Barbara Bush, conocida en todo Estados Unidos como la mujer de un presidente y madre de otro, ha fallecido a los 92 años en su casa de Houston. Así lo han contado medios estadounidenses, tras un comunicado de su marido y ex presidente George Bush, en el que anunciaba que Barbara había decidido suspender su tratamiento tras una larga enfermedad de neumonía, y que prefería buscar cuidados paliativos en el tiempo que le restaba de vida.

Como mujer del 41 presidente de Estados Unidos, y madre del 41 presidente George W. Bush, Barbara fue la segunda única mujer en la historia estadounidense en tener un hijo que siguiese los pasos de su padre en la Casa Blanca, siendo Abigail Adams la primera.

La señora Bush, que nunca fue conocida en los medios ni por el público estadounidense por ser tímida al expresar sus opiniones, era una dura crítica del actual presidente Donald Trump. Llegó a decir en televisión que el actual líder de EE.UU era un “misógino e incitador al odio”, además de asegurar no entender “por qué la gente le vota, con las cosas terribles que ha dicho sobre las mujeres”.

Se la llegó a llamar “el arma secreta” política de su marido; una encuesta de 1999 reveló que el 63% de los americanos guardaba una opinión favorable de ella, frente a tan sólo un 3% que la consideraba negativamente. Aunque en general evitase hablar en público sobre temas políticos cuando su marido era presidente, si que se la conoció por disentir en temas importantes como la igualdad de derechos, en una época en la que ninguna mujer podía disentir de su marido, y menos la primera dama estadounidense: “Quiero igualdad de derechos para mujeres y hombres, para todo el mundo”.

 

Una primera dama no exenta de polémica

Barbara Bush no evitaba sus opiniones, incluso cuando éstas la ponían en situaciones delicadas. En 2005, cuando visitaba a las víctimas del huracán Katrina en Houston, recalcó que muchos de los que se encontraban refugiados en un estadio “ya eran gente no privilegiada de todos modos”, y que las condiciones en las que se encontraban dentro del estadio de fútbol “funcionaban bastante bien para ellos”. Unas palabras que fueron recibidas como insensibles y condescendientes, en un momento duro para el mandato de su hijo George W. Bush.

Dos años antes, cuando se ordenó la invasión de Iraq, dijo en una entrevista en televisión que no había seguido las noticias ni visto imágenes de la invasión, porque según ella: “¿Por qué deberíamos oír hablar de bolsas de cadáveres, y números de muertos y cómo murieron?”. Y preguntó en directo: “¿Por qué debería malgastar mi preciosa mente en ello?”.

Una forma de hablar en directo que muy posiblemente comprometió la carrera a la presidencia de otro de sus seis hijos, Jeb Bush. Cuando en 2013 se le preguntó a Barbara sobre la posibilidad de Jeb de ser presidente en 2016, su respuesta fue: “La verdad es que no lo creo. Hay otra gente por ahí mucho más preparada, y hemos tenido suficientes Bushes”.

 

Una influencia invisible

La señora Bush siempre insistió en que se mantenía fuera de los asuntos de su marido, pero según la prensa estadounidense aquellos que la conocían aseguraban que no evitaba decirle lo que pensaba a su marido mientras éste fuese presidente. “Tienes que tener influencia” escribió Barbara en 1992; “Cuando llevas 42 años casada tienes que tener algún tipo de influencia, o estás haciendo algo muy mal”.

Una mujer fuerte que aseguró que ella sólo quería ser recordada como “esposa, madre y abuela”, algo que escribió en 1988. Aseguraba que “es lo que soy, y me gustaría ser reconocida como alguien que realmente se preocupó por la gente y que trabajó muy, muy duro, por hacer al pueblo estadounidense más instruido”.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre