La Unión ha venido evolucionando, con un cierto paralelismo al del mundo de la Web. El “mundo analógico” se acabó con el tratado de Maastricht. Sí, ese tratado al que se ha apuntado Gibraltar.

El Tratado de la Unión Europea se firmó en Maastricht el 7 de febrero de 1992. Conforme a dicho Tratado, la Unión se fundamenta en las Comunidades Europeas (primer pilar), más dos ámbitos de cooperación adicionales (segundo y tercer pilar): la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) y el ámbito de Justicia y Asuntos de Interior (JAI). Con la entrada en vigor de este, el de Tratado de la Unión Europea, la CEE se convirtió en la Comunidad Europea (CE). Entró en vigor: 1 de noviembre de 1993

Podemos decir que la primera generación, “la generación 1.0”, va desde la puesta en marcha del tratado de Maastricht hasta hasta el 1 de diciembre de 2009, fecha de entrada en vigor de la Carta de Derechos Fundamentales de los Ciudadanos de la Unión, que acompaña ya por siempre al TUE Y AL TFUE, cerrados en Lisboa.

Al igual que en la Web 1.0, en ese primer momento, el ciudadano era sólo ente pasivo, su actividad era de solo lectura, ya que éste no podía interactuar con el contenido normativo. Estaba la información totalmente limitada a lo que el Webmaster (la UE) le interesaba que se conociera. Los actores reales eran los estados, la Comisión y las empresas. Sólo el ámbito del Derecho laboral y Fiscal, iban algo por delante, en ese momento en el reconocimiento de derechos y obligaciones.

La “generación 2.0” la podríamos situar desde esa fecha, en 2009, hasta el inicio del Brexit, y por poner una fecha sería la del 20 de mayo de 2015 en que se publicó en el Diario Oficial de la Unión Europea la Directiva (UE) 2015/849 del Parlamento Europeo y del Consejo relativa a la prevención de la utilización del sistema financiero para el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, la llamada Cuarta Directiva.

A partir de 2009 se detecta una nueva actitud o que se resume en tres principios básicos: la Unión como plataforma, la inteligencia colectiva y la arquitectura de la participación en pos de la transparencia. Es decir el ciudadano pasa a ser partícipe y actor, aunque secundario. Se empiezan a cristalizar en las normas los derechos establecidos en la Carta. Hay un enfoque más colaborativo y de construcción social, fenómenos sociales como el 15-M tuvieron que ver en en cambio de fondo que eso representó.

En este momento es cuando la incomodidad del Reino Unido estalla. Nace la idea del Brexit.

A partir de 2015, nace una nueva generación de directivas, donde los estados ceden soberanía como nunca lo hicieron. La “generación 3.0” entiende ya la Unión como un todo, jurídico, administrativo y político, donde la cúpula jerárquica de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial es la UE, ella y sólo ella.

La Unión Europea asume desde un primer momento que lo del Brexit es un divorcio en toda regla, y que más pronto o más tarde, se materializará. Y obtiene el cierre de filas a su alrededor de los 27 estados restantes.

En esta fase, cada vez tienen más importancia los metadatos semánticos (ontologías); normas que aportan un valor añadido a la información, la diferencian y la hacen más inteligente y seguida por estados dentro de la Unión y fuera de la misma; normas aceptadas por multinacionales que entienden beneficioso para sus intereses asumir los principios de la Unión globalmente.

El llamado “efecto Bruselas”, es aquel fenómeno en que las normas de la Unión ya no son tratadas por su sintáctica sino por su semántica.

Posiblemente, a partir de 2021 pasaremos a un nuevo escenario, el 4.0, donde nos moveremos hacia una Unión Europea única y ubicua; (estará en todas partes), donde el objetivo primordial será el de unir los intereses e inteligencias, para que tanto las personas como las empresas se comuniquen entre sí para generar la toma de decisiones y alcanzar nuevos derechos, generando un nuevo modelo de gestión pública.

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