Captura de vídeo del momento en el que la mujer sospechosa se lleva a Fátima. Foto: FGJ-CDMX

Su nombre era Fátima Cecilia, apenas había cumplido 7 años en enero,  estudiaba en el colegio Enrique C. Rebsamen, colonia Santiago Tulyehualco en Xochimilco. Su madre tardó unos minutos en recogerla a la salida, y la niña estaba expuesta en la puerta de la calle, una mujer la tomó de la mano y se la llevó, esta fue la última vez que vieron a la niña con vida. A pesar de que su desaparición fue denunciada el martes 11 de febrero, la autoridad comenzó a tomar medidas hasta el día 12, porque tenían que esperar 24 horas para confirmar que efectivamente estaba desaparecida. Fátima no fue hallada hasta el sábado 15 de febrero en la alcaldía de Tláhuac, su cuerpo estaba metido en una bolsa de plástico con signos de tortura[1], y presuntamente sin órganos vitales.[2]

Las palabras son insuficientes para describir la indignación del pueblo mexicano y de toda persona con un mínimo sentido de humanidad, pero esta vez, la tristeza y el coraje no pueden sumarse como un número más, a las estadísticas ya terroristas que no conocen límites de violencia contra niñas y mujeres en México, un país en el que ser mujer implica luchar todos los días por sobrevivir.

La connotada feminista argentina Rita Segato habla sobre el papel fundamental que juegan los medios de comunicación al colaborar con la exhibición pública de la agresión contra las niñas y mujeres hasta el hartazgo, haciendo de la victimización un espectáculo, reproduciendo hasta los detalles más morbosos y funcionando, como un brazo ideológico de la estrategia de la crueldad.[3] Este caso como muchos otros de violencia de género en México, me recuerdan a ese papel mediático y poco responsable que muchas veces alimenta la idea popular de “pan y circo para el pueblo”, sin darse cuenta que los focos de atención siguen pasando desapercibidos.

Algunas notas periodísticas juegan al fiscal y recaban pruebas oficiales y extraoficiales para emitir juicios no probados; otras, proyectan un resumen de los últimos feminicidios para añadir uno más a la escalofriante lista; la gran mayoría se solidariza con el sentimiento de impotencia y reclamo institucional, sobre todo a raíz de las desafortunadas declaraciones del Presidente López Obrador que al ser interrogado sobre este caso, comentó de manera poco sensible y descontextualizada que este crimen, como muchos otros, era resultado de la decadencia del modelo neoliberal, y que aunque seguro se encontrarán a los responsables, había que apurarse mejor para emitir una constitución moral que purifique la vida pública.[4] Hubo otras notas que se centraron más en la entrevista que Carmen Aristegui realizó a Ernestina Godoy, Fiscal General de Justicia de la Ciudad de México, en la que ésta afirmaba que desafortunadamente la situación era muy complicada debido a que la madre de la niña tenía una enfermedad mental, y el padre también tenía demencia senil[5], como si esto cambiara en algo el rigor con el que debe investigarse el asunto.

Adriana Segovia comentó que el caso de Fátima es un enorme ejemplo de todas las esferas de violencia sistemática a la que se exponen la niñas y mujeres en este país, enfrentadas a redes de tráfico de órganos que operan con impunidad; instituciones educativas que sacan a las niñas y niños al terminar el horario escolar; un mercado laboral pensado en términos masculinos, que no contempla ni comprende la maternidad; sumado a la inseguridad e indiferencia de quienes a pesar de verla sola no hicieron nada por acompañarla.[6] Sin duda, son muchos los flancos de necesaria reflexión y actuación, porque encontrar a los culpables (verdaderos y no fabricados), constituye apenas una garantía mínima para Fátima y su familia, la respuesta institucional debería además garantizar la no repetición, a través de alertas y políticas públicas que sean capaces de operar de manera inmediata desde los primeros instantes de la desaparición, porque esos momentos son vitales. Sin embargo, creo que un foco de atención del que poco se ha hablado, consiste en no perder de vista el hecho que desencadenó todo, porque no olvidemos que esto se trata fundamentalmente del Colegio Enrique C. Rebsamen, y de las muchas otras instituciones educativas en México, que arrojan a niñas como Fátima a la calle sin importarles dejarlas solas, expuestas y abandonadas, al grado de no saber ni si quiera quién las recoge de la escuela, con esto no sostengo de ninguna manera que la maternidad y paternidad deben ejercerse con responsabilidad, únicamente denuncio que existen mil formas de evitar el abandono irresponsable de una niña que, supuestamente, está al cuidado de una institución educativa.

Su nombre es Fátima Cecilia, y su historia seguirá viva para recordarnos que el terror y la brutalidad del espectáculo que generan estos crímenes de odio, no debe ser mayor a las respuestas y retos institucionales y sociales que quedan pendientes por resolver, hasta que niñas y niños sean protegidos como sujetos de derechos, y no como objetos que se pueden abandonar en la calle.

[1]Cfr. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-51540101

https://twitter.com/hashtag/JusticiaParaFatima?src=hashtag_click

https://politica.expansion.mx/cdmx/2020/02/17/el-feminicidio-de-fatima-enciende-el-reclamo-de-justicia-en-la-cdmx

https://www.eluniversal.com.mx/metropoli/cdmx/lo-que-sabemos-del-caso-fatima-asesinada-en-tlahuac

[2] https://www.24-horas.mx/2020/02/17/extirparon-sus-organos-vitales-supuesto-tio-de-fatima-revela-detalles-del-feminicidio-foto/

[3]Cfr.https://latinta.com.ar/2017/09/rita-segato-falla-pensamiento-feminista-violencia-genero-problema-hombres-mujeres/

[4] https://www.youtube.com/watch?v=dr0OFsOZaDE min 1:17:57

[5] https://aristeguinoticias.com/1702/mexico/madre-de-fatima-senala-a-posible-asesino-y-asegura-no-estoy-loca/

[6] https://www.facebook.com/sororamx/posts/2528256014116307

 

 

 

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