En las últimas semanas, Pablo Casado ha acusado con insistencia a Pedro Sánchez de ser el mayor “traidor” y “felón” que ha tenido España por haber dialogado con los independentistas para tratar de llegar a una solución al conflicto territorial en Cataluña. Sin embargo, hasta donde se sabe, Sánchez nunca ha cedido a ninguna pretensión de los soberanistas, ni a ningún referéndum de autodeterminación que no puede conceder porque se lo impide la Constitución, ni a ningún chantaje o claudicación, tal como le afea Casado cada vez que le dan tres minutos de televisión. Las gestiones del presidente socialista en este asunto no han pasado de simples contactos a los que todo Gobierno está obligado para abrir un cauce de diálogo cuando existe un problema grave. Y pese a ello, Casado sigue jactándose de que su partido nunca negocia con los que quieren romper España, un discurso que se ha roto en mil añicos esta mañana, cuando la ex vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, subía al estrado del Tribunal Supremo para declarar como testigo en el juicio del ‘procés’.

SS ha reconocido que se reunió hasta tres veces con el vicepresident del Govern, Oriol Junqueras, para tratar sobre el complejo asunto de la secesión, aunque “jamás” quiso abordar ningún tema relacionado con el referéndum de autodeterminación que se iba a celebrar el 1 de octubre de 2017. En concreto, Sáenz de Santamaría se vio dos veces en Madrid y una en Barcelona con Junqueras poco antes de la consulta organizada por el bloque soberanista. ¿Salió entonces Pedro Sánchez como líder de la oposición para acusar a la vicepresidenta de traidora y felona por sentarse a hablar cara a cara con el demonio independentista? ¿Se le vio ofuscado, airado y con la vena hinchada, tratando de sacar rédito político a esas reuniones normales entre el Ejecutivo central y el autonómico? No. Y no lo hizo sencillamente porque el PSOE mantuvo una actitud honesta y responsable en toda la crisis catalana, algo que Casado no ha sabido o no ha querido hacer en las últimas semanas, cuando incluso ha llamado a los ciudadanos a salir a la calle masivamente para protestar contra una claudicación del Gobierno ante los independentistas que nunca se ha producido. Ahí está el controvertido asunto del relator, un inmenso montaje que Casado se ha sacado de la manga, sin ningún fundamento, y que quedará debidamente desmontado cuando los mediadores que en su día participaron en el diálogo entre el Gobierno del PP y de la Generalitat pasen por el Supremo para prestar declaración como testigos en el juicio del ‘procés’.

Los infundios y mentiras que Casado ha ido propalando en los últimos tiempos contra Sánchez han revelado su auténtico rostro de hombre ultra capaz de todo, de político dispuesto a dinamitar un proceso de apaciguamiento en Cataluña tan necesario para la estabilidad de España solo por anteponer su ambición personal, su deseo de llegar a la Moncloa a cualquier precio, aunque sea sobre las cenizas del Estado. Sánchez hizo todo lo contrario cuando era jefe de la oposición, como ha venido a demostrar la declaración de Sáenz de Santamaría de esta mañana. El líder socialista se resistió a la tentación de hacer política basura con el problema catalán e incluso guardó un silencio respetuoso en todas las negociaciones que la vicepresidenta celebró con Junqueras porque eso era lo que más le convenía al país. Por si fuera poco, apoyó a Mariano Rajoy en la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que preveía la intervención de las instituciones catalanas, aunque ello supusiera un coste electoral en las urnas. Una vez más, el PSOE supo estar a la altura de las circunstancias históricas, mientras hoy Casado provoca sonrojo con sus bulos increíbles, difamaciones intolerables, montajes absurdos, insultos con tufillo franquista y malas artes políticas que están provocando un daño irreparable a nuestro país. Es precisamente Casado, con su estrategia de la crispación, con su actitud infantiloide, destructiva, permanentemente electoralista e incendiaria, quien rompe España. El candidato del PP a la presidencia del Gobierno es como un niño travieso y peligroso jugando al mecano de los votos, un inconsciente que carece de las mínimas cualidades que debe poseer todo gran estadista. De ello tendrá que responder ante la historia.

Sin duda, Sáenz de Santamaría se ha visto obligada a decir la verdad esta mañana (por ley todos los testigos tienen que hacerlo) y ha revelado que en sus conversaciones con Junqueras el líder de ERC “no tenía interés en hablar de nada más que del referéndum”. Mientras el vicepresidente del Govern se enrocaba en el objetivo único de la independencia, ella trataba de debatir sobre las dificultades económicas de Cataluña tras la crisis, sobre la calificación como bono basura que las agencias internacionales de rating daban a los valores financieros de la Generalitat, de la sanidad en quiebra, de la educación devaluada, de las infraestructuras maltrechas, de todo lo sustancial para los catalanes, tal como ha hecho Sánchez cuando se ha reunido con Quim Torra en los últimos días. Ni más ni menos. “Yo quería hablar de asuntos que me parecían muy importantes y por los que el Estado tiene que velar, pero a Junqueras no le vi mayor interés. Él solo estaba interesado en el referéndum”, ha alegado. Según la vicepresidenta, Junqueras nunca le propuso articular una reforma de la Constitución para encajar en ella el referéndum y así poder celebrarlo legalmente. También ha reconocido que Mariano Rajoy envió una carta a Carles Puigdemont invitándole a que defendiera sus ideas independentistas en el Congreso de los Diputados, “donde se defienden los intereses del pueblo español y la soberanía nacional”. “No vino porque no estaba dispuesto a someterse a una votación”, afirma. Exactamente lo mismo que Sánchez ha propuesto a Torra.

“Ni con Oriol Junqueras ni con nadie puedo hablar de convocar un referéndum de autodeterminación. Si se quiere hacer, se tiene que reformar la Constitución”, ha concluido ante los magistrados del Supremo Sáenz de Santamaría, quien agregó que la declaración unilateral de independencia no fue “simbólica” y por esa razón el gabinete Rajoy tuvo que aplicar el artículo 155 (con el apoyo del PSOE, no lo olvidemos). “Sobre el referéndum no había ninguna posibilidad de diálogo. No había nada a negociar”, ha zanjado la ex vicepresidenta. Justo el mismo discurso que Sánchez ha mantenido con Torra. Sin embargo, SS tuvo libertad absoluta para hablar con Junqueras, como no podía ser de otra manera en un alto representante del Estado al que se le paga para que resuelva los problemas políticos. A ella no le pusieron una espada de Damocles encima de la cabeza. Y nadie le puso el cartel de “traidora”, “felona” y otras lindezas solo por hacer lo que tenía que hacer.

Apúntate a nuestra newsletter

1 Comentario

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre