Después de dos semanas discutiendo, mensajes cruzados, llamadas, de órdenes y contraordenes, de lío jurídico, ya se ha producido lo que era más lógico. El Gobierno de Pedro Sánchez decretó el estado de alarma en Madrid. Medida que estará en vigor durante los próximos 15 días y afectará la capital y ocho grandes municipios de la comunidad. El jefe del gobierno central tomó esta decisión por iniciativa propia y en contra de lo que pretendía la presidenta de Madrid, Díaz Ayuso (PP).

En palabras del ministro de Sanidad, Salvador Illa, Ayuso decidió no hacer nada para frenar la curva de contagios y agotó al Gobierno. La paciencia tiene un límite, dijo el ministro en la rueda de prensa donde explicó los detalles del decreto. El Ejecutivo central cree que será suficiente que la alarma esté vigente dos semanas (en casos de prórroga tendrán que ser autorizadas por el Congreso). El real decreto se publicó en el Boletín Oficial del Estado la tarde del viernes, momento en que entró en vigor. El objetivo era eviten la salida de madrileños con motivo del puente de Pilar.

Díaz Ayuso, después del acto de la “banderita”, no ha llegado a acuerdo alguno con el gobierno central, a pesar de que fue ella quien pidió su ayuda. Ahora resulta que vive esta situación como si fuera un calvario personal. Una persecución de los enemigos socialistas que lo único que quieren es destruirla políticamente. Es decir, ella es la víctima no los que sufren la enfermedad y, menos todavía, las personas que pierdan la vida gracias a su nefasta gestión sanitaria.

El líder popular, Pablo Casado, respondió a la Moncloa ante la decisión, calificándola de partidista.   A pesar de no estar de acuerdo, aseguró que tanto su partido como Ayuso colaboraran con el gobierno central para aplicar la alarma con lealtad, a pesar de que insistirán cada día para que la levanten. En este enfrentamiento, Casado ha actuado de escudo de Ayuso, a quien los socialistas atacan. Para asegurar el cumplimiento del decreto, se han desplegado más de 7.000 policías y guardias civiles, según detalló el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

Si damos un vistazo atrás en el tiempo, recordaremos que Madrid ya tuvo muchos problemas para atender la primera oleada de contagios, se habilitó el palacio de hielo como depósito de cadáveres porque no se daba alcance para hacer los entierros. Los expertos sanitarios querían cerrar Madrid pero la decisión de la clase política fue otra. Con el tiempo se decretó el estado de alarma en todo el país pero se hizo demasiado tarde.

Lo que no se ha explicado mucho es la situación médica y hospitalaria, tanto en la capital como la comunidad, a causa de la privatización de la sanidad que se inició en época de Esperanza Aguirre y que, ante la pandemia, se demostró incapaz de dar respuesta a la avalancha de infectados, carencia de sanitarios y un número de Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) insuficientes. Vean el siguiente video donde se detalla cómo se llevó a cabo aquel cambio del modelo sanitario en Madrid.

En una situación de emergencia como la actual, Ayuso está más pendiente de la política que no de la pandemia. Ante la fiesta de la Hispanidad ha declarado a la prensa que la justicia, Madrid y el rey impedirán que Pedro Sánchez cambie el país por la puerta trasera, muestra más que fehaciente, que Madrid es España dentro de España, como había declarado días atrás.

El conocido virólogo Luis Enjuanes, el mayor experto español en coronavirus, cree que la gestión de la pandemia a Madrid no tiene ni jefe ni pies y ha estado muy duro en su crítica a Isabel Díaz Ayuso y en la Comunidad de Madrid. No lo puedo entender, me parece casi de retraso mental, señaló con toda franqueza Enjuanes.

¿Qué piensan ustedes, queridos lectores? ¿Qué defiende Ayuso, la economía o la salud de la gente? ¿Tiene lógica su protesta por el estado de alarma? ¿Madrid es intocable, ante la grave situación en que se encuentra? ¿No es vergonzoso el enfrentamiento político creado mientras la gente corre el riesgo de morir?

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