voto

El caso Vox

Vox (Violencia, Odio y Xenofobia) es un lobo con piel de cordero al que el traje de cordero se le queda pequeño. Ya ni ocultan lo malvados que son. Quieren ilegalizar a media España, hacer retroceder los derechos de todas las minorías (que unidas conforman una mayoría…) hasta su extinción; disminuir los impuestos en un ochenta por ciento, selectivamente a los que pagan más de un 30% de IRPF (los ricos), y, por tanto, suprimiendo de facto los servicios públicos reduciéndolos a una cobertura similar a la de Guatemala. Con ellos se acabaría la función pública y los funcionarios “rojos” seríamos expulsados (purgados) del sistema, y condenados a la indigencia. Acabarían con la Ley de Memoria Histórica, la Ley LGTBI, o la de Violencia Machista. Volveríamos a los tiempos del NODO, aunque para personajes como Maruhenda esto no tendría mayor importancia ya que, según él, en España no había antifranquistas como demuestra el hecho de Franco se muriera en su cama… (sin comentarios). La pregunta es ¿cuánto tienen que empeorar las cosas en España antes de que empiecen a mejorar?

El caso PP

El Partido de los Poderosos vuelve a protagonizar la película “El día de los tramposos” junto a Kirk Douglas y Henri Fonda. Pablo “el rana”, con su hada madrina en el banquillo de los acusados por la financiación ilegal de su ¿partido?, nos ofrece para nuestra consideración un nueva retahíla de trampas, en este caso basadas en la intoxicación y la confusión en las redes sociales para desmovilizar el voto socialista. Como a él le aprobaron 18 asignaturas de la carrera (concretamente las que no tenía narices a aprobar mientras dedicaba el cien por cien de su tiempo a la política), y, posteriormente también un Máster, más otro presencial en EEUU realizado desde Palencia, considera que estas actuaciones tramposas a las que está acostumbrado son del gusto de la ciudadanía. Como de todas formas le votan, para qué cambiar lo que funciona. Ya lo dijo Juan Ramón Jiménez: “no la toques más, así es la rosa”.

El caso Unidas Podemos

Son el “conejo de Duracel”. Y siguen, y siguen… Otra vez vuelven a insistir en el rollo de que es necesario un Psoe débil para que ellas puedan entonces “imponer” (a años luz de haber ganado las elecciones) las políticas “progresistas” de toda la vida: esquilmar a los que consideran “los enemigos” para financiar y subvencionar a los más débiles. No comprenden que, entre otras cosas, a la gente se la hace débil si se la subvenciona, y que lo que hay transformar es nuestro modelo productivo, y no tanto nuestro modelo impositivo. En España no hay enemigos “de clase», hay delincuentes económicos a los que perseguir, que son un problema para todos, no un problema para un grupo (ellos) como sí lo serían “sus enemigos”. Yo he cuestionado muchas veces que esta visión decimonónica de la sociedad, y las soluciones planteadas, sean progresistas. Lo dejo a criterio de la muchachada.

El caso independentista

Siguen creyendo que Cataluña no es una parte de España, sino la propiedad territorial de aquellos que están empadronados allí. Voy a plantear un supuesto que ya ha ocurrido en la Historia. Si los franceses invadieran el territorio catalán hasta “la marca ibérica”, ¿quién defendería ese territorio, los “catalanes”, o todos los españoles y españolas? Pues eso, que Cataluña es una región de España y su futuro nos compete a todos, y a todas, y no solamente a los que viven allí, como podrían vivir en cualquier otro sitio. Y lo mismo digo para los vascos, los gallegos, los andaluces, los extremeños, los murcianos, etcétera, etcétera… ¿Será posible que lo entiendan algún día?

El caso Ciudadanos

Qué pena que un partido progresista como Ciudadanos haya caído en manos de un ególatra desequilibrado como Albert Rivera. Ciudadanos (que no Albert Rivera…) es un partido moderado con el que Psoe hubiera podido articular unas políticas de progreso moderado y superar radicalidades y retrocesos cavernarios. Ahora, con su “echada al monte”, el compañero Albert ha sepultado a su partido y también las esperanzas de mucha gente. Y todo ¿por qué…? porque lo que él quería ser de mayor es, Pedro Sánchez. Solo la envidia más furibunda puede justificar su actitud. Pobre Albert, y pobre de toda España que tenía una oportunidad, y ahora, quién sabe…

El caso Psoe

Somos un partido viejo, con muchas cuestiones orgánicas que renovar y resolver. Pedro Sánchez se presentó a sus primeras primarias con el eslogan “quiero cambiar mi partido para cambiar España”. Esta es una cuenta pendiente que afecta antes que a nadie a la militancia, aunque también a la ciudadanía. Sin embargo, el Psoe es el único partido que puede sacar a España de la situación de bloqueo institucional, y de superar el enfrentamiento polarizado al que determinadas fuerzas políticas (Vox, o Unidas Podemos) nos quieren empujar, porque cuando los extremos se enfrentan, crecen. Mucho se habla de transversalidad, y es curioso que lo hagan (Unidas Podemos, Más País) aquellos que quieren hacer una política contra los que consideran “sus enemigos” para “equilibrar” balanzas. Esto no es transversalidad. Esto es venganza, y así no se construye un país. Al Psoe se le acusa de no profundizar en los cambios todo lo que el sector radical, de un bando y de otro, le gustaría. Pero es que, precisamente, esa es la grandeza del Psoe: liderar esta sociedad, al ritmo adecuado que todos y todas puedan seguir, hacia un modelo social y económico en el que la mayoría (todo el mundo a ser posible) pueda desarrollar su vida con dignidad. Las transformaciones se hacen poco a poco conforme lo va reclamando la mayoría de la ciudadanía, no se imponen por decreto como quiere hacer Pablo Iglesias, que con todas sus matrículas no concibe algo tan simple. ¿Será posible que lo entienda algún día?

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