Antes de leer este artículo le voy a pedir, querido lector, querida lectora, que haga un ejercicio: desnúdese de prejuicios, incluso de sus ideas más pensadas y mejor articuladas. Dejemos a un lado lo que usted piense al respecto de la cuestión catalana o del Brexit. Le invito a hacer un análisis de algo más general: la democracia.

Se ha escrito ya mucho sobre esta cuestión que traigo a la mesa. La teoría del Derecho, la Filosofía del Derecho, la ciencia política y muchas más áreas de conocimiento han sembrado buenos textos que sin duda profundizan, analizan y sirven para hacernos pensar. Aquí sencillamente planteo algunas cuestiones que me resultan de gran interés ante lo que acontece y que, muchas veces, por aquellas cuestiones que pensamos, o más bien por aquello que quieren que pensemos, nos pasan inadvertidas.

Tanto lo que ocurre en Reino Unido como en el Reino de España nos da la oportunidad de pensar sobre los limites de la Democracia y de la Ley. Yo le pregunto: ¿qué está por encima: la ley es el límite de la Democracia o es la democracia la que transforma la ley?

Si se fija, el rey Felipe VI ha planteado ya en varias ocasiones que es la ley la que sirve de paraguas para fijar los límites de todo. El imperio de la Ley: lo que diga la Ley es lo importante, quienes interpreten la Ley nos marcan la senda.

Precisamente, si la ley no te deja hacer una consulta y la haces, estás atentando contra la Ley. Y en base a la importancia que le quieras dar a la Ley, podrás o no ser juzgado con mayor o menor dureza.

Al mismo tiempo que aquí estamos valorando estas cuestiones (en realidad no se valoran lo suficiente, pues no veo yo que el debate se esté planteando de manera pública en ningún lugar), en Reino Unido observamos cómo el Parlamento decide, gira, sube y baja en base a las decisiones que sus parlamentarios están tomando. Concretamente la cuestión surge cuando ayer aprueban que sean publicados documentos confidenciales, conversaciones privadas relativas al Brexit Duro. Hubo quien planteaba que esto podría estar violando derechos de los trabajadores del Parlamento británico, y la cuestión ahora es: si se ha aprobado esta moción parlamentaria, ¿qué tendría más valor: que los diputados aprueben el acceso a información que consideran relevante para la decisión de una cuestión que afecta al país, o mantener bajo llave documentos y conversaciones que podrían tener información importante?

Hablamos entonces de la balanza entre salvaguardar derechos o garantizar la capacidad de decidir accediendo a información y debatiendo sobre la misma.

Otro ejemplo: la ley sobre el Brexit determina que se marchan el 31 de octubre. Ayer, sin embargo, se aprobó también una modificación sobre la misma: si no hay un acuerdo con Bruselas el 19 de octubre, se ampliará el tiempo hasta el 31 de enero de 2020. De nuevo, la ley vuelve a cambiar por la mayoría parlamentaria que se ha ido transformando estos días. ¿Tiene más peso una ley que otra? Evidentemente, se avanza, se modifica, se cambian las mayorías. Eso si, ahora viene el debate porque los de Boris Jhonson consideran que la modificación de la ley que ayer se hizo no está bien hecha y que, precisamente por ello, no van a tenerla en cuenta. Esto significa que, básicamente, se agarran a lo que dice la ley para saltarse una ley. Las tretas y argucias del Estado de Derecho.

Pero sigamos: si un Parlamento es soberano para tomar decisiones políticas en base a las normas que lo regulan: ¿puede una mayoría parlamentaria tomar una decisión contraria a la ley? ¿Puede juzgarse a un representante público por llevar a cabo una promesa dada a sus votantes que, precisamente, le han votado para que la lleve a cabo? No es baladí este asunto, pues resulta que muchos dirán: siempre y cuando su actuación esté dentro del marco de la ley (o de la Constitución en su caso). Tiene sentido. Sin embargo, lo tendría realmente si no existieran por el camino aquellos organismos que «interpretan» la ley en base a criterios que nada tienen que ver con el Derecho, sino con los intereses políticos (o de otra índole) que los mueven. Y una vez que se crean este tipo de organismos para retorcer, tergiversar y utilizar la norma al albur de quienes tienen el poder, entonces, ya no es ético estar apelando a la Ley, al imperio de la Ley, cuando en realidad es una mera treta para no decir: aplicaremos la ley como nosotros queramos que para eso la administramos nosotros, y a nosotros nos hemos puesto nosotros mismos aquí, porque nadie nos vota. Ahí está la cuestión peligrosa: que puestos a «saltarse la ley», en el sentido de «interpretarla de una u otra manera», lo que estamos viendo en algunos casos cercanos es que la manera de entenderla y de imponerla viene dada por una serie de personas que han sido puestas en sus sillas debido a sus afinidades familiares, políticas, religiosas. No por su equilibrio y su pericia en el Derecho.

Y yo sigo preguntando: puestos a «interpretar las leyes», qué tiene más legitimidad en Democracia: que lo hagan unos magistrados que han sido nombrados de forma «hereditaria» en un sistema dudoso y criticado hasta la saciedad, o que los parlamentarios tomen decisiones de manera abierta y pública, con debates parlamentarios, para interpretar en un sentido o en otro una determinada norma.

Se trataría en definitiva de observar lo que está sucediendo en España y en Reino Unido: el imperio de las togas frente a un Parlamento soberano. Un rey que ha decidido posicionarse políticamente y una reina que está al servicio de lo que le ordene su pueblo a través de los representantes políticos.

Estamos ante una interesante oportunidad para hacernos preguntas como estas.

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2 Comentarios

  1. Si, deberíamos tener nuestras respuestas ja escritas y asimiladas.Pero no, no las tenemos ni la, echamos de menos. Hoy que, los estados lo dominan todo e, ignoran a sus ciudadanos, suelen pasar muchas cosas que benefician mucho, a los estados y sus «estadistas». Ignorando a los ciudadanos que, hicieron con sudor y lagrimas, una patria. Ahora los «estados»las destruyen. Perdimos la patria a manos de un criminal que goza después, de ochenta años, de buena salud en su tumba.

  2. Deberían ser juzgados los que no cumplen sus contratos verbales con el electorado. Y los que se aprovechan avariciosamente de su estatus. Esta democracia es muy cuestionable y la libertad es la misma que pueda tener un pájaro en su jaula. Una gran simulación de lo que verdaderamente no es. Saludos Beatriz. Pensar tenía que ser deporte.

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