Eva Sannum, aquella novia nórdica de Felipe VI que hace dos décadas acaparó las portadas del papel couché, asegura que se alegra de no haber aceptado ser reina España. Su entrevista con el diario Aftenpostes viene a demostrar que las niñas ya no quieren ser princesas, que la monarquía ya no es lo que era y que el papel de monarca pronto entrará en la lista de oficios en trance de desaparición, como el cartero, el relojero o el remendón de zapatos. El cargo empieza a estar mal visto después de que la realeza europea haya tocado fondo en su imparable proceso de degradación, decadencia y pérdida de glamour y confianza entre el pueblo.

El nombre de Sannum saltó a las primeras páginas de los periódicos hace más de veinte años, cuando se la relacionó sentimentalmente con el entonces Príncipe de Asturias, e incluso se llegó a hablar de ella como futura reina de España. Hoy, con todo lo que ha llovido en Zarzuela, con el vendaval de escándalos financieros y amoríos del rey emérito, la mujer que en aquellos años copaba los reportajes de las revistas concluye que en su día tomó la decisión correcta. Como telón de fondo de su confesión, sin duda, está la entrevista que los duques de Sussex mantuvieron hace unos días con Oprah Winfrey y que ha sacudido los cimientos de los palacios y las dinastías del viejo continente. “Me identifico con Meghan Markle, con venir de algo completamente diferente, con formar parte de una familia tan especial. Como muchos han señalado, tal vez Enrique debería haberle informado sobre eso”, asegura Sannum.

Ahora que las coronas de media Europa se tambalean como esos esqueletos de dinosaurios de los museos de ciencias naturales, las palabras de Eva Sannum no dejan de ser el epitafio perfecto para el romance que vivió con Felipe. La monarquía se ha convertido en un fósil del pasado, un anacronismo medieval que ha perdido sentido, si es que lo tuvo alguna vez. Los europeos de hoy exigen más igualdad, no privilegios ancestrales ni inviolabilidades injustificables; más justicia social y fraternidad, no elitismos clasistas; en definitiva, más feminismo, menos Ley Sálica patriarcal, más democracia republicana y menos sangre azul.

Con el paso del tiempo, la Sannum se alegra de no haber hecho realidad el sueño infantil de la Cenicienta a la que querían calzarle un falso zapato de cristal para convertirla en princesa. La noruega que se hizo la sueca al darle calabazas a la monarquía española rechazó entrar en la historia, dio portazo a la gloria y dijo no al cuento de hadas que a menudo suele acabar en pesadilla, como ya ocurrió con tantas otras, véase la misma Lady Di. De Grace Kelly se dice que tuvo que lidiar con la incomprensión de la aristocracia monegasca: “Las mujeres, aquí en Mónaco, no me quieren, así que tengo que ver todo lo que digo y todo lo que hago porque son muy críticos”. La maravillosa protagonista de La ventana indiscreta probó en sus propias carnes la arrogancia de toda esa gente envarada, enjoyada y rancia de las sagas caducas.  

A buen seguro, de haberse metido en la aventura de ser reina de España, Eva Sannum ahora tendría que convivir con el escándalo permanente, con los chascarrillos y burlas del pueblo, con un cuñado presidiario, con unas cuñadas aprovechadas que se vacunan en la clandestinidad y con un suegro que ha vendido su fabulosa reputación por un puñado de maravedíes árabes y una máquina de contar de billetes. En resumen, Sannum se ha librado de los avatares propios de una familia desestructurada y de la maldición hispana de los Borbones, que de la noche a la mañana han pasado de la solemnidad a la tragicomedia para hazmerreír y escándalo de media Europa.

Toda esa pesada dote que no es como para envidiar recae ahora sobre las espaldas de Letizia, y cosas aún peores, como los artículos venenosos del viperino Peñafiel, que suele tratarla de “exrepublicana, exatea y exizquierdosa”, una plebeya advenediza empeñada en instaurar “una monarquía comunista” en España. Seguramente, entre lo malo que tiene ser reina en pleno siglo XXI lo peor de todo es tener que desayunarse con las diatribas y los severos correctivos del vejete periodista, fiscal y censor de la moralidad y las buenas costumbres de Zarzuela.

Eva Sannum ha podido vender su historia de cinco años de noviazgo con el príncipe Felipe y no lo ha hecho, pese a la sarta de mentiras que se han contado sobre ella. Y no fue por falta de ofertas, lo cual la honra todavía más. Ahora que el docudrama se vuelve a poner de moda tras la confesión de Rocío Carrasco, la celebrity que se ha abierto en canal para contar pelos y señales sobre su calvario con su ex el picoleto, a la Casa Real española lo último que le faltaba era que se abriera también el melón de Eva Sannum. En cualquier caso, para eso están los esbirros del CNI, para informar a las rubias hitchcockianas que han pasado por palacio sobre cuáles son sus derechos y sus obligaciones, como ya hicieron con Corinna Larsen. “Cuando eliges no comentar nunca algo, como hice yo, muchas veces se establecen en la prensa algunas verdades que no corresponden a la realidad. Que una declaración se repita con frecuencia no significa que sea cierta”, ha dicho en su entrevista con la prensa noruega.

La confesión de esta nueva Eva al desnudo demuestra que, por hache o por be, ser rey o reina ya no es un cargo socialmente valorado, aunque habría que preguntarle al CIS y Tezanos siempre se niega. Lo cual nos vuelve a recordar que este país tiene pendiente un referéndum monarquía/república, cada vez más lejos ahora que Pablo Iglesias ha dimitido del Gobierno o lo han hecho dimitir, por frustración, cansancio y hastío, los señores del Íbex 35. La monarquía se resiste a un final que es un canto de cisne. Hoy mismo han enviado a la princesa Leonor a su primer acto en solitario en el Instituto Cervantes. La heredera de lo poco que queda de este Reino ibérico hecho unos zorros empieza a dar sus primeros pasos en política, una auténtica aberración porque a su edad la niña tendría que estar jugando al Fortnite con las amigas y no pensando en el futuro de la nación. A la criatura quieren internarla en el Hogwarts de la realeza europea, allá en el brumoso Gales, con el frío que hace y el nieblazo como para deprimir a cualquiera que cae a todas horas. Le han metido mucho Kurosawa en vena, mucha hípica, mucho protocolo y mucho inglés. Ahora falta que la jovencita sea feliz y no le pase como a la tía Sannum, que le pusieron el trono de España delante de las narices y salió por piernas. Chica lista.

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