Hace más de 40 años se le ocurrió infectar la bacteria Bacillus subtilis con el virus Phi29, una investigación gracias a la que descubrió una proteína, la DNA polimerasa φ29, patentada en 1989 a nombre del CSIC. Treinta años después se ha convertido en la patente más rentable de la historia de España.

Pero esa es solo una anécdota en la larga y fructuosa carrera de Margarita Salas, bioquímica y discípula de Severo Ochoa, fallecida hoy a los 81 años. Ante todo, fue una pionera en España en biología molecular y biotecnología, y un referente constante de las mujeres en el sector de la ciencia.

Salas nació en Canedo (Asturias) en 1938, y tener un padre médico marcó los pasos de su futuro. Ya con 16 años puso rumbo a Madrid para realizar las pruebas de acceso a la carrera de Químicas. En el tercer año de sus estudios andaba cuando escuchó una conferencia del premio Nobel Severo Ochoa que le cambió su vida.

Tras presentar su tesis doctoral en 1964 -sobre la especificidad anomérica de la glucosa-6-fosfato isomerasa-, se marchó a la Universidad de Nueva York para trabajar con el propio Severo Ochoa, arrancando con ello una carrera destacada de alcance internacional.

“Fue nombrada directora del Instituto de España, el organismo que agrupa a las reales academias españolas, cargo que ocupó ocho años”

Consciente de sus orígenes, Margarita Salas siempre ha sido una gran defensora de una adecuada enseñanza de la ciencia en las escuelas. En una reciente entrevista en Diario16, el pasado mes de junio, Salas le decía a José Antonio Montero que pensaba que lo más importante era “que a nivel de enseñanza secundaria se enseñen bien las ciencias. No sé muy bien cómo está la enseñanza secundaria a este nivel. Pero es importante que en los colegios y los institutos vayamos los investigadores a divulgar la ciencia y las ventajas que tiene la ciencia desde el punto de vista de bienestar de la sociedad. Un poco de enseñanza por parte de los propios investigadores”.

En 1995 fue nombrada directora del Instituto de España, el organismo que agrupa a las reales academias españolas, cargo que ocupó ocho años. Además, ocupaba la silla ‘i’ en la Real Academia Española (RAE), donde fue la primera científica y se encarga de analizar los términos científicos.

Entre reconocimientos era doctora honoris causa en innumerables universidades y miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la Academia Europea de Ciencias y Artes, de la American Society for Microbiology y de la American Academy of Arts and Sciences, además de presidir la Fundación Severo Ochoa.

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