Acabada la dictadura España realizó un cambio de rumbo hacia la democracia, lo que se ha llamado la Transición que acabó con una nueva Constitución. Todo y el relato mítico de aquellos días, la realidad es que en la izquierda existió la sensación que la reforma democrática y social, que necesitaba muy profundamente España, había fracasado. Por el contrario, entre aquellos sectores más conservadores y nostálgicos del franquismo creyeron que la Constitución había hecho demasiadas concesiones.

Así, desde una ambigüedad calculada por no incomodar determinadas fuerzas políticas y el ejército, España se convirtió en un Estado social y democrático de derecho organizado como una democracia parlamentaria. Así, la Corona veía limitadas sus funciones dedicadas a tareas representativas y el ejército quedaba por fin sometido al poder civil. Igualmente, la Constitución fijaba el carácter no confesional del Estado, abolía la pena de muerte y desarrollaba una amplia declaración de derechos fundamentales y libertades civiles y políticas.

La Constitución ya ha cumplido 41 años de vigencia y, a estas alturas, no ha cumplido las expectativas que de ella se esperaban. El franquismo sigue vivo y el funcionariado franquista no marchó y ha sido sustituido por muchos de sus hijos y nietos. La prueba más fehaciente es que todavía no se ha condenado el franquismo, no se ha resarcido a sus víctimas y más de 100.000 cadáveres se encuentran todavía en muchas cunetas, impidiendo a sus familiares darles una digna sepultura.

Al día siguiente de inaugurarse la democracia, los militares, jueces, fiscales, notarios, obispos, cargos policiales, diplomáticos etc. etc. continuaron en sus puestos de trabajo. Se promulgó una ley de amnistía que exoneraba de responsabilidades penales a todos aquellos que durante el régimen franquista hubieran transgredido los derechos humanos, sean persecuciones, torturas o asesinatos. Nadie ha sido juzgado por aquellos hechos gracias a una ley injusta.

En el ámbito económico todo sigue como antes, la oligarquía sigue siendo la que impone las normas, apadrina los políticos, los subvenciona y saca los beneficios. La corrupción se ha instalado en todo el territorio y la justicia, presuntamente independiente, actúa en favor de quien gobierna, que modifica las leyes o hace de nuevas y actúa siguiendo órdenes de la fiscalía general del estado, dependiente del Ministerio de Justicia. Las últimas sentencias corroboran la total desconfianza de la población en cuando a que la justicia es igual para todos. El gobierno ha llegado a hacer un uso partidista judicializando la política.

Sobre el particular, vean una parte de la conferencia que el profesor de economía José María Gay de Liébana dio en la Asociación Profesional de Asesores Fiscales de la Comunidad de Valencia, describe con claridad la situación española. https://youtu.be/NLQBW8I8UCk

España no invierte en economía productiva, sus grandes inversiones se dedican a construir pabellones, polideportivos, aeropuertos, ferrocarriles de alta velocidad -todos ellos deficitarios- pero que han dado grandes beneficios a corporaciones y constructoras. No ejecuta el corredor del mediterráneo, no conecta los puertos de Valencia, Tarragona y Barcelona con el ancho de vía europeo ni invierte en las cercanías de Cataluña. Es más, ha destinado 1.000 millones de fondos europeos para el corredor mediterráneo destinándolos a la comunidad de Madrid.

A todo ello podríamos añadir el incumplimiento de los presupuestos generales del estado, de forma reiterada en cuanto a infraestructuras, reforma de la financiación de las CCAA, el sistema de pensiones, la renovación del CGPJ y del TC, sea cual sea el partido político gobernante.

Cuando observas con detalle cómo funciona España, a nivel económico, político, democrático y social, me vienen a la memoria las palabras de la escritora y filosofa norteamericana Ayn Rand, que a continuación detallo: Cuando te das cuenta que para producir necesitas la autorización de quien no produce. Cuando observas que el dinero fluye hacia quién no trafica con bienes sino con favores. Cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y las influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están muy muy protegidos contra ti. Cuando descubras que la corrupción y los favores son recompensados y la honradez se convierte en auto-sacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada al fracaso.

No solo tenía razón sino que sus palabras, pronunciadas en 1950, parecen premonitorias de la situación actual del estado español en 2020. Es así como lo percibo y, honestamente, quisiera estar totalmente equivocado.

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