr entre otros monoplazas, junto a muros, a más de trescientos cincuenta kilómetros por hora.

Fernando Alonso, por supuesto, tiene miedo. También tiene miedo. Es un héroe, no es cualquiera, pero tiene miedo. Un miedo que es capaz de vencer, domar y superar, como siempre lo he hecho. Pero ahí está: el miedo.

Qué poco corazón y cabeza tienen los chorlitos que piensan que Fernando Alonso corre en Indianápolis para divertirse. Aunque sí, claro, hay muchos momentos que disfruta y se divierte. La famosa adrenalina que logra que los cuerdos se vuelvan locos bajo su influencia y sean capaces de mantener el pie aplastando al acelerador cuando el mismísimo Michael Schumacher ya lo está levantando…. “Y te he adelantado Michael, voy a quitarte el trono del mundo”.

Pero no sólo es el miedo del héroe, acostumbrado a luchar contra él y vencerlo. Es el miedo de todos sus seguidores e incondicionales (yo soy uno de ellos), el golpe contra los muros nos ha hecho tambalearnos a todos. No a causa del error por el que pidió perdón a su equipo -con humildad deslumbrante- el mejor piloto español de todos los tiempos. El error da igual: los humanos fallamos y también fallan las máquinas más perfectas. Se trata de que todos hemos sentido el golpe, y desconfiamos; no de Fernando Alonso, sino del equipo bisoño que le acoge, de esa McLaren que tiene el mismo apellido de las máquinas que le han hecho sufrir, impidiéndole brillar, durante cuatro largos años.

¿La triple corona? Tendrá que esperar, dice un periodista sin nombre. ¿Y él qué sabe?

Ya veremos. Aprendamos de Fernando Alonso, aprendamos del héroe: domemos y venzamos nuestros miedos.

La carrera te elige, lo dicen todos los pilotos, incluso los de cerebro y corazón más técnico: Indianápolis te elige. Es magia, y a Alonso le llaman Magic. Más difícil era que destronase a Schumacher con un Renault. Puede suceder. Y allí estará Alonso, y estarán todas nuestras almas apoyando e insuflando fuerza, alegría y aliento a la suya, el domingo 26 de mayo, para que la carrera, la mítica carrera de las 500 Millas de Indianápolis le mire y nos mire. Y si quiere elegirnos, si quiere elegir a Fernando Alonso, aumentará su propio mito: el de la carrera. Es decisión suya: ahí tienes a Fernando Alonso, Quinientas Millas de Indianápolis, has visto a los pilotos más grandes, y él es uno de ellos, uno infinitamente audaz y brillante, capaz de domar todos sus miedos; héroe inmenso.

Tigre tigre.

 

(Dedico este pequeño texto a Javier Rubio, a quien siempre me gusta leer: con afecto)

 

Fernando Alonso muy cerca de su tercer título mundial

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

diecisiete − cinco =