«Lo siguiente» es que siendo presidente del gobierno presuma de que todos somos iguales ante la ley y, en cambio, ayer mismo, 27 de octubre, no se sumara a una reforma solicitada por los partidos que le colocaron en La Moncloa, consistente en modificar tres artículos del Código Penal para no seguir molestando a la justicia europea cuando alguien denuncie a otro por haber dicho lo que piensa del rey con palabras que figuran en el Diccionario de la RAE.

Y también lo es el cinismo de los votos del PSOE, necesarios para que ganara el trio de Colón, con la excusa de que ahora lo importante es el virus, mientras en Italia nos dan la gran lección de celebrar un referéndum para reducir escaños y, por tanto, gasto prescindible.

Hablando de gasto prescindible, “lo siguiente” es leer hoy en Vanitatis que la Casa Real nos costará un 6,9% más, es decir, 544.000 € más, gracias a esos PGE “históricos” del Gobierno de Coalición PSOE-UP, de los que tanto se está hablando.

Y eso en el año de la pandemia, que es el mismo en que Juan Carlos I se largó de España y Felipe VI, en lugar de devolver a Hacienda los 194.232 € que cobraba su padre, se los ha quedado para “contingencias” de la “Familia”. 

Y hablando del rey huido, «lo siguiente» es que Sánchez no solo esté implicado en la fuga hacia los inalcanzables emiratos de alguien que ha aprovechado su inviolabilidad para violar la decencia de sus súbditos, sino que, además, tenga una cara tan dura como para decir que ese rey ha dicho que está a disposición de una justicia que, lo sabe perfectamente, solo le llamará si es para salvarlo de otras justicias europeas.

«Lo siguiente» del presidente es que, para demostrar que podía más que un Carlos Lesmes de mandato caducado hacía dos años, impidiera que Felipe VI viajara a Barcelona el 25 de septiembre pero, en cambio, no se atreviera a enmendar a ese mismo rey cuando le dejó a la altura del betún con su llamada al citado Lesmes y, para certificar la cobardía de un presidente democrático ante la chulería de un rey “heredero de”, terminara arrugado como un gusano, lo disfrazara como lo disfrazara, y se lo llevara a la misma Barcelona dos semanas después, aunque no tuviera en la nuca la pistola de ningún golpista que le estuviera obligando, «militar por supuesto». 

“Lo siguiente” es que se convierta en vox populi lo de la máquina de contar billetes de dinero en La Zarzuela y no haya un solo fiscal que se atreva a investigar porque parece que la inviolabilidad del rey consiste también en ocultar los rincones donde comete sus delitos. ¿No nombraba el presidente al fiscal general del Estado, tal como dijo en aquella entrevista preelectoral? Solo era para traer a España a los independentistas protegidos por Europa.Y, para no aburrir, “lo siguiente” es la cantidad de veces que todos los escaños del PSOE se han sumado a los de la derecha, siempre añorante, para impedir que los representantes elegidos por el pueblo puedan investigar en el Congreso a una de las personas más sospechosas de España, su propio rey, tanto que hasta su hijo y sucesor en el trono tuvo que aparentar distanciarse aprovechando el día más traumático de una pandemia, como si no hubiera vivido en la misma casa sino en otra galaxia. 

¿“Lo siguiente” o “lo anterior”?

En pocos casos como el de la monarquía española usas el “no, lo siguiente” tan triunfador, pero estás pensando en “no, lo anterior”, aunque si retrocedes más allá de lo políticamente correcto será la dictadura sin disfraz, supondrá que Europa nos dé la espalda y que incluso acoja con los brazos abiertos los trozos de nuestra geografía que, con toda la razón del mundo, salgan huyendo. En este caso se trata de “lo anterior” cercano, ese paraíso bipartito de corruptelas generalizadas como las de Gurtel o Filesa, con una monarquía a la que no le rebosaba tanto la basura y después jugar al “yo indulto a algunos de los tuyos y tu indultas a algunos de los míos” que tanto juego político del sucio permitía y tantos sueñan con reconstruir.

“Lo anterior” también es sentirse protegido a cambio de dejar hacer a policías patrioteras que practican la legalidad mediante represiones consumadas, o el “primero dispara y después pregunta” de toda la vida que ya el juez, si tienes suerte, te absolverá cuando haya pasado el tiempo necesario para causar el daño previsto, como a Tamara y a Trapero. Y también esas cloacas que tan útiles resultan para arreglar «asuntos internos» que, cuando salen a la luz, pueden debilitar el entramado. O para lo que se tercie.

 «Lo anterior» es que te llames Felipe González, disfrutes durante años de mayorías absolutas que llenaban el horizonte del hemiciclo, consigas el ingreso en la UE y en la OTAN y no le ofrezcas a Juan Carlos I cualquier título menos el de seguir siendo rey porque eso, en España, está envenenado para siempre por su trayectoria de toda la vida, por su restauración en 1947 bajo amenaza de paredón y por su lavado de cara a base de mentiras y trampas para que el miedo siguiera asegurando que la libertad no envalentonara nuestras ilusiones. Y todo, para que el rey ahora oculto en un oasis del desierto no incumpliera el compromiso que el 23 de febrero de 1981 asumió con Milans del Bosch y otros golpistas. Fue cuando les prometió que nunca dejaría vacante el trono que restauró su asesino en jefe, el «generalísimo» de los ejércitos. 

No, lo de la UE y la OTAN no era para consolidar la democracia sino la monarquía, el mayor peligro para la democracia en un país como España.Para que ni “lo siguiente” sea tan decepcionante ni tampoco regrese el peligro de “lo anterior”, una mirada a Chile parece interesante. Por supuesto que aquella dictadura no traumatizó tanto a los chilenos como a los españoles la que comenzó a finalizar con la muerte del dictador, pero eso no significa que el referéndum que acaban de celebrar no pueda ser un modelo interesante para saber si queremos abrir el melón de nuestra Constitución. Las encuestas dicen que sí de manera contundente, y si esa demanda no se atiende hoy la crisis seguirá instalada y la política y la sociedad se degradarán todavía más. 

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