La Vanguardia (03/10/2019). LLuis Amiguet entrevista a Miguel Marmot: experto en “resolución de conflictos”. Elijo algunos planteamientos para aplicarlo al de “CATALUÑA/ESPAÑA”.

¿Se agradece a Cataluña su aportación en tantos campos fundamentales? Marmot pregunta a quienes ostentan el poder ¿cuándo fue la última vez que dieron las gracias a su equipo? ¿Y España a Cataluña? Nunca. En la transición, Cataluña participó en un proyecto común con España: Constitución, Estatutos, presupuestos, etc. Demostrada muy alta contribución económica y en muy variados campos. Se considera que Cataluña está “obligada”. En nombre de la “solidaridad” , que por definición es “voluntaria”, se obliga a unas aportaciones que castigan a la población catalana pero nadie agradece. Se exige y punto. Muchos hechos objetivos lo confirman. Ningún agradecimiento, reconocimiento, a Cataluña, sus gentes. Lo que se ve, lee, escucha en la mayoría de declaraciones de políticos y medios de comunicación españoles ¡es lo contrario! ¿Algún programa al 10N para Cataluña comprende reconocimiento, rectificación? ¿Cuál es la actitud predominante hacia Cataluña?

¿Qué tiene que agradecer Cataluña a España?

Marmot pregunta por el “agradecimiento a los dirigentes”. Desde Felipe IV a Felipe VI, ahí está la historia. Muy desconocida. La reciente no ofrece motivos de agradecimiento y sí de serio agravio según impresión dominante. Ante el evidente conflicto por incumplimientos, buena parte de la sociedad, sus líderes políticos, han “reaccionado”, piden “votar democráticamente” una permanencia con España más impuesta que voluntaria. La respuesta es conocida. Ante un referéndum que fue “desobediencia”, muy duro castigo por fuerzas policiales, presos políticos, exiliados. La calidad de vida, muy lejos de lo que podría por lo que genera según datos objetivos. Su identidad, cultura, lengua, leyes, valores, amenazados o combatidos; sus iniciativas parlamentarias a favor de la justicia social, anuladas. La asfixia económica está publicada. Las infraestructuras básicas llevan años pendientes. Son conscientes del trato negativo que reciben más allá de aspectos económicos. Es una situación sistémica y estructural en la historia. Hay una larga lista que lo demuestra.   Para quienes viven, tributan, trabajan, en Cataluña ¿qué han de agradecer al estado español? ¿Qué incidencia tiene eso en el conflicto?

¿Por qué actúan así España y Cataluña?

Marmot tendría que profundizar mucho como consultor en el conflicto Cataluña/España.

¿Qué determina la conducta de España? Diferentes respuestas. Un concepto exclusivo de España “castellana” que intenta anular una identidad “catalana” para integrarla en la propia en lugar de una España “plurinacional” como podría haber sido. Un enfoque de supervivencia económica, sociopolítica, a la que no quiere o puede renunciar. El concepto “unidad de España” parece determinarlo todo y anular cualquier valor. Incluso los democráticos, de integración “voluntaria” en un proyecto común. “SER España CASTELLANA, excluyente y dominante en todos los campos”.

¿Y qué determina la conducta de Cataluña? Algo determinante, trascendente: Vivir con el nivel de vida que merece por su esfuerzo y permiten sus datos macroeconómicos según se reconoce internacionalmente. Hoy no es posible porque no se respetan estatutos aprobados, presupuestos, inversiones, estatales. Vivir en una auténtica democracia con justicia social avanzada, también imposible hoy. Decidir por y para sí misma, autogestionar sus recursos para lo que precisa su gente. Preservar su identidad, historia, lengua, cultura, valores, lengua. Hoy no sólo no se da eso sino que está, en su percepción mayoritaria, en clara regresión y serio peligro de eliminación. En definitiva, ¡“SER” CATALUÑA y que su población viva con la dignidad y democracia que merece!

¿Fórmula posibilista que propone Marmot para resolver conflictos?

Transcribo literalmente: normas de higiene corporativa: dar las gracias; reconocer el esfuerzo de cada persona en el equipo; contar con cada uno para intentar mejorar juntos; implicar a todos en el esfuerzo colectivo; darles un objetivo común; reconocerles sus méritos siempre” ¿Se cumple por parte de España? Invito a contestar al lector. ¿Hay reconocimiento, agradecimiento, implicación “voluntaria” en un proyecto común… o imposición legal, policial, amenazas de pérdida de la teórica autonomía que les queda tras la anulación de su último estatuto que no ha sido sometido a referéndum como indica la constitución?. Así se percibe mayoritariamente en Cataluña. Como consultor, coincido con Marmot en recomendar esas pautas a quienes ocupan los mayores puestos de responsabilidad. En este caso: el estado español y todos sus estamentos. ¿Aplican esas normas o hacen lo contrario… y agravan el conflicto?

¿Qué rebaja o anula los conflictos según Marmot?

Transcribo de La Vanguardia: “ Marmot, demostró que el factor de mayor peso en nuestra satisfacción personal es el sentimiento de control que tengamos sobre nuestra propia existencia. Cuanto más dependes de los demás, más desgraciado te sientes. Griffith lo cita al calibrar la higiene corporativa de una empresa: cuanto más se permite desarrollar su propio talento a cada empleado y con menos jerarquías, más satisfecho se siente de su contribución. Los de peor salud en el estudio eran los que tenían más jefes por encima”. Aplicado al conflicto “Cataluña/España” es fácil sacar conclusiones. ¿Ayuda a resolverlo incrementar el “control”, la “autoridad” sobre los catalanes? ¿Anular su conciencia de sujeto político con identidad e historia propia? ¿Se sentirán más felices así si no se les permite desarrollar su propio talento, ¡lo tienen demostrado “a pesar de”! y con tantas jerarquías por encima? No se trata de lo que se opine en la sociedad española sino lo que piensa, siente, la sociedad mayoritaria catalana. ¿Quién genera el conflicto y quién reacciona ante el mismo? ¿Alguna corrección de estos determinantes negativos en los proyectos políticos de España? ¿O incremento del control, intervención, incluso: anulación…?

¿Qué sucederá en las próximas fechas? Sentencia pendiente de un juicio que el New York Times calificó de “error”. Amenazas de todo tipo bajo interpretaciones legales cuestionadas por instrucciones y tribunales igualmente cuestionados. Nuevas elecciones el 10N.

¿Qué diría Marmot a quienes ahora decidan la “reacción” a la “reacción” de la sentencia? ¿Qué aconsejaría a quienes pretenden gobernar España? ¿Resolverán o agravarán el conflicto Cataluña/España?

Apúntate a nuestra newsletter

1 Comentario

  1. Para ellos, es una cuestión de autoestima, Joan.
    Los espanyoles saben perfectamente que su único y último motivo de orgullo es maltratar a Catalunya y a los catalanes y lo supeditan todo a satisfacer ese único y último motivo de orgullo; su democracia, su dignidad como individuos y como sociedad y su futuro como individuos y como sociedad. Como demuestra su total y presuntuosa inacción ante el hundimiento de su país; los espanyoles serán felices mientras puedan maltratar a los catalanes. El resto… no importa.
    En Historia se dice que el Imperio Islámico, (los califatos de Córdoba, Damasco y Bagdad), fue un imperio que «surgió de la arena y regresó a la arena», dando a entender que surgió del desierto, conquistó medio mundo creciendo exponecialmente y vivió una época de esplendor para luego caer en el marasmo ensimismado que posibilitó su caida. Córdoba, Damasco y Bagdad «regresaron a la arena». Tal es el caso del Imperio español; una cultura de guerreros y pastores, en poco más de una década, fue dueña de América y media Europa. ¡Toma ya! Vivió su época de esplendor, cayó en el marasmo y hoy día… ha «regresado a la arena».
    Como hicieron los árabes, la respuesta del Imperio español a su disolución fue recurrir a la involución y el aislamiento orgulloso, a la autarquía. ¿De qué les sirvieron a los árabes sus califatos? De nada. ¿De qué les ha servido a los espanyoles su Imperio «en el que no se ponía el Sol»? De nada. Nunca he logrado comprender por qué los espanyoles idolatran su etapa imperial cuando es obvio que los Austrias hubieran podido empedrar Espanya con el oro y la plata que traían los galeones, y en vez de hacerlo se dedicaron a dilapidar la mayor fuente de riqueza que ha conocido la Historia en estúpidas guerras europeas siendo más papistas que el Papa.
    Sí, Espanya fue un gran imperio, pero ¿de qué les ha servido a los espanyoles? ¿Dónde están los nombres espanyoles en la Historia del pensamiento filosófico y científico occidentales? En ella, encuentro apellidos italianos, ingleses, escandinavos, franceses, ingleses, alemanes, pero… ¿y los espanyoles? Brillan por su ausencia. ¿Dónde están los premios Nobel espanyoles? Ramón y Cajal fue el último gran científico que pudo hacer ciencia de primer nivel con un microscopio, pero desde que la Ciencia se convirtió en un empeño que requería equipos de colaboradores y costoso material de laboratorio, la Ciencia desapareció de España. Ramón y Cajal fue el último gran «artista» español, la última individualidad que consiguió merecida fama mundial, porque dando individualidades artísticas Espanya sí ha descollado. Tienen otro Nobel, Severo Ochoa, que se exilió el 36, con 31 años, y copio de la Wikipedia: «El matrimonio Ochoa se nacionalizó estadounidense en 1956, renunciando a la nacionalidad española, que no quiso recuperar ni siquiera tras el final de la dictadura». Huelgan comentarios.
    La Historia de España es la historia de un fracaso mayúsculo. ¿Cómo reaccionaron a la pérdida de Cuba y Filipinas? Dándose cuenta de lo bonita que era Castilla y gritando «¡que inventen ellos!». Los espanyoles ya eran los parias de Europa durante el Congreso de Viena, (1814-15), lo fueron después de la Primera GM y lo volvieron a ser tras la Segunda GM. Espanya era algo que «estaba allí» y nadie la tenía en cuenta para nada. El Imperio español había «regresado a la arena».
    En este contexto, para Espanya sólo quedaba un último y único motivo de orgullo: mantener sometida Catalunya. De ahí que toda una cultura asuma como natural y lógica la sentencia del espadón Espartero: «hay que bombardear Barcelona cada 50 años». Lo siguen diciendo, escribiendo y practicando como si tuviera la menor gracia, oiga. Todavía se niegan a ver que si todo un país, toda una cultura, se ve obligada a repetir incesamente el mantra de la «unidad» y «la unidad por aquí» y «la unidad por allá», si deben insistir tanto en la «unidad» de las narices debe ser porque algo cuestiona dicha «unidad». Esa frase demuestra que los espanyoles son plenamente conscientes de que Catalunya es un cuerpo extraño dentro de Espanya. Y lo es.
    Catalunya es una nación ocupada militarmente desde 1714 y ocupada demográficamente desde el franquismo, cuando la población pasó de 2.900.000 hab. en 1940 a 5.100.000 hab. en 1970. Una auténtica invasión. Ahora lo llaman «sustitución demográfica».
    https://ca.wikipedia.org/wiki/Demografia_de_Catalunya
    La espanyolidad de Catalunya es un hecho históricamente antinatural que no ha sido corregido, y creo que ha llegado el momento. Mantener este hecho antinatural hace que Espanya se siga resisitiendo orgullosa a la Modernidad: Espanya será orgullosamente franquista mientras deba mantener sometida a Catalunya por la fuerza.
    Haciendo un símil propio de la Física, un planeta, (Espanya), posee un satélite, (Catalunya), tan masivo y con tanto momentum, (tanta inercia propia), que obliga a dicho planeta, (Espanya), a dotarse artificialmente de más masa para mantenerlo ligado a su órbita. ¿Qué quiere decir en esta analogia «dotarse artificialmente de más masa»? Convertirse en una dictadura sanguinaria. Como se ha demostrado en repetidas ocasiones, el planeta espanyol debe convertirse en una dictadura asesina si quiere retener a la fuerza un satélite con tanta personalidad e impulso propios como el catalán. «Hay que bombardear Barcelona cada 50 años». En democracia, Espanya no puede retener a Catalunya. Lo expuso magníficamente la periodista Gemma Aguilera este mismo sábado en elmon.cat. Por su brevedad y acierto, transcribiré íntegro su artículo. Se titula «Siempre perderán».
    https://www.elmon.cat/opinio-singular/sempre-perdran_2074450102.html
    «En la historia democrática de Catalunya el espanyolismo sólo ha llegado a las instituciones catalanas secuestrándolas. Con violencia física, mediante guerras y ejércitos, o con violencia institucional, es decir, por la vía del 155 y, quien sabe si también a partir de ahora, ilegalizando a los adversarios políticos como hizo en Euskadi. Nunca, sin embargo, con la legitimidad que dan las urnas, porque siempre que la gobernanza del país se somete a la voluntad democrática, nunca emerge aquella mayoría silenciosa que proclama.
    El 21-D, en unas condiciones deplorables, con candidatos en la cárcel y el exilio, bajo una represión brutal y con las instituciones en manos de Madrid, el independentismo volvió a ganar. Ciertamente, Ciudadanos fue el partido más votado, recogiendo papeletas desde la derecha extrema hasta la extrema derecha, pasando por el votante socialista más nacionalista y anticatalanista. Pero sus 36 diputados no sólo no suman con el PP y el PSC, los dos partidos del 155 y la represión, como quedará ridículamente patente este lunes con la moción de censura contra el presidente Torra, sino que estos diputados han cobrado un sueldo público para rellenar los informativos y las tertulias de las televisones espanyolas con groserías, constantes muestras de incultura y escenas propias de una taberna en la madrugada. Han tocado techo.
    A estas alturas, una Catalunya espanyolista sólo es posible a golpe de hacha. De nada servirá que Miquel Iceta, inteligente y gran orador, pero a la vez cínico y ambicioso, termine de destrozar lo poco que de catalanismo y progresismo le quedaba al PSC avalando un nuevo 155 y el castigo a los líderes independentistas para contentar a Pedro Sánchez. En las urnas, con juego limpio, siempre perderán. Espanya no ha tenido ni tendrá un proyecto político seductor y democrático para Catalunya. Porque no lo quiere tener. El único proyecto es la adhesión forzada y pasando por caja, con la amenaza y la violencia como bandera.»
    Efectivamente; por las buenas, siempre perderán. Aún después de haber invadido Catalunya con sus «descamisaos», Espanya pierde en las urnas catalanas. Y, ¡vaya por Dios!, el comportamiento de los «descamisaos» espanyoles residentes en Catalunya demuestra mi tesis.
    ¿Cúal ha sido el comportamiento de dichos «descamisaos» ante las reivindicaciones catalanas? Mostrar el mismo rechazo absoluto que han mostrado el resto de espanyoles. ¿Cúal fue su reacción ante la sentencia ignominiosa que dinamitó el Estatut en 2010? Amén. ¿Cúal ha sido su reacción a la violencia policial de los salvajes piolines el Primer d’Octubre? Amén. ¿Cúal ha sido su reacción ante la violencia oficial, la violencia jurídica, económica y mediática ejercida no ya contra el independentismo, sino contra Catalunya? Amén.
    Es decir… los «descamisaos» que llegaron a Catalunya en los años 50 y 60, que aquí se ganaron un porvenir, (nada que objetar)… ahora son los primeros en mostrar su rechazo no ya a la independencia, sino a cualquier muestra de catalanidad. No considero descabellado esperar cierta dignidad por parte de estos «descamisaos», esperar que los espanyoles que llegaron a Catalunya «con una mano delante y otra detrás» y los hijos de dichos «descamisaos» muestren hacia Catalunya algo que usted no ha mencionado en su artículo, Joan, y ese «algo» es un «algo» importantísimo que demuestra mi tesis: los «descamisaos» y sus hijos son los primeros espanyoles a la hora de negarse a respetar a Catalunya y a los catalanes. Ese «algo» se llama «respeto».
    ¿Cómo se puede ser tan miserable? ¿Cómo se puede odiar la tierra que te ha acogido, la tierra en la que has nacido, la tierra en la que morirán todos ellos? Entre un espanyol residente en Catalunya y un espanyol residente en el resto del estado debería haber una diferencia: el respeto a Catalunya. Yo no podría vivir en Andalucía despreciándola y despreciando a los andaluces, y quien dice Andalucía dice Canadá, Australia o las Quimbambas. Sin embargo, cerca de dos millones de personas residentes en Catalunya la desprecian, desprecian su cultura y desprecian a sus «indígenas». La desprecian tanto que hasta han formado un partido que tiene como única ideología denigrar la catalanidad y como único objetivo acabar con ella: los infames de C’s. A día de hoy, ya no es posible distinguir al PSC del PP catalán o de C’s; se denominan «constitucionalistas», pero en realidad son el colectivo «Acabemos de una vez con Catalunya». ¿Cómo se puede ser tan miserable?
    Dispongo de una demostración matemática de mi tesis: desde el día en que toda Catalunya escuchó que «les hemos destrozado el sistema sanitario», para que un residente en Catalunya se niegue a la independencia debe ser un fanático o un imbécil. Recuerden que la frasecita de marras se la dijo un juez espanyol a un ministro espanyol. ¡Ahí es ná!
    https://www.publico.es/politica/fernandez-diaz-fiscalia-afima-gestion.html
    Desde aquel día, quien debe dar explicaciones son los «constitucionalistas», y no los independentistas. La demostración matemática es esta: ¿dónde está la tercera via? Si rechazan la independencia, algo a lo que en principio tienen perfecto derecho… ¿por qué rechazan también cualquier otro proyecto? ¿Por qué no quieren el Estatut y aplauden que lo dinamitaran? ¿Por qué los «descamisaos» espanyoles residentes en Catalunya no proponen nada que no sea una dictadura anticatalana que acabe de hundir política y económicamente la Catalunya en la que viven? ¿Por qué no exigen que su Espanya respete Catalunya? La ausencia de una tercera vía demuestra que los espanyoles residentes en Catalunya son tan anticatalanes como los del resto del estado. Todos ellos se han lanzado felices y orgullosos a los brazos del franquismo sin Franco. ¿Cómo se puede ser tan miserable?
    Tal grado de exhibicionismo de la miseria humana tiene una explicación. Los «descamisaos» que emigraron a Catalunya, los «espaldas mojadas» espanyoles, se niegan a reconocer que se vieron obligados a marchar de su tierra porque no les ofrecía un porvenir. En lugar de reconocer y afrontar el fracaso de su Andalucía, de sus Castillas, de su Extremadura y de su Galicia, se dedican a repetir como loritos que «vinimos a levantar Catalunya» y que «Franco trajo aquí la industria para beneficiar a Catalunya». Dos estupideces evidentes. ¿Por qué no se quedaron en su tierra y la «levantaron»? ¿No será que vinieron aquí porque Catalunya ya estaba «levantada» y su tierra estaba por los suelos? ¿Se imaginan a los inmigrantes que se juegan la vida en el mar diciendo «venimos a levantar Europa»? Y si «Franco benefició a Catalunya», (ya hay que ser sinvergüenza e ignorante para decir semejante estupidez), pues reprochénselo a los franquistas, no a los catalanes.
    Los «descamisaos» espanyoles se niegan a aceptar que el fracaso de su tierra a la hora de ofrecerles un porvenir fue la razón que les trajo a Catalunya. Ahora, se niegan a aceptar que su tierra, Espanya, de nuevo, ha fracasado a la hora de ofrecerles un porvenir. Su Espanya les obligó a marcharse durante el franquismo y ahora les ha expulsado de nuevo, imponiendo una dictadura anticatalana que arrase con la Catalunya en la que viven y morirán.
    La motivación de los «espaldas mojadas» espanyoles residentes en Catalunya es la siguiente: después de haber ofrendado su Andalucía, sus Castillas, su Extremadura y su Galicia a sus caciques y señoritos seculares para que las saquearan a su antojo, devastándolas, ahora los «espaldas mojadas» espanyoles residentes en Catalunya están ofrendado su Catalunya a sus caciques y señoritos seculares para que la devasten a su antojo. Tal es el sino de una sociedad orgullosamente feudal como la espanyola. ¿Cómo se puede ser tan miserable? Respuesta: siendo un orgulloso siervo de la gleba.
    Ante este nuevo fracaso espanyol, ante el ridículo patio de Monipodio franquista que es Espanya, a los espanyoles sólo les que queda un único y último motivo de orgullo: maltratar a Catalunya y a los catalanes. Pero ya no pueden «bombardear Barcelona cada 50 años», porque si lo hacen la comunidad internacional se verá obligada a retirarles su homologación como «cultura europea». Si bombardearan Catalunya, el mundo se cansaría de dar más oportunidades a los orgullosos y felices talibanes del Estado Hispánico y les mandaría definitivamente a presidir la Unión de Estados Africanos, que es lo que en realidad corresponde al Marruecos del Norte. (Estudien la situación sociopolítica marroquí y sabrán por qué lo digo).
    Cuando una sociedad llega al fondo del pozo porque todo es un desastre, o se reinventa o se entrega a la Maldad para poder mantener su autoestima. Por motivos muy diferentes y mucho más serios, la República de Weimar llegó al fondo del pozo y escogió entregarse a la Maldad, como ya lo ha hecho Espanya.
    Espanya se ha entregado a la Maldad no ya para no tener nada que agradecer a Catalunya o no tener que reconocer nada ante Catalunya sino, simplemente, para no tener que RESPETAR a Catalunya. Han tomado una decisión, y pagarán las consecuencias.

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre