En cierta ocasión Boris Pérez quiso conocer más sobre el concepto de Esperanza de Vida. Sabía que la esperanza de vida que tiene una persona al nacer en una región o en un país determinado, es una estimación del número de años que por término medio vivirá un grupo de individuos que haya nacido en ese lugar en un mismo año, siempre que los movimientos en la tasa de mortalidad del sitio al que se refiera se mantengan constantes (es decir, sin la intervención de factores externos como epidemias, guerras y otras catástrofes). La Esperanza de Vida la utilizan las casas de seguros para calcular sus primas, y también sirve como un indicador de la calidad de vida.

Sin embargo, pensó Boris, la idea general de esperanza no se asocia con la estimación de un valor medio. De hecho cuando se juega a la lotería (o a cualquier juego de azar) la esperanza que tenemos es la de ganar un premio, y el promedio seguramente sea el de perder casi todo el dinero invertido.

Por esa misma razón, al hablar de esperanza de vida la idea general es la de que esperamos gozar de una vida larga, completa, en perfectas condiciones y en compañía de los seres queridos, y esta idea va mucho más allá. Son, por tanto, dos formas distintas de esperar que transcurra el tiempo.

Boris se acordó de su amigo Rodrigo, profesor en la Universidad, que comenta a sus estudiantes la siguiente sentencia del Tribunal de las Aguas: «el agua es un bien escaso no renovable por la voluntad del hombre», y a continuación les dice que lo mismo ocurre con el tiempo, que es un bien escaso no renovable por la voluntad del hombre, y que como estudiantes deben aprovecharlo.

Los medios de comunicación nos dicen que en España la esperanza de vida se ha situado en el grupo más alto, y está incluida dentro de los países que se encuentran por encima de los ochenta años. Pero Boris seguía pensando que son dos formas distintas de esperar que transcurra el tiempo, y que seguro que la esperanza de vida que tiene cada persona de sí misma es mucho mayor, con un tiempo que hay que aprovechar buscando la felicidad de cada uno y la de quienes nos rodean.

Se juega a la lotería con la esperanza de que toque un buen pellizco; se echa un curriculum o se hace una oposición con la esperanza de conseguir un trabajo; se vive la enfermedad con la esperanza de salir pronto de ella; y se va al fútbol con la esperanza de ver ganar al equipo de cada uno con independencia de quién sea el rival. En el fondo, concluyó Boris, se trata de dos cosas distintas: una cosa es la esperanza de vida y otra es vivir con esperanza.

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Profesor Titular de Universidad de la Universidad de Cádiz, en el Departamento de Estadística e Investigación Operativa, adscrito a la Facultad de Ciencias del Trabajo. Ha sido Vicerrector de Alumnos de la Universidad de Cádiz (desde el año 2003 hasta el 2013) y Vicerrector de Responsabilidad Social y Servicios Universitarios de la Universidad de Cádiz (desde 2013 hasta 2015). Durante estos doce años, ininterrumpidamente, ha tenido entre sus competencias el Área de Deportes de la Universidad de Cádiz. Ha promovido la creación del Aula Universitaria de Fútbol de la Universidad de Cádiz, y en estos momentos ocupa el cargo de Director del Aula de Fútbol. Tiene el título de Entrenador Nacional de Fútbol con Licencia UEFA-PRO. Ha entrenado en las categorías Infantil y Cadete del Cádiz C.F. desde el año 2010 hasta la actualidad. Además, en el Cádiz C.F. ocupa el cargo de Coordinador de Delegados y Auxiliares de Fútbol Base desde el año 2014.

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