Los recursos de la tierra son finitos y la necesidad de un nuevo modelo económico es apremiante. Foto: Flickr.

Thomas Malthus anunció hace casi tres siglos los desastres que traería la superpoblación. El ser humano se reproduce mucho más rápido que los recursos del planeta y, además, lo hace de una manera irresponsable tal y como demuestra la cantidad de residuos que generamos. La economía circular se presenta como el antídoto perfecto a las teorías Malthusianas, ya que propone que los recursos de la tierra se utilicen de una manera responsable. Es decir, solo cuando sean estrictamente necesarios y, además, garantizando su reutilización una y otra vez. Propiciando, de este modo, que no se generen residuos de ningún tipo. Europa confía plenamente en este modelo económico. Así lo demuestra que con la partida de los fondos para la reconstrucción de los efectos de la pandemia la sostenibilidad sea un requisito a cumplir.

Sangrar la tierra

“La economía circular nace de la sostenibilidad pero va mucho más allá“, explica a Diario 16  la investigadora Cristina Giménez Vega, directora de Aditum. Empresa desde la que forma a profesionales y ayuda al desarrollo de proyectos basados en la economía circular. La economía tradicional somete al planeta a un desgaste continuo. Frente al producir, comprar, usar y tirar la economía circular propone la reutilización constante de aquellos materiales finitos que la tierra nos ofrece. “La economía circular pretende utilizar al mínimo los recursos naturales. Además de generar productos o servicios que alarguen la vida de estos recursos, y de los productos que creamos a partir de ellos”, continúa la investigadora.

Sin generar residuos

La economía circular es diferente a la gestión de residuos, ya que en la primera, se pretende no generar ningún tipo de basura o de material reciclable; mientras que la segunda, se basa en el aprovechamiento de los residuos. Aunque hay intereses que pretenden que parezcan lo mismo, como son las empresas que gestionan los residuos y que se benefician de contratos millonarios. A estas empresas les interesa aglutinar todo lo que sea sostenibilidad y así tener más fuerza a la hora de negociar sus condiciones. Pero la economía circular no obvia que hay mucho material ya utilizado que corre el riesgo de acabar en los vertederos generando un impacto negativo en el medio ambiente. “Tenemos un mundo construido. Hay muchos materiales que ha costado mucho extraerlos y traerlos a nuestras ciudades. Mediante un proceso que se conoce como Minería Urbana se les da un nuevo uso”, explica Giménez vega.

Ejemplos

Hay muchos ejemplos de productos que están siendo creados en base a la economía circular: hojas secas que se someten a un tratamiento biológico y acaban convertidas en ladrillos; aparatos eléctricos fáciles de reparar cuyos componentes, una vez acabada la vida útil del artículo, pueden ser reutilizados; neumáticos que cuando ya no son aptos para la circulación se convierten en asfalto para las carreteras o en suelo para parques infantiles son algunos de los logros de este modelo económico que garantiza la sostenibilidad como ningún otro.

Los gobiernos despiertan

Los gobiernos están reaccionando, aunque tarde, y cada vez los presupuestos que manejan tienen en cuenta la sostenibilidad incluso en estos tiempos de Covid. “Los fondos de recuperación europeos para la reconstrucción insisten en la sostenibilidad y en la digitalización”, explica Cristina. Que también nos cuenta cómo los gobiernos están empezando a aplicar leyes que penalizan la fabricación de excedentes: “Francia ha prohibido destruir productos de moda lo cual obliga a los fabricantes producir lo que saben que van a vender”. Un aliado en este sentido es la digitalización y en concreto la impresión 3D que permite fabricar bajo demanda. “En lugar de fabricar miles de zapatillas, y llenar almacenes y estanterías, se fabrica la zapatilla cuando tú la compras con impresión 3D”, continúa la directora de Aditum.

Cambio de modelo

“El modelo tiene que cambiar. Ya no se trata de vender muchos productos, sino consumir menos y que estos productos generen más rentabilidad, más riqueza y más empleo”, contempla Cristina como única manera de congeniar menor impacto medioambiental y sostenibilidad del sistema productivo. Pero este modelo económico no se acaba de inventar: “hay muchas escuelas de pensamiento desde los años 70 que vienen desarrollando lo que hoy llamamos economía circular”, y es que el insostenible crecimiento demográfico que profetizó aquel científico metido a cura que fue Malthus quizá pueda ser reversible. Y se cumpla el pronóstico del padre de los socialistas, Carl Marx, que confió en que tecnología y ciencia permitirían que los recursos del planeta no se extinguiesen. La economía circular representa  a esta visión mucho más esperanzadora.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre