La satisfacción de las necesidades fisiológicas básicas, en todas las sociedades desde antiguo, ha supuesto un tiempo vacio. Curiosamente en griego tiempo libre, tiempo vacio, tranquilidad, se dice escuela (skholḗ), que luego derivó a aquello que se hace durante el tiempo libre y más concretamente, aquello que merece la pena hacerse. La escuela es un lugar, pero en cierto modo es un tiempo para aprender.

Tenemos un tiempo libre que nosotros podríamos aún seguir llamando ocio aunque seguramente nuestra sociedad ha pervertido la idea misma de ocio y lo ha asociado simplemente al entretenimiento. El entretenimiento no tiene un estatuto problemático, nadie se niega a estar entretenido, no se encuentra ninguna oposición en el ánimo de cualquier individuo al que se le proponga algún tipo de entretenimiento.

Por absurdo que parezca, el estado al que nos lleva el entretenimiento ha sido asociado con estar activo, con ser productivo, con la idea de estar ocupado. Sin embargo, no hay nada más pasivo que el estado de alguien entretenido. Quien se encuentra entretenido se encuentra en un extraño punto de equilibrio que va desde la contemplación más ligera (una contemplación estética, por supuesto) a la interacción mínima indispensable que no se arriesga a comprometernos con ningún objetivo.

Justamente no hay otra cosa que ejemplifique más un estado de entretenimiento constante y de inactividad física y mental que la imagen de alguien sentado en un sillón viendo la televisión. Al mismo tiempo, su validez reside en esa baja exigencia: mientras entretenga, al menos por un rato, entonces se justifica.

Una vez pasado ese intervalo temporal en el que hemos sido entretenidos, pasamos al aburrimiento o a un entretenimiento diferente. La necesidad de cambio constante o de la fugacidad de la descomposición llegará a su apogeo años más tarde cuando la técnica nos permita volver sobre el momento de entretenimiento una y otra vez. Aquello ya será el espectáculo que no sólo entretiene, también seduce.

El objetivo de este entretenimiento, aparentemente gratuito, es reafirmar el sistema económico y político, y los Estados acudirán a esta estrategia para crear la mayor idea de consenso. Todos pueden participar, nadie está excluido. Es una sociedad abierta y dispuesta a aceptar a todo aquel que pueda pagar por el show.

Brecht decía que, en ciertos momentos, una conversación sobre árboles puede ser un delito.

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