Sin reparto de la riqueza, sin un régimen fiscal justo, progresivo y equitativo, no hay democracia posible. La política tributaria es quizá la prueba del algodón que determina, sin riesgo alguno de equivocación, si un Gobierno es realmente de izquierdas o un impostor que esconde una propensión demasiado liberal. El documento Propuesta abierta para un programa progresista que el PSOE ha remitido a Unidas Podemos con el fin de seducir a la formación de Pablo Iglesias y que preste su apoyo a Pedro Sánchez en la segunda sesión de investidura cree que “hay margen para elevar paulatinamente la recaudación tributaria actuando en distintos niveles”. Según el texto, las medidas políticas deben ir encaminadas a la lucha contra el fraude fiscal, la reducción de la diferencia entre tipos impositivos nominales y reales que se produce en la tributación de las grandes empresas y la incorporación al sistema impositivo de aquellos sectores económicos que se encuentran actualmente infra gravados o que directamente no tributan, como es el caso del sector financiero y la economía digital, respectivamente”.

Los socialistas creen tener claro que España necesita “adaptar su sistema fiscal a las nuevas realidades económicas”, de modo que su “apuesta es la de una fiscalidad adaptada al siglo XXI para que aquellos sectores que actualmente no contribuyen, o lo hacen de una forma muy menor, aporten en función de su capacidad real”. En principio la melodía de la canción resulta cautivadora pero hay que ir al espíritu de la letra, es decir, a los números y porcentajes y a las medidas concretas con las que supuestamente se pretende gravar a las rentas más altas. Y eso es lo que están analizando en estos momentos los economistas de Unidas Podemos antes de dar el sí quiero o dar calabazas al pretendiente.

El sistema fiscal es la base del Estado Social, asegura el documento. Sin ingresos públicos suficientes no es posible mantener un Estado de Bienestar robusto que “garantice la igualdad de oportunidades y la cohesión social”. Para conseguir estos objetivos la fiscalidad debe ser justa y con capacidad recaudatoria suficiente. “Sin embargo, estos dos principios se han ido diluyendo en los últimos años por la aplicación de políticas que han reducido la progresividad global del sistema y han mermado su potencial recaudatorio”, constata la propuesta del PSOE lanzando un misil al PP. Los socialistas aseguran que el anterior Ejecutivo de Mariano Rajoy puso en marcha medidas de política fiscal de carácter “regresivo”, favoreciendo la imposición indirecta (subida del IVA que perjudica más a las rentas más bajas, y promoviendo la bajada del tipo nominal en el Impuesto de Sociedades).

España tiene una proporción de ingresos públicos en relación al PIB del 37,9%, ocho puntos menos que la media de la eurozona (46,1%), y muy por debajo de países como Francia, Finlandia, Dinamarca o Suecia. En 2017 nuestro país fue el cuarto de la eurozona que menos recaudó. En términos de esfuerzo fiscal, España también se sitúa, con datos del 2017, por debajo de la media de países de nuestro entorno (un 0,1355 frente al 0,1942 de Portugal o al 0,1481 de Italia). Junto a ello, según el documento del PSOE, el volumen de gasto público español sobre el PIB también se encuentra por debajo de los países más avanzados de la Unión Europea. En concreto, en un 41% del PIB frente al 47% registrado en la eurozona en 2017, el 56,4% de Francia o el 54,2% de Finlandia.

“Recuperar la progresividad del sistema, haciendo que quienes más capacidad económica tienen contribuyan en mayor medida, seguirá siendo una prioridad para el Gobierno, al igual que la lucha contra el fraude y la elusión fiscal”. Sánchez cree que hay margen para elevar paulatinamente la recaudación tributaria sobre las rentas altas. “El objetivo es que quienes disponen de mayor riqueza contribuyan de forma equitativa en un modelo fiscal progresivo, donde cada uno aporta en función su capacidad y recibe en función de su necesidad, preservando a la clase media y trabajadora, que es la que ha soportado con su esfuerzo los momentos más duros de la crisis”. Habrá que ver cómo se traducen en lo concreto todos esos elevados y nobles principios y si satisfacen a Pablo Iglesias, que a fin de cuentas es quien tiene la última palabra para que Sánchez sea presidente.

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