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Incontestable tristeza, depresión y desaliento entre los formulaunianos alonsistas. Fernando Alonso ha perdido uno de los ya no demasiados records que le quedaban entre conseguidos a lo largo de su carrera: Lando Norris es ahora el piloto más joven de la historia en ganar una carrera de Fórmula2; dieciocho años contra los diecinueve que tenía Fernando Alonso en el año 2000. Cuanto ha llovido desde entonces, pero no suele llover en el desierto…

Polvo y arena. A lo anterior hay que añadir que Honda, alimentando al Toro Rosso, le haya dado sopas con honda (nunca mejor dicho) a McLaren, que mañana si un milagro no lo remedia, llevará cien grandes premios sin ganar una carrera.

El campeonato parece comenzar a ponerse de cara para Ferrari, y más concretamente para Vettel, que ocupa el puesto que Fernando Alonso abandonó, aconsejado por su ansiedad e impaciencia.

Sin duda, inevitable, de vez en cuando pensará que se equivocó. Y sí, se equivocó.

Ya no hay motores Honda a los que echar la culpa, el motor Renault ha permitido entrar en los diez primeros puestos de la parrilla tanto a Red Bull como a la escudería oficial.

Aún queda algo que hacer para despertar a McLaren y en Diario16 ya lo hemos dicho más de una vez: hay que despedir al banflo Éric Boulier; parece evidente que es incapaz de hacer bien su trabajo, y además -dicen los «mágicos»- es gafe.

Mañana hay una carrera y siempre puede suceder lo imposible, o lo casi imposible, pero hoy, sábado siete de abril de 2018, Fernando Alonso tiene la boca seca y llena de arena, y cada vez que mueve la lengua para declarar que este año será el bueno, más trozo de desierto se instala en su boca.

Últimamente, el tiempo también pasa para mí, apenas bebo, pero hoy me es imposible no terminar este artículo, pidiendo:

Otro burbon, por favor.

Tigre tigre.

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