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Feliz Año Normal

Francis López Guerrero
Francis López Guerrero
Profesor de lengua y literatura.
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análisis

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Empezamos el nuevo año en las mismas que empezamos el 2021: con la pandemia desatada y el Covid-19 haciendo estragos, ese río de pus devastador que nos trajo el infame 2020 y que atravesó las fronteras y se hizo global desde la lejana China porque uniformes y globales somos. Lo de Feliz Año Normal se va a convertir en un clásico y va a desterrar a los anales de sociología al rancio Feliz Año Nuevo.

Cabría también la posibilidad simbólica de hablar de un venturoso 2022, el año de los patitos -sin que aparezca en el calendario chino-. Ojalá tenga ese aspecto infantil, naíf y tierno, el de tres patitos junto a la charca infinita y tranquila del cero. Pero me temo que las personas hace tiempo que dejamos de ser simbólicas, el único símbolo válido que nos concierne es el del dinero.

La normalidad es un déjà vu;el eterno retorno de Nietzsche -con todos sus matices poéticos- ha pasado a ser una manifiesta y vulgar clonación acorde con los tiempos. Todo se repite de manera inmediata y vertiginosa, también la Madre Natura por inercia y por analogía. Vamos al mundo con las células histéricas y aceleradas y el mundo se nos pierde y las células se agotan y enferman. Ese es el aprendizaje, da igual la escuela que montemos con todas sus modernidades y novelerías consideradas como progreso. Suena manido aquello de estirpe marxiana de que la historia primero se da como tragedia -territorio de héroes y sacrificios-, y la segunda vez como farsa -territorio de mediocres y mentiras-. Pero es certero. A lo que se añade la ínclita colaboración sensacionalista de ciertos medios de comunicación y la sensación agridulce de que la vacunación completa no garantiza la inmunidad ni la salud. Como tampoco nos libramos del relato petulante de prebostes y mandatarios políticos, desviado hacia arriba o hacia abajo de los hechos, según convenga. Porque los hechos no importan. Importa exclusivamente el relato pergeñado y su propagación efectiva y rápida como el coronavirus. El problema no es que el mundo esté infectado de nuevo, venía ya infestado de antes que no es lo mismo que enfiestado, aunque esto último es por lo que algunos siguen apostando.

Empezamos a sospechar que los virus con todas sus variantes griegas (delta, ómicron)  han venido para quedarse en este mundo posmoderno cada vez más uniformizado y con menos variantes. Es curioso el prestigio científico y social que tiene el griego, cuando en la enseñanza oficial está defenestrado junto con las humanidades en general. Las paradojas de lo humano que bordean lo inhumano.

Ya vivíamos en la cultura de la ansiedad antes de la pandemia. El coronavirus ha operado como enfermedad mortal y como manifestación ratificadora intensiva de nuestros males y egoísmos. El virus ha sido y es una revelación desoladora, una epifanía de mal gusto en busca de Reyes Magos, víctimas ya le sobran. Feliz vacunación. Feliz Año Normal.

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