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Feijóo pedirá una bajada de impuestos en su entrevista con Sánchez en Moncloa

El líder del PP pone sus condiciones para llegar a un acuerdo con el Plan Nacional contra la guerra

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Feijóo espera conocer las propuestas económicas de Pedro Sánchez para trazar su estrategia política. Un gallego nunca da un paso en falso sin calcular previamente las consecuencias. Si no lo tiene claro se queda quieto, como un boj, antes que equivocarse. Ya lo dijo Cela: el que resiste gana, no hace faltar mover ficha. Recuerde el lector de esta columna que Mariano Rajoy nunca tomaba una decisión que le supusiera un mínimo riesgo. Pensó que así, sin hacer nada, dejando que todo se pudriera, se resolvería el problema de Cataluña. Y miren ustedes cómo terminó aquello.

El jueves, el nuevo dirigente del PP llegará a su crucial entrevista con el presidente del Gobierno como una de esas plantas carnívoras que desde el quietismo es capaz de devorar al primer insecto incauto que se pose en ella. Sánchez puede ser ese insecto. Feijóo pisará por primera vez la Moncloa, se sentará a la mesa, verá, escuchará y actuará en consecuencia. De momento, ya le ha lanzado un primer aviso al premier socialista: “¿Usted quiere el apoyo del PP? ¿Está dispuesto a atender algunas de las propuestas que le hagamos para mejorar el decreto ley del Plan Nacional?”. Y añade: “Si Sánchez quiere que apoye sus medidas económicas, tendrá que aceptar alguna de nuestras sugerencias. No puedo aprobar un real decreto que dice que es por la crisis de Ucrania”, asegura Feijóo.

El hombre que tomó las riendas del partido en el reciente Congreso Extraordinario del PP celebrado en Sevilla irá con varias exigencias económicas bajo el brazo. La primera: que el Gobierno baje los impuestos para contrarrestar la inflación y que asuma esa medida en el Plan Nacional, que es casi un bando para implantar una economía de guerra. Esa es la receta mágica de Feijóo para sacar al país de la crisis. Es de primero de manual del buen neoliberal. El problema es que, bajando los impuestos, tal como sugiere el señor que va de Suárez gallego, el Estado recaudará menos y tendremos peores servicios públicos, peor sanidad, peor educación y peores prestaciones sociales. La pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores no viene dada solo por un salario precario, también por no poder disfrutar de las ventajas de un Estado de bienestar fuerte y robusto.

Sánchez no debería tragar con la oferta envenenada del jefe de la oposición. El acuerdo en las grandes cuestiones de Estado entre los dos principales partidos españoles no puede sustentarse en la imposición, tal como pretende hacer Feijóo. De momento, el Gobierno de coalición ya ha aprobado el Real Decreto en el seno del Consejo de Ministros. PSOE y Unidas Podemos parecen estar de acuerdo en que no habrá rebajas fiscales de ningún tipo. Es más, Pablo Echenique ha vuelto a insistir en las últimas horas en que cualquier reforma fiscal debe pasar necesariamente por una subida de impuestos a los ricos y a las rentas superiores a los diez millones de euros. Así las cosas, la primera condición se antoja un escollo insuperable. Si Sánchez aceptase esa exigencia, esa amnistía tributaria que solo beneficia a los que más tienen, el Gobierno de coalición saltaría por los aires.

La segunda partida de póker que se celebrará en Moncloa tendrá que ver con la posible renovación del Consejo General del Poder Judicial. Los altos cargos jurisdiccionales llevan más de tres años caducados y prorrogados, lo que supone un flagrante incumplimiento de la Constitución. A Núñez Feijóo no le parece un asunto prioritario. Es más, cree que “no es el momento” de sentarse a negociar el reparto de sillones en los órganos de Gobierno de los jueces en medio del vendaval económico que arrecia contra España. De confirmarse esta desidia del gallego en un asunto tan trascendental como el desbloqueo de la Justicia podríamos decir que el casadismo no ha muerto, ya que Pablo Casado hizo de la parálisis en la renovación de la cúpula de la judicatura su principal ariete contra el Gobierno de coalición. 

Pero hay un tercer escollo que podría enturbiar las relaciones Gobierno/oposición: ¿qué piensa hacer Feijóo con Vox? Aparentemente el nuevo líder popular ha optado por una directiva nacional moderada, arrinconando a los ayusistas y a los duros de Casado. Así al menos se desprende de su decisión de recuperar a viejas glorias que ya estuvieron en los equipos de gobierno de Mariano Rajoy. Ahora bien, en pocos días el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, será investido tras aceptar un infame pacto de coalición con la extrema derecha de Santiago Abascal. Fuentes de Génova 13 aseguran que Feijóo no tiene demasiado interés en acudir a esa boda execrable que hasta los populares europeos han tachado de decepcionante. “Iré si mi agenda me lo permite”, ha asegurado a sus huestes el presidente del PP. Es evidente que Feijóo pretende poner tierra de por medio con Vox. La prueba de que ha perdido la confianza en Mañueco tras el pacto de la vergüenza de Castilla y León es que lo ha dejado sin cargo en la dirección nacional del partido. Sin embargo, el acuerdo del PP con la ultraderecha sigue estando ahí, vivo y coleando. Feijóo no lo ha roto ni ha manifestado intención alguna de romperlo. En ese contexto, se hace difícil entender que el Gobierno pueda pactar nada con un Partido Popular que va de la mano de los nostálgicos franquistas. Hoy en día, le guste o no a Alberto Núñez Feijóo, pactar con el PP es hacerlo con los herederos de Franco. Aquella afirmación de Moncloa –“se le dará [a Feijóo] el papel de Estado que asegura que viene a desempeñar”– se antoja ciertamente imposible apenas unas horas antes de que se celebre la histórica entrevista entre los dos personajes en los que parece recaer el futuro inmediato del país.

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