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Esto, también es cierto

Así que, ya que tienes que llegar hasta la orilla, para que hacerlo nadando... Si puedes ir cómodamente en un fueraborda

Isabel Bailo Domínguez
Isabel Bailo Domínguez
Profesora de educación infantil, técnica fitosanitaria cualificada, técnica medioambiental y forestal, madre a tiempo completo, actualmente estudiante de grado de historia y Rebelde con causa.
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análisis

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Se habla y mucho, de lo mal gestionados que están los centros de menores en Madrid. De lo mal que lo están pasando los adolescentes allí, de que están desatendidos, de que no comen bien, dicen que las instalaciones son deplorables,  que no estudian y que los educadores en general pasan de sus inquietudes, temores, o problemas que éstos puedan tener, (ya que su trabajo es solo cumplir con los horarios,)  que les tienen manía por lo problemáticos que son.

Dicen, que los centros de menores de Madrid son  «aparcaniños», 

que los dejan allí hasta que cumplen la mayoría de edad y que entonces los sueltan… como los toros  en la fiestas de Sanfermines y ale!  búscate la vida chav@l!!

Pues bien, no pongo en duda que  estos temas puedan suceder en algún centro , pero también sé (porque lamentablemente tengo a mi sobrina de acogida en uno de ellos) que todo esto, en su caso, es completamente distinto.

Ella, la primera vez que entro en un centro de menores fue a la tierna edad de 2 añitos, y a los 4 , la acogieron, estuvo en la familia casi 12 años hasta que sus padres adoptivos, la abandonaron y  por  «segunda vez en su vida» tuvo que pasar por ese sufrimiento a la edad de 15 años. Ahora no le queda  más remedio que estar en un centro abierto,  hasta que cumpla los 18 años. No sin antes , haberse  sacado 4° de la ESO con sobresalientes y empezado un grado medio para conseguir llegar hasta donde ella quiera y sueñe. 

Lo primero que hay que diferenciar es que tipos de centros existen y para que están especializados .

Hay mucha variabilidad entre comunidades y entre tipos de centros. Puede haber residencias con menos de 10 plazas y otras con más de 50. En todo caso, la tendencia es que incluso los centros más grandes estén optando por crear unidades de convivencia que permitan un trato más personalizado.

Cuando llegan por primera vez entran en lo que se denominan centros de primera acogida y valoración.

Los jóvenes que llegan  no pasan mucho tiempo en este centro, ya que allí se evalúa su situación para derivarles a otros recursos de la red de acogida adaptados a su necesidades.

Estos, son pisos o unidades de convivencia dirigidos a menores de 12 a 18 años que se encuentran en preadolescencia o adolescencia y que cuentan con un grado de madurez que les permite involucrarse en su proyecto de vida. Ahí desarrollan acciones relacionadas con la inserción formativa y sociolaboral.

También hay que tener en cuenta que España ha tenido una presencia mayor de niños estos últimos años que necesitan protección, debido  al incremento de la llegada de menores extranjeros no acompañados, para los que ha habido que habilitar recursos en poco tiempo. Cuando esto sucede, puede haber descompensación entre plazas y niños, y supone que no se cumplan las condiciones previstas en las medidas de protección, como las ratios por educador, el número de camas o de habitaciones necesarias o la posibilidad de realizar cursos o formaciones.

Lo que se intenta en estos centros, es que los niños y niñas lleven una vida lo más «normalizada» posible. Por eso, a su llegada se traza un plan educativo y de cuidado con objetivos sobre los que hay que ir trabajando. 

A diferencia de lo que ocurría en otros tiempos, «toda la atención sanitaria, educativa, las actividades deportivas, etcétera, se realizan en los espacios donde los reciben el resto de niños y niñas», es decir fuera del centro, además,  estos menores no tienen prohibido salir a la calle y que, en general, pueden hacerlo de manera autónoma siguiendo las normas establecidas por cada centro. «Como ocurre en cualquier familia», en función de su edad tienen más o menos libertad para salir. Además, también los que tienen la suerte de tener familia que se interesa por su bienestar, pueden realizar salidas con pernoctas durante los días de vacaciones escolares, navidades etc.  

No obstante, algunos centros especiales, como los que atienden adicciones, sí pueden valorar la pertinencia de proteger al niño o niña restringiendo sus salidas y horarios.

Pues bien,  recopilando toda esta información y la experiencia  recogida a lo largo de todos estos meses de convivencia de mi sobrina con respecto al centro donde ella está, y el trato que yo he recibido por todos los educadores, el director, y en especial una mención a la coordinadora de servicios sociales del mismo, porque no se puede ser más amable , atenta y dispuesta siempre a echar una mano… puedo afirmar que son grandes profesionales, además de personas que se implican de verdad con ellos, los cuidan, los regañan, les sacan sonrisas, sufren  y además creen en ellos y en las segundas oportunidades. 

Sé, que no es una tarea fácil, pocas veces reconocida y menos, por unos adolescentes ( los cuales traen consigo traumas, ansiedades y todo tipo de conductas tóxicas arrastradas por sus propias vivencias ).

Por eso, quiero agradecerles toda la  grandísima labor que realizan por ellos cada día, y en especial el cuidado y atención por mi sobrina.

A ella van dirigidas estás últimas letras:

«Si no diseñas tu propio plan de vida, probablemente caigas en el plan de otra persona. Y adivina qué han planeado para ti. No mucho»

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