Es un imposible, es un sueño, es un alivio enorme, un balón de oxígeno para alguien que lleva años ahogándose y al mismo tiempo manteniendo la sonrisa y el optimismo en el rostro y en el cerebro.

Apenas faltan dos vueltas para el final del Gran Premio de China, y el Ferrari de Vettel está dañado. Pero no sólo es eso. Es el alma de Fernando Alonso, es todos los sufrimientos y frustraciones, mezclándose con la gasolina, la electricidad, los alerones y las ruedas. El McLaren vuela. Y volará tanto tiempo y a tanta velocidad como sea necesario, aunque el precio sea reventar; o que reviente el mundo entero.

Corre Fernando Alonso. Vuela. Delante de él están los dos títulos perdidos cuando el piloto número uno de Ferrari era él. Delante está el hombre de la flor en el culo, que se le destroza el monoplaza pero -imposiblemente- logra acabar la carrera -Gran Premio de Brasil 2012- y conseguir los suficientes puntos para robarle el campeonato mundial por segunda vez.

Delante de Fernando Alonso. Ya huele a sangre. Venganza venganza. Justicia. Venganza. Venganza. Justicia justicia. Delante tiene al tipo que posa el culo en el asiento de un Ferrari que era de Fernando Alonso y que despreció: siempre existió la posibilidad de que ese asiento pudiese valer un campeonato del mundo. Dolor. Pie en el acelerador. Más rápido Alonso. Más rápido. Muy rápido, pero absolutamente tranquilo. Dueño y señor. Yo soy Fernando Alonso, el mejor piloto vivo y en activo.

«Que me quiten de enmedio ese McLaren» cacarea Kimi Raikkonen en una carrera de hace ya tres años.

Fernando Alonso no necesita pedir que nadie le quite de enmedio a ese Ferrari. Sabe lograrlo por él mismo. Tendrá el vehículo dañado, Sebastian Vettel. Estará sicológicamente hundido. ¿Y qué? El sabor es el mismo. Por una vez en muchos años las tornas cambian. Freno. Acelerador. Freno. Buscar el hueco. Verlo. Con seguridad absoluta. Rey de nuevo. Fernando Alonso adelantando a Sebastian Vettel en una carrera que desde la salida todos habíamos creído que tenía el alemán en el bolsillo. El hombre que sale decimotercero comiéndose al que estaba primero.

Bellísimo. Lenitivo. Un regalo. Qué bonito. Gracias dioses y gracias Fernando Alonso, y hasta gracias a Verstappen por haber ayudado a que el milagro fuera posible.

No puedo creérmelo, pero es evidente que es cierto. Me siento feliz, contentísimo.

Tigre tigre.

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