Todavía no salgo de la conmoción que me produjo la noticia de su fallecimiento físico.

Solo físico, porque estoy seguro que su inmensa contribución teórico-práctica, lejos de morir y desaparecer habrá de perdurar, trascender e impactar positivamente las fuerzas enfrentadas a esta crisis de decadencia de la civilización capitalista, y muy especialmente a las comprometidas con su abolición.

Su gran aporte en ese plano -junto a su indeclinable militancia revolucionaria anti-capitalista- fue, siguiéndole los pasos a Carlos Marx, el análisis en profundidad de las sucesivas crisis del orden dominante y de su actual y desgarrador despliegue global.

Jorge, guerrillero urbano en su juventud, pensador y luchador de calado profundo, reciedumbre moral y mirada larga; combatiente multifacético de ininterrumpida trayectoria capacidad deslumbrante, generaba siempre admiración y afecto.

Sus fuertes fueron precisamente no desistir de la subversión emancipadora la humanidad explotada, oprimida y excluida, y abrazar por siempre el socialismo científico y la erudición e investigación herética para conocer y trascender el presente y para asumir el análisis prospectivo de cara el futuro de Argentina, el Continente y el mundo.

Una hermandad inconmovible

En mi caso la conmoción que me produjo su muerte súbita tiene su razón de ser en su condición de camarada con el cultivé coincidencias, identidades y convicciones de alto calibre; forjé una amistad sólida y hermosa; compartimos misiones de alto riesgo e iniciativas de gran valor internacionalista; y proyectamos planes trascendentes que ahora quedan inconcluso, en los que sus contribuciones son difíciles de reemplazar.

Jorge Beinstein: camarada de los que no se rinden ni se doblan. Hermano en el cariño y el aprecio sincero. Maestro de maestros. Ser humano en el que la alegría y la creatividad nunca tuvo punto de agotamiento.

Con su partida no solo el pensamiento crítico se reciente y enlutece, sino que sufrimos una costosa baja en el arcoíris de los intelectuales comprometidos y orgánicos al combate por el socialismo y el comunismo en el siglo XXI.

Por sus valiosas enseñanzas y su intensa fraternidad, su fallecimiento trajo a mi memoria a otros queridos maestros y combatientes de su misma estirpe, con quienes cultivé una relación muy parecida: el soviético Kiva Maidanik y el salvadoreño Schafik Handal, ambos también capaces de generar en el recuerdo, tanto dolor por su partida como orgullo por compartir con ellos tantos combates estelares y tantas ideas subversivas de brutales injusticias.

La alegría siempre debe vencer la tristeza

Me ayudó bastante para comenzar a reponerme de este golpe y poder escribir estas líneas, la inevitable alegría del 74 cumpleaños de Lulú, el amor de mi vida y compañera de múltiples peleas cruciales, celebrado en familia el pasado domingo 13 de enero.

Pasamos -acompañados de hijos, hijas, nieto y nietas maravillosas- un día esplendido en la isla Saona, rodeada del deslumbrante mar Caribe; sin librarme que por momentos del grato recuerdo de mis queridos maestros ausentes, con la creciente seguridad de la trascendencia de sus obras y sus ejemplos.

Nueva vez vence la alegría y pienso que Jorge no puede ocultar su sonrisa.

Así de contradictoria es la vida y es preferible potenciar su lado amable ante que sumergirnos en sus obligadas tristezas.

Jorge jamás olvidó aquellas lindas palabras de Julius Fucik, ni yo tampoco: “por la alegría he vivido, por la alegría he luchado…”

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