Hoy ha sido un día extraño. Tomando café y tostadas, de pie, sobre la encimera de la cocina, como todos los días antes de salir a trabajar, en la radio dicen que ha sido una noche con temperaturas más altas que en días anteriores y que hoy será un día caluroso para la época en la que estamos. Rondaremos los diecisiete grados a mediodía.

Salgo a la calle, sin gorro, (mi pelo se fue a por tabaco hace años y no ha vuelto), y sin bufanda y gracias a la mascarilla, el glacial amanecer no me ha arrancado la garganta de cuajo. No sé si esta mañana hace una temperatura mayor que la de ayer. Lo que si sé es que hasta hoy, no había sentido ese gélido cierzo que te deja en estado hipotérmico hasta media mañana. Comparando este amanecer con los días anteriores, mi calle, en esta noche pasada, se ha trasladado al centro de Siberia.

Espero impaciente en la parada a que venga el veintidós. El frío me hace tiritar. Llega un señor muy encorbatado y elegante, con un traje a rayas y un abrigo de lana de Valentino Uomo, según indica la etiqueta del interior del cuello que sobresale.  Me mira de reojo. No sé si cree que le voy a robar la cartera o le molesta que un tipo africano esté a su lado. Por fin aparece el autobús. Subo primero porque yo ya estaba en la parada cuando el señor de mirada superior se ha acercado. Pero él parece desconocer esa ley no escrita e intenta colarse. Me adelanto e impido, sin mediar palabra, que suba antes que yo. Paso mi abono por el lector y el tipo del Valentino Uomo se pega como una lapa a mi culo. El conductor, sin ponerse en marcha de nuevo, me dice: “¡eh, moreno que sólo has picado una vez!”. Y yo le digo que voy solo. ¿Y el señor del traje? pregunta el conductor. Y entonces, sucede algo increíble. El Raph Lauren de pacotilla, se vuelve al conductor y comienza una perorata sobre la libre elección de medios de transporte. Que si tengo derecho a coger este autobús porque es el que yo quiero y no el doce. Que si usted no me va a decir a mí que bus tengo o no tengo que tomar. Que si mi libertad. Que si mi libre elección. El pobre conductor, con una paciencia increíble, ha aguantado la monserga del tipo y cuando ha acabado, muy serio le ha dicho: todo eso está muy bien. Pero si quiere permanecer en este autobús, debe pagar el billete. Si no, se baja usted y santas pascuas. El tipo del abrigo caro, se ha puesto farruco, pero justo había una patrulla de los municipales delante y se han encargado de que entendiera que la libertad no tiene nada que ve con ser un jeta e intentar colarse gratis.

Pero ya digo que hoy ha sido un día muy extraño. A media mañana, en lugar de ir a tomar café me he dirigido al banco que hay en la esquina. A una de esas sucursales que van a cerrar en quince días porque ya se sabe que los bancos nos tienen cogidos por los pelos del sobaco y que, aunque operamos casi todo por internet, las comisiones nos las cobran igual haya o no atención humana y personalizada, y por tanto, los ingresos los tienen garantizados. Bien. Pues cuando entro en la sucursal, hay dos personas esperando a ser atendidas en mesa. Una de ellas se sienta en uno de los puestos, nada más entrar yo y la otra espera. Cuando le toca el turno, dice que quiere sacar dinero. El bancario le dice que se dirija al cajero exterior. Y el tipo dice que no tiene tarjeta para acceder. Entonces le explica que, para reintegros, el horario es de 09:00 a 11:00 y que son las 11:10. ¡Pero yo estaba aquí a las 10:50! le grita el cliente. Oiga señor, a mí no me chille, le espeta el comercial. Sepa usted, además que según la nueva normativa los reintegros en caja tienen una comisión de un dos por mil con un mínimo de dos euros. Bien, le dice el cliente, pero no pienso pagarlos. Para no montar escándalo, el del banco le dice: “siéntese y dígame el número de cuenta”. Y aquí viene lo más increíble. El tipo, que al igual que el de la parada del autobús, va elegantemente vestido con un pantalón Slim Fit Tweed azul marino a cuadros con rayas azules más claras, un polo Gant y un blazer Hockerty, le dice al operario que no tiene cuenta. Y entonces el bancario fuera de si, le espeta que de dónde pretende sacar el dinero. Y aquí, el de la americana cara, le encasqueta un rollo sobre su derecho a la libre elección de banco. Parece ser, por lo que entiendo entre soflamas, que tiene cuenta en otra entidad, aunque no me ha quedado claro ni a mí, ni por la cara que ha puesto, al bancario, pero que, en base a no se qué de su libertad, le indica al de la mesa que esta sucursal le pilla mejor y que por tanto, cree tener derecho a hacer las operaciones que le vengan en gana. El empleado del banco rojo de ira, no se lo podía creer. Decía entre aspavientos con la vena cava a punto de reventar ¿dónde está la cámara oculta? Y el tipo del pantalón a cuadros que no. Que no había cámara y que le diera su dinero que tenía prisa. Pero, hombre de dios, insistía el bancario, ¿no entiende que sin cuenta en esta entidad no puede usted operar aquí? Déjese de rollos, le decía el personaje y deme la pasta o llamo a la policía.

Cuando se lo llevaban a la fuerza y esposado, gritaba: ¡Libertad!, ¡Libertad!, ¡Libertad!

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Es el negocio, amigo

Pactar. La prensa taina lleva empecinada en el pacto con la derecha franquista (en España no existe otra) desde que se formalizó el gobierno. Y aunque el ejecutivo actual es de coalición, y por tanto de acuerdo entre dos, los camorristas de la prensa del españolismo talibán y los otros, los cuñados que se lamentan del incumplimiento de los derechos humanos y del fascismo de las dictaduras, cuando se producen lejos de España y nuestros empresarios no están implicados, lo ven como una imposición y creen que el único pacto posible es aquel que siga remando a favor de un régimen hediondo que será conocido en siglos venideros como el decalustro de la corrupción.

El primer argumento dado contra la nueva ley educativa llamada Ley Celaá, es que no es de consenso. Y les da igual que la anterior, la ley Wert, fuera aprobada en contra de todos los partidos del hemiciclo, salvo el PP y en contra del 90 % de la comunidad educativa pública. Para ellos, como se vio en el Congreso, cuando gritaban como hooligans futboleros “¡Libertad!”, “¡libertad!”, “¡libertad!, el consenso es lo que tengo yo aquí dentro y el diálogo, lo que tengo aquí colgado. Todo lo que no sea su voluntad y sus espurios intereses, ni es diálogo, ni es consenso, y atenta contra su libertad. Eso a pesar de que esta ley lleva el acuerdo de 177 diputados, y seis formaciones políticas, y que todos las que votaron en contra son los serpollos del árbol del genocida eunuco, en cuyo régimen y en contra de toda libertad, que tanto dicen reclamar ahora, nos hacían cantar el cara el Sol cada mañana en la puerta de la escuela, asistir a misa todos los días o inculcarnos que el dictador (al que llamaban salvador) era Jefe del Estado por gracia divina o que el aprendizaje de las “sagradas escrituras” y aquella otra asignatura fascista llamada educación cívico social, eran más importantes para nuestro futuro que las matemáticas, la lengua o la historia. Sobre todo de esa historia no oficial que no contaba las epopeyas de los héroes nacionales como don Pelayo o el Cid, de quién por ejemplo en lugar de relatarnos que guerreaba para el mejor postor y que este mejor pujador, durante lustros, fue la taifa de Zaragoza, se dedicaban a loar su falso “odio a los moros” y su “supuesta batalla ganada contra ellos después de muerto”.

Decía mi admirado Juan López Torres “Puedo estar muy de acuerdo con la nueva ley educativa pero tengo una previa convicción profunda: un país no progresa cambiando las leyes educativas cada vez que cambian los partidos que gobiernan. Es imprescindible un pacto educativo a largo plazo” Y estoy de acuerdo, aunque no se pueden hacer cestos de mimbre, con ramas de zarza seca. Como dice el refrán castellano “dos no discuten, si uno no quiereY, en esta España, es imposible que se pueda pactar con quién pretende sí o sí, que se haga lo que él propone sin mover ni una coma. Con quiénes llevan cuatro siglos controlando la mente de los estudiantes y con quiénes la última vez que una ley educativa moderna entró en vigor en este país, les sirvió como excusa para uno de los detonantes del golpe de estado del 36. Ni están dispuestos a dejar la religión fuera de las aulas, ni mucho menos a perder el gran negocio, económico y de retroalimentación de la alineación política que supone la escuela PRIVADA concertada. Porque para esa derecha franquista, los principios fundamentales del Movimiento, en educación, son inalienables. Todo ello con la inestimable colaboración de un PSOE, entonces dirigido por ese estraperlista de la democracia que nunca fue “Isidoro”, que en 1985, con la excusa de que no había colegios públicos suficientes para escolarizar a todos los niños (una bola como una casa), instauró los conciertos educativos en la LODE. Tuve la desgracia de ver como en 1987 se cerraba el Colegio Público San Miguel, en Hortaleza (Madrid) porque en dos cursos, todos los alumnos, atraídos los padres por la exclusividad de un colegio hasta entonces inalcanzable para la mayoría debido a su precio, se habían ido a la competencia PRIVADA sita justo enfrente, en lo otra acera de la calle Virgen del Carmen, donde las monjas pasaron de la desesperación por la ruina económica, a la bondad económica. Pero no sólo son culpables los políticos. No debemos obviar la cretina e inestimable ayuda de esos padres que a pesar de las cargas impositivas fraudulentas como el precio desorbitado del menú, la compra inexistente de material escolar o las donaciones “desinteresadas” al sostenimiento del colegio PRIVADO dónde llevan a sus hijos, en muchos casos para evitar lo que ellos denominan malas compañías (compañeros marroquíes, hispanos, gitanos, etc.), deciden que el colegio de la esquina de su calle no es lo suficientemente bueno y que es mejor llevarlos, vehículo en ristre, a la otra punta de la ciudad o del barrio. Luego, como ha ocurrido con la sanidad, se llevarán las manos a la cabeza porque dicen no saber como es posible que se haya desmantelado el sistema público educativo.

Ahora, los que con la ley Wert convirtieron a los directores de Instituto en comisarios políticos, llevando al Consejo Escolar hasta la insignificancia de un órgano consultivo que si no dictamina conforme al gusto de la Conserjería de Educación, es como si no existiera, los que decidieron que era mejor el catecismo que la filosofía, no vaya a ser que a los chavales les dé por pensar y acaben decidiendo que los corruptos no son servidores, sino delincuentes, van a llevar a esa tercera Cámara desde dónde dictan sentencia “los amigos” la LOMLOE (ley Celaá) según dicen por considerarla “sectaria”. La desvergüenza de esta gente no tiene parangón. Llaman sectaria a la ley que propone que todos los chavales puedan acudir a los centros PRIVADOS concertados en igualdad de condiciones sin discriminación por raza o economía. Sin que se tengan que abonar, bajo cuerda, cientos de euros en conceptos dispares que en realidad son cuotas. A la ley que vuelve a dictaminar que, en aquellos territorios que tienen dos lenguas, “ambas son vehiculares de conformidad con la Constitución Española. A la ley que no sólo y contrariamente a lo establecido en la sacrosanta Carta Magna, no hace desaparecer la religión de las aulas, sino que la mantiene aunque sea sin considerarla curricular. A la ley que, no sólo no cierra los colegios de Educación Especial, sino que dota de más presupuesto a los “normales” para que estos chavales de integración tengan una vida mucho más fácil estudiando en los mismos centros que sus hermanos y vecinos. La ley que elimina esa norma inconstitucional no escrita de la Ley Wert que permitía la segregación por sexos en los colegios que se sostienen con fondos públicos. ¿Sectarismo? Sectarismo es querer que tus hijos vayan a un colegio exclusivo y que se lo paguemos todos. Sectarismo es impedir que cada cual se exprese en su idioma y querer cercenar la lengua de tus ancestros para poder imponer el pensamiento de los niños. Sectarismo es introducir la educación Bilingüe en la Comunidad de Madrid como lo hicieron, sin consenso ni preparación con el único fin de poder contratar a profesores afines, dónde los chavales, una vez han crecido, tienen que preguntar a sus padres como se dice una palabra en castellano porque sólo saben decirla en inglés.

No nos equivoquemos. Todas estas soflamas de los franquistas sólo son mentiras para engañar a la población a base de su difusión por unos medios de manipulación informativa que están metidos de lleno en esta guerra ideológica. Mienten en el idioma. Primero porque no es verdad lo que dicen y segundo porque no ponen ningún problema para que, en sus elitistas colegios de uniforme y mensualidad de sueldo base, la lengua vehicular sea el inglés. Lo único que quieren es preservar el negocio. Leíamos en jotapov.com que Francisco Granados, detenido por delitos de corrupción y ex vicepresidente de la Comunidad de Madrid con Aguirre, cobraba 900.000 euros por cada concesión de colegio privado construido en suelo público al que se le adjudicaba una concesión de concierto educativo.

En Barajas tenemos experiencia. Se permutó la parcela que el Plan urbanístico había destinado a la construcción de un nuevo Instituto Público por otra más pequeña y cercana a la ubicación de un Colegio religioso concertado que, hasta entonces, estaba en los bajos de un edificio de viviendas (contra toda legalidad). En esta nueva parcela permutada, se ha acabado construyendo un nuevo centro para ese colegio PRIVADO sostenido con fondos públicos, además de otras instalaciones para uso reservado de la iglesia. Y el barrio se quedó sin un nuevo Instituto cuando el actual casi dobla su capacidad.

Ahora, van a utilizar los gobiernos de esas Comunidades Autónomas (que tanto detestan) para minimizar el impacto de la nueva ley educativa. Eso, en mi pueblo se llama prevaricación. Una ley que ni mucho menos es progresista y que viene a dejar las cosas tal y como estaban con la LOE en 2006. Seguirá habiendo religión en las aulas. Seguirá habiendo profesores en centros públicos pagados por el estado que nombran sin oposición y a dedo desde los arzobispados. Seguirán existiendo los colegios PRIVADOS que pagamos todos (menos los que los utilizan que estadísticamente son los que más defraudan) con nuestros impuestos y seguirán intentando manipular ideológicamente a nuestros hijos para que sean ciudadanos cum laude en hijoputismo.

Y todo ello regalando miles de millones de euros al negocio privado de un servicio público como es la educación. Mientras, por el COVID, nuestros hijos tienen que asistir a clase con abrigo y guantes todo el día porque en lugar de utilizar la pasta que regalan a los sectarios privados para dotar a la pública de equipos de refrigeración y climatización que depuren el aire, les condenan a estar en clase 8 horas con las ventanas abiertas.

Y todo esto por esa miseria humana a la que nos ha llevado este hijoputismo de figurar, de querer ser lo que uno no es y de pensar que hacer contactos en el colegio va a ser importante para que sus hijos no acaben en el paro.

Pobres.

Salud, feminismo, compromiso, república y MÁS ESCUELAS PUBLICAS y LAICAS.

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Pasé tarde por la universidad. De niño, soñaba con ser escritor o periodista. Ahora, tal y como está la profesión periodística prefiero ser un cuentista y un alma libre. En mi juventud jugué a ser comunista en un partido encorsetado que me hizo huir demasiado pronto. Militante comprometido durante veinticinco años en CC.OO, acabé aborreciendo el servilismo, la incoherencia y los caprichos de los fondos de formación. Siempre he sido un militante de lo social, sin formación. Tengo el defecto de no casarme con nadie y de decir las cosas tal y como las siento. Y como nunca he tenido la tentación de creerme infalible, nunca doy información. Sólo opinión. Si me equivoco rectifico. Soy un autodidacta de la vida y un eterno aprendiz de casi todo.

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