“ETA buscaba una masacre en España” “en esta ocasión ha conseguido su objetivo», Ángel Acebes, Ministro del Interior del Gobierno de Aznar. 11 de marzo de 2004.

La peor masacre terrorista de la historia reciente no tenía como responsables a los etarras sino a los grupos islamistas radicales. Recordar esto no es ningún intento de desagraviar el dolor causado por tantos años de barbarie en el país vasco. Recordar que las primeras palabras de la máxima autoridad en seguridad por aquel entonces fueran para señalar a ETA cuando por aquel entonces ya había las famosas “dos vías de investigación” sirve para darse cuenta de que ETA y sus acciones también servían de cortina de humo.

A raíz de aquel atentado el PP perdió unas elecciones generales. No tanto por el hecho en sí sino, quizá, por la gestión del mismo y la sensación generalizada de que el Gobierno les mintió. ¿Por qué lo hizo? La guerra de Irak también golpeó a occidente en forma de terrorismo, Aznar había metido de lleno a su país en aquel conflicto armado y temía que se le responsabilizara políticamente del ataque. Parece ser, pues, que señalar directamente a ETA “iba bien” para ocasiones como aquella. Un año más tarde y con un Gobierno del PSOE al mando, el lehendakari Ibarretxe recibió un portazo con gran estruendo a su Plan de nuevo estatuto para Euskadi. El pretexto de Zapatero fue el ya célebre: “en ausencia de violencia se puede hablar de todo”.

Y no olvidemos la cantidad de portadas ingentes que copó la visita de Carod-Rovira en Perpinyà para dar a entender que el gobierno de izquierdas recién formado en Catalunya era casi un brazo más de la banda terrorista.

Por aquel entonces ETA había pasado de ser –en palabras del mismo Aznar- el “grupo de liberación vasco” a ser una organización salida del mismísimo infierno que “iba bien” como excusa contra cualquier tipo de movimiento que molestase al Estado.

Pasado el tiempo se ha revelado como una sentencia absolutamente falsa después de lo acontecido para con Catalunya y el Procés –aunque se han empecinado, sí o sí, en encontrar violencia donde nunca la ha habido para justificar su causa general-. Tanto el PSOE como el PP se han negado obstinadamente a dialogar con Catalunya –hasta 18 veces se ha pedido formalmente un referéndum- a pesar de un lustro de manifestaciones absolutamente pacíficas para reivindicar el derecho de autodeterminación.

Durante los 80, los 90 y principios de los 00 buena parte de los discursos y campañas del PP y del PSOE se basaron en dar la imagen de que Ellos eran la garantía de acabar con el terrorismo de ETA. Los dos grandes partidos competían en las plazas para demostrar cuál de los dos era el más duro contra el terror. Es decir, tanto el PP como el PSOE hacían del terrorismo campaña electoral –a pesar de haber firmado un pacto en el que se comprometían a no hacerlo- de forma impúdica y pasándose por el Arco del triunfo las víctimas y su memoria –empezando por las suyas mismas- . Quizá sea por esto que los líderes políticos de hoy han acogido con gran frialdad el anuncio de disolución de la banda. En cualquier país normal hubiera sido un día de júbilo y se hubiera celebrado.

Todo esto, se me entienda, no es óbice para no condenar el daño que hizo ETA y quiero remarcarlo. Es absolutamente execrable y condenable perseguir, secuestrar, matar a quien sea. Y más lo es hacerlo por las ideas que uno tiene. Sea como sea, y aunque parezca que molesta a algunos, ETA ya es historia, celebrémoslo.

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