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El feminismo es también cosa de hombres

Adolfo Luis Pérez Álvarez
Nacido en 1994 es natural de Fuente de Cantos, Badajoz. Estudió Historia en la Universidad de Sevilla. Apasionado de la cultura. Sensible ante los problemas sociales. Jacobino.
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análisis

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Piropear por la calle a una mujer no siempre es un halago, al igual que tampoco lo es cuando en una discoteca las agarran de la cintura para decirles alguna expresión «biensonante». A ellas, muy mayoritariamente, esos hombres no les parecen caballeros, sino nauseabundos.

No confundan, decir guapa a una amiga no es una actitud machista. Machismo es pensar que decir lo que apetezca a una mujer y en el lugar que se antoje es una alabanza, sin ser capaz de entender que se las está incomodando. Más aún cuando no se las conoce de nada.

Cuando hay mujeres que critican estas actitudes, que sí son machistas, hay hombres, incluso mujeres, que se atreven a expresar que aquellas que se quejan es porque nunca las han piropeado o, peor aún, porque nunca lo harán a consecuencia de su físico. ¿No es triste? ¿Acaso una mujer es bonita o no por su complexión?

A todos aquellos que se vanaglorian de actitudes mal llamadas caballerosas, les vendría bien alcanzar un punto adecuado de empatía para comprender que las mujeres que pasean por la calle o que bailan en una sala de fiestas no son cuadros, ni esculturas, ni edificios o cualquier obra de arte a la que contemplar expresando su hermosura.

La mujer es inteligencia, capacidad de trabajo, humana, libre, tanto como el hombre, pero con la diferencia de que, al varón, históricamente, no lo han catalogado como el bello, educado, responsable, acompañante. El hombre ha dominado la sociedad, incluso impidiendo que las mujeres, muchas sin el deseo de que así fuera, pudiesen dedicarse a algo más que a estar en casa. Hablo en pasado cuando digo que el hombre ha dominado, pero no quiere decir que ya no sea así, pues aún quedan muchos resquicios por resolver, simplemente que, en la actualidad, hay una corriente de pensamiento entre los varones que les hace considerarse feministas y esto augura el fin definitivo de la supeditación de la mujer.

Quizá, en muchas ocasiones, las palabras de una pancarta puedan parecer radicales, pero puede que la intención sea provocar opinión a raíz de su lectura, que no deje de moverse el debate sobre un problema real. Lo que se pide desde el feminismo es muy sencillo: que la mujer opte, en igualdad de condiciones, a lo mismo que el hombre, que el trato sea similar, que en una entrevista de trabajo no influya el escote, sino la capacidad. Se quiere provocar una revolución de conciencias para que las mujeres dejen de ser contempladas por su atractivo antes que por otras virtudes. Se pretende que por la calle no se les lance un piropo porque su cuerpo tenga unas determinadas características. Se pretende que, tanto mujeres como hombres, dejen de pensar que una mujer, cuando se viste de una determinada manera, lo hace para provocar. Es sencillo, se quiere conquistar la absoluta igualdad, el absoluto respeto.

Es evidente que no digo nada que no se haya dicho antes, pero el hecho de repetirlo es síntoma de que no ha quedado suficientemente claro, porque hay quienes todavía, cuando aparece una foto de una manifestante en las redes sociales, se atreven a mofarse diciendo que es una amargada porque nunca le han dicho un piropo. Vergüenza de esos comentarios.

Es verdaderamente fácil, pero enormemente complejo. De esa lucha también quiero ser participe, porque sintiéndome feminista estoy impulsando un compromiso mayor en virtud de la igualdad. No es cosa de mujeres, el feminismo es cosa de la sociedad en general.

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1 Comentario

  1. No estoy de acuerdo en una filosofía feminista de llamar a todo machismo. Es decir, prohibir y prohibir comportamientos. Si a una mujer no le gusta un comportamiento pues que lo repudie o lo haga ver. Yo les voy a dar también un ejemplo:
    Un joven cede el asiento a una joven o le cede el paso. La chica debería evitar dar el tostonazo de que no a esos machismos, prohibir y prohibir. Para que la igualdad resulte, lo que deber hacer la chica es ceder ella también el asiento o el paso a un chico. Así de claro, de sencillo y educado. Las cosas de mal gusto es patrimonio de hombres y mujeres y está fuera de este comentario.

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