Al matemático Guillermo Serna,
que despierta mi curiosidad para
transformarla en escepticismo.

 

Miren, lo que está pasando, en una parte muy importante, es el fin de una era. Como predijo Nietzsche, agoniza el monoteísmo (Unamuno usó el término “agonía” pero para colarnos doblada la fe); cuidado, se equivocó el Bigotudo en la velocidad y erró en los motivos, pero el tío lo clavó… y no me refiero al madero, sino que la muerte de Dios es un hecho histórico que está ya condicionando nuestras vidas.

Predijo esta era nueva en la que estamos entrando, pero a pesar de su heraclitismo-aristotelismo (expresión que invento para recordar su defensa de la inestabilidad inherente a lo natural) no supo cuadrar las cuentas; Dios no muere igual para toda la Humanidad, Einstein o Hawking ya nos han recordado que en el terreno de la física relativista y cuántica se ha desechado hace un siglo la idea de un Dios como hipótesis necesaria, la noción de campo y bosón de Higgs nos han situado en un mundo en el que el espacio es el origen de la materia y han descartado la nada como noción puramente lógica pero ajena a la Naturaleza; decía que no muere en el mismo instante Dios para todas las personas, se requiere un grado de formación y curiosidad mínimos para colegir lejanamente estas ideas que han alterado la imagen de un espacio geométrico universal, de un tiempo objetivo separado de la materia y el calor… En una expedición a Perú de un par de científicos españoles poco antes de la mitad del siglo XVIII todavía anuncian que quieren probar la hipótesis copernicana, las grandes revoluciones científicas van permeando lentamente a una sociedad que se mueve en muchas direcciones diferentes, la Iglesia tardó mucho en admitir la existencia de sistemas solares análogos al nuestro porque contradicen el relato bíblico, seguro que interpretaciones incluso contrarias coexistieron durante siglos, recordemos el sistema de Tycho Brahe, ni ptolemaico ni copernicano.

Nuestra sociedad no ha empezado a digerir las consecuencias de esta revolución científica. No hay cambio radical que permita distinguir el inicio de una época contradictoria con su anterior. Por ejemplo, el último intento de aplicar la linealidad al origen del Universo está empezando a caer en descrédito, la idea de un Gran Rebote se superpone ya al Big Bang del sacerdote y físico Lemaître, como el latido de algo vivo… En torno a un paradigma científico se mueven mil ideas y hay una parte de la población que jamás se enterará de nada, seguro que encontramos por ahí gente que no termina de entender que la Tierra sea una papa irregular algo redondeada volando por una órbita en torno a la estrella solar, que a su vez se mueve por la misma fuerza que no es sino el propio espacio (materia) y no una causa misteriosa a distancia.

La Ciencia ha descartado el concepto de hecho en favor de la interacción, no existen los acontecimientos aislados sino que el observador es parte de la constitución de lo observado. El Caos y la nolinealidad, la idea de los atractores han cambiado esa consideración de una Naturaleza pasiva que esperaba un descubrimiento racional de leyes que la describieran; y esas leyes sólo expresaban las construcciones de laboratorio entendibles por la lógica tradicional… pero no la realidad, porque la realidad no está ahí, es algo dinámico que aparece y cambia al ser observada, no hay una línea temporal que nos permita describir causas y efectos, eso no es más que una simplificación que, casi siempre, nos lleva a encontrar lo que estábamos buscando, lo que queremos ver pero no la realidad… No existen un ahora ni un aquí únicos, el tiempo está vinculado a la temperatura de los sistemas, no es una medida; igual que la moneda que se te cae en el coche hace una trayectoria distinta dentro que para el observador de fuera.

Antonio Escohotado (Caos y Orden) es uno de los pocos intelectuales hispanos que ha sido consciente de este cambio de paradigma y ha sido criticado por su rechazo a cualquier totalitarismo político, por haberse dado cuenta de que la Historia, la Economía, la Política, el Arte, la Filosofía (o lo que sea) siguen anclados en la mecánica newtoniana, buscando causas o queriendo diseñar efectos que sólo un laboratorio tolerarían, pero no una población humana de verdad. A ningún meteorólogo se le ocurriría vincular su vida a una predicción en una apuesta y menos cuanto más ambiciosa fuera ésta, el dinamismo caótico no puede desvincular las causas de los efectos porque vivimos en un presente constante y pasado y futuro no son más que nociones psicológicas, como la nada. El progresismo actual no puede pretender saber controlar un sistema económico porque ninguna doctrina científica tiene esas ínfulas de veracidad, debe despertar de su sueño dogmático; el conservadurismo no es una ideología verdadera sino la resistencia, la idea mecánica de una inercia que no ocurre en la realidad, la idea de que si no tocas el objeto éste seguirá en movimiento igual sempiternamente, el conservadurismo no es política sino su negación, es un error de perspectiva, desconocimiento de la realidad, por eso triunfa en las clases incultas con beneficios para las dirigentes, aunque parezca contradictorio.

Niego la mayor. No existe el ser humano. Estandarizar a los individuos es la base del totalitarismo que las tendencias mecanicistas de la políticas del siglo XIX y la primera mitad del XX desarrollaron; ser progresista es colocar los resortes para evitar la ignorancia, para evitar los abusos, para promover una igualdad de oportunidades que permita un atisbo de Libertad (aún sabiendo que es una fantasía animística) pero la ingeniería social (y en esto Popper tenía razón) es un crimen diseñado por mesiánicos.

Con límites, el hermoso libro de Carlo Rovelli Siete breves lecciones de física debería ser una lectura obligatoria para cualquier persona con una cultura media; el poeta Antonio Carvajal me elogia su último capítulo: la deriva de nuestra sociedad sólo puede ser beneficiosa si abandonamos la pugna individualista y tratamos de componer una complejidad sin sumar personas (Machado decía que no hallaba la forma de sumar individuos), sino aglutinando un poliedro para constituir una mirada múltiple sobre la realidad y asumiendo que nada hay en nosotros que pueda violar al Caos de la naturaleza con sus regularidades. La Neurociencia y el conocimiento de la neuoplasticidad van a cambiar todo. El Bien y la Verdad son hipótesis teológicas. Lo que importa no es conseguir el bien, no es llegar a la verdad, sino evitar el mal y rechazar cualquier tipo de fanatismo. Newton ha muerto.

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