La pobreza también es cosa de los trabajadores.

La crisis y la precariedad de los contratos, a través de regulaciones para favorecer al ámbito empresarial, ha creado una nueva figura: la del trabajador pobre. Ya nada es como antes. Difícil entrar en una empresa para el resto de la vida laboral y muy complicado encontrar sueldos, para el españolito medio, que alcance los 2.000 euros netos. Así encontramos a profesionales pilotos de aviación o del Periodismo que apenas alcanzan para sobrevivir. Algunos de estos expertos en Comunicación son conocidos a través de sus apariciones en medios.

Otro sector difícil para sus plantillas es de las empresas privadas que sobreviven como proveedor de la Administración Pública. Curioso que desde el propio Estado se alimente contratar a la baja, a la oferta más barata sin importar calidad, que sólo engorda las arcas de las grandes empresas donde los sueldos y las condiciones de los profesionales están muy por debajo de la dignidad salarial. La subcontratación de las empresas que a su vez contratan Ministerios como Fomento o Sanidad sólo llevan a la precariedad.

Sorprendería conocer que hay periodistas muy reconocidos, rostros colaboradores de la televisión, que apenas alcanzan los 1.300 euros de sueldo. Y sin pagas extras, por supuesto.

La precariedad que fomentan los ministerios

Como ya adelantó diario16.com, otro de los problemas de la Administración, a través de la contratación de empresas privadas, es que hay una tendencia a favorecer siempre a los mismos grupos empresariales. De hecho, innumerables empresas españolas no pueden presentarse a concursos públicos porque, de forma paradójica, es la propia Administración quien se lo impide. El Estado exige a las empresas en las convocatorias, como requisito imprescindible, que estén inscritas en el Registro Oficial de Licitadores y Empresas Clasificadas del Estado (ROLECE), pero es la Administración quien realiza los trámites y ya lleva un año de retraso con las solicitudes que ha recibido.

Empresas, según ha podido saber Diario16, que presentaron sus solicitudes en septiembre de 2018 todavía no han recibido respuesta y, por tanto, están eliminadas de las convocatorias aunque cumplan los requisitos técnicos y económicos.

Así, estos ministerios fomentan esa precariedad para que les saquen las castañas del fuego empresas privadas, a través de contratos ridículos, en temas tan importantes como la construcción de infraestructuras o la organización de congresos, jornadas o encuentros profesionales al más alto nivel.

Gritos de justicia

Desde los sindicatos hasta la propia Iglesia, a través de organizaciones como Cáritas, se han lanzado ya gritos pidiendo justicia por un empleo digno.

En este sentido, bajo el lema “Frente a la indecente precariedad, trabajo decente, como Dios quiere”, las entidades promotoras de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) –Cáritas, Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Justicia y Paz, Juventud Estudiante Católica (JEC) y Juventud Obrera Cristiana (JOC)— lanzan un Manifiesto con motivo de la celebración, el 7 de octubre, de la Jornada Mundial por el Trabajo Decente en el que denuncian “la indecente precariedad que sufre el mundo del trabajo” y urgen “a adoptar las medidas necesarias para conseguir que el Trabajo Decente sea una realidad accesible para todas las personas”.

En el manifiesto, estas entidades recuerdan la apuesta común alcanzada en junio pasado durante la 108ª Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo, en la que se celebró su Centenario, “de aprovechar todo el potencial del progreso tecnológico y el crecimiento de la productividad para lograr trabajo decente y desarrollo sostenible, que permitan asegurar la dignidad, la realización personal y una distribución equitativa de los beneficios para todos”.

Problema internacional

En los últimos años se ha instalado en nuestra sociedad una nueva categoría laboral, análoga a los ‘working poor’ estadounidenses surgidos a finales de los años 80 del siglo XX, que recibe el nombre de “trabajadores pobres”.

La recesión económica, las políticas neoliberales y la desigualdad socio-laboral emanada de la segmentación del mercado de trabajo han hecho aflorar la situación de estos trabajadores ocupados, cuya tasa se sitúa en el 14.8%, según los datos ofrecidos por el informe de la Fundación Foessa de Cáritas para el año 2016.

Se consideran trabajadores pobres las personas que pese a desarrollar un trabajo remunerado dentro del mercado de trabajo actual no logran distanciarse del umbral de la pobreza monetaria relativa, ni sortear el riesgo de encontrarse ante una privación material grave o severa que les conduce irremediablemente hacia la exclusión social.

Las definiciones y los fríos datos estadísticos no logran esconder la cruda realidad en la que se encuentran personas y hogares que no logran eludir el riego de caer en la pobreza. Situaciones diversas que requieren respuestas individualizadas en función de los factores que las propician. Entre estos factores se identifican, por una parte, los relacionados con el perfil social de los trabajadores ocupados, tales como la edad, el sexo, la nacionalidad o el nivel formativo alcanzado. Por otra parte, las circunstancias de carácter laboral como el tipo de actividad desarrollada (trabajo por cuenta propia o ajena), la modalidad de jornada (indefinida o temporal, es especial cuando esta última no es la deseada por el trabajador), la tipología de contrato o el tiempo que los trabajadores llevan activos. Por último, también inciden aspectos relacionados con los hogares en los que viven estas personas, como la intensidad laboral presente en los mismos o el número de dependientes económicos que conforman la unidad familiar; además de otros aspectos como la vivienda, la cota de endeudamiento y la carga impositiva de las familias, el acceso a las prestaciones sociales o la evolución de los precios y la pérdida de poder adquisitivo que han sufrido en los últimos años los hogares, entre otras causas.

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Directora Diario16.com Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre. Durante años ha asesorado personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

3 Comentarios

  1. Ésta es la tragedia de los babyboom. Creyeron que con una carrera sus hijas e hijos no podrían fracasar … 😔

  2. ¡QUE NO SE OCULTE NADA!
    Ni la ética ni ningún bien pueden amparar a la mentira. La MENTIRA a modo de:
    -ignorancia que va confundiendo y equivocando a todos,
    -información alineada u opinión interesada que va creando medias verdades,
    -desinformación por los prejuicios mismos o por lo adoctrinado de tantos intereses creados,
    -fanatismo ya sea religioso, negacionista de una realidad o político,
    -ocultación de una verdad para fortalecer a otra y que es la arbitraria o la manipulable.
    Todo esto porque un bien no tenga posibilidades de ser falseado ni capacidad de confundir o manipular a nadie.
    Todo esto porque un bien no tenga posibilidades de ser falseado ni capacidad de confundir o manipular a nadie.
    ESPAÑA NO NECESITA UNA MARCA, SINO NECESITA UNA VERDAD, y ¡punto pelota! https://concienciaesreconocer.blogspot.com

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