En el año 2018 Hacienda recaudó poco más de 15.000 millones de euros en la lucha contra el fraude fiscal. En 2019, los inspectores lograron arañar un buen pellizco más, ya que la cifra se elevó a 15.715 millones, es decir, un 4,1% más. Las estadísticas demuestran que España está en el buen camino en la lucha contra la evasión al fisco y que algo está haciendo bien el Gobierno central a la hora de mejorar la política recaudatoria. El Ministerio de Hacienda aseguraba el pasado jueves que la mejora en los datos es “fruto del esfuerzo que se está haciendo”, ya que España presenta una de las mayores bolsas de fraude fiscal y evasión de capitales de toda la Unión Europea. Sin duda, el refuerzo en la labor de inspección y control de la Agencia Tributaria, el incremento en el número de expedientes de investigación, el límite a las bases imponibles negativas y la mejor gestión de las deducciones y exenciones a aplicar, sobre todo de las grandes empresas, están reduciendo el margen de actuación de los defraudadores.

Todos estos datos demuestran que si un Estado se emplea a fondo y pone los medios adecuados se puede perseguir con eficacia el fraude y localizar a aquellos que tratan de eludir su obligación de pagar los impuestos establecidos por la ley. En medio de una pandemia de grandes dimensiones como la que devasta la economía del país, resulta absolutamente prioritario acabar con el fraude fiscal, ya que el dinero que no llega a las arcas públicas supone menos recursos para la Sanidad, necesitada de más medios humanos y materiales. Con impuestos más justos y redistributivos España podría garantizar los servicios públicos que permiten el sostenimiento del Estado de Bienestar. Por esa razón es tan importante la reforma fiscal que prepara el Gobierno de coalición bajo la premisa de que paguen más los que más tienen y por eso es preciso desmontar la patraña de las derechas y sus gurús neoliberales, que mantienen que bajando los impuestos se puede seguir manteniendo la Sanidad pública y el resto de servicios. Tal afirmación es absolutamente falsa, tal como explicó ayer en un programa de televisión de La Sexta el profesor de Economía de la Universidad de Barcelona Gonzalo Bernardos. “En los últimos años, las ganancias obtenidas en el exterior por las grandes empresas han aumentado de forma espectacular. Un aspecto que sugiere, al estar exentas parcial o totalmente de tributar en España, la existencia de maquillaje contable (…) En definitiva, es posible recaudar más y de forma más justa. Para ello, solo se necesita voluntad política y capacidad de resistencia a los grupos de presión”.

Pese a que Pablo Casado cree que España es un “infierno fiscal”, nada más lejos de la realidad. El sistema tributario y recaudatorio español es de los más blandos y benignos de Europa. Las cifras hablan por sí solas del gigantesco problema al que nos enfrentamos. El Sindicato de Técnicos de Hacienda (Gestha) considera que España recauda 59.000 millones de euros menos respecto a lo que le correspondería en el caso de contar con una presión fiscal media homologada a los países de la Unión Europea. Gestha achaca este desequilibrio a la economía sumergida, ya que si este fenómeno se redujese en apenas 10 puntos se podrían recaudar más de 38.000 millones.

Datos aportados por la agencia de noticias Europa Press apuntan a que, respecto a la media de la UE, el mayor déficit recaudatorio de España se registra en los impuestos sobre la renta y el patrimonio de las personas (20.400 millones), seguida de las contribuciones sociales (10.800 millones). La elusión de las grandes fortunas, seguida por el déficit de la progresividad de la renta dual y de las escalas de gravamen en el IRPF, así como las altas bonificaciones autonómicas en el Impuesto de Patrimonio y en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones son las causas principales la brecha recaudatoria en los impuestos personales. Por otra parte, los técnicos de Hacienda apuntan que el Impuesto de Sociedades aún está muy lejos de sobrepasar los 44.823 millones ingresados por España en 2007, hace 12 años. De hecho, este tributo acumula aún un desplome del 44,2%, de forma que los 19.819 millones de euros que las empresas no ingresarán respecto a 2007 conforman la segunda “grieta” más importante, después de la del fraude fiscal, por la que España pierde ingresos.

En este contexto, Gestha urge a abrir un amplio debate para llevar adelante una propuesta de reforma fiscal que posibilite disponer de recursos suficientes para atender a los gastos públicos e inversiones, así como reducir el déficit y el endeudamiento. A su juicio, la reforma debería plantear el reto de lograr una mayor redistribución de la renta y la riqueza entre los ciudadanos, al tiempo que insta a priorizar la reducción de la elusión y la evasión fiscal y la mejora de la gestión de los fondos públicos.

En este sentido, Gestha propone, entre otras medidas, establecer un nuevo régimen de exigencia de responsabilidad administrativa, y en su caso, patrimonial, al gestor del gasto, que corrija la actual impunidad de muchas actuaciones que, aun no constituyendo delito o incumplimiento contable, supongan una “irresponsable disposición de los fondos públicos en infraestructuras con escaso o nulo aprovechamiento o con costes exagerados”.

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2 Comentarios

  1. c. En los países que hay mas ricos hay menos pobres que en los países que hay menos ricos. Los empresarios no se vuelven ricos robando a los pobres (aunque algunos lo hagan) sino creando riqueza.

    Por otra parte igual presión fiscal no debe ser la misma en un país pobre que en uno rico.

    Si gano 1000 (España) y la presión fiscal es del 25% me quedan 750 euros.

    Si gano 3000 (Finlandia) y la presión fiscal es el doble 50% me quedan 1500 euros.

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