Probablemente, sean dos de las preguntas que pensemos en hacer si contactamos con un asesor financiero para iniciar nuestra andadura como inversores.

  • La respuesta estadística para la primera pregunta sería: ayer fue el mejor momento para comenzar, el segundo mejor momento es hoy (siempre que se trate de una cartera de activos correctamente diversificados, acorde a nuestro objetivo, horizonte temporal y perfil de riesgo).
  • Para la segunda pregunta, tendríamos que pensar lo siguiente: un asesor financiero no es un adivino financiero.

Vamos por partes:

1) Tenemos nuestro fondo para emergencias que cubre al menos seis meses de nuestros gastos (no hay una cantidad que podamos llamar “correcta”, dependerá de la situación personal y profesional de cada uno y se debe reflexionar acerca del importe con el que nos encontremos cómodos).

2) Estamos empezando a acumular un capital que a priori, no necesitaremos en el corto plazo (entendamos aquí por corto plazo, menos de tres años).

3) Hemos tomado consciencia que, si dejamos sin más ese dinero en una cuenta corriente, estaremos perdiendo poder adquisitivo cada año (no olvidemos ese enemigo silencioso llamado inflación).

Con estos tres puntos claros, nos disponemos a iniciar nuestro viaje por el mundo de las inversiones porque estamos convencidos que tenemos que poner nuestro dinero a trabajar.

Muchos quieren tener la certeza de comenzar en el momento exacto. Éste sería: comprar justo antes de que el mercado de valores comience a subir y, ya puestos a pedir, vender en algún máximo para volver a comprar nuevamente en un “suelo” y así hacer el “timing” perfecto.

Déjame hacerte “spoiler”: esto es muy difícil de lograr y si sale bien una o dos veces, mantenerlo en el tiempo es casi una utopía. Al final, es muy probable que acabes pagando mucho dinero en comisiones y ese viaje como inversor que habías iniciado, acabe más pronto que tarde.

Antes de comenzar a invertir tu dinero y aunque no tengas un conocimiento amplio del mundo financiero, tienes que aplicar la máxima más elemental que puede haber: nadie da duros a cuatro pesetas (parafraseando a los “antiguos” del lugar). O lo que es lo mismo, si quieres rentabilidades altas, el riesgo que tienes que asumir también será mayor. Otro de los puntos que tienes que tener en cuenta es que, en los mercados financieros, puedes poner las probabilidades a tu favor si piensas en el largo plazo.

Para iniciar nuestro camino como inversores, hemos de trazar un plan y lo haremos definiendo en primer lugar un objetivo: “claro, realista y medible”.

Claro: tiene que ser algo concreto, definido. Por ejemplo, habitualmente una inversión a largo plazo va encaminada a cubrir alguno de los siguientes objetivos: “complementar la jubilación”, “acumular para los estudios de un hijo o hija”, “dejar un capital en herencia”, etc. Un objetivo, no debería ser del tipo “invierto por si acaso a ver que tal me va” (muchas personas dan sus primeros pasos de esta manera).

Realista: La cantidad de capital acumulado que queremos conseguir en ese largo plazo, tendrá que ver con nuestras aportaciones (inicial y adicionales), con la rentabilidad prevista que pueda tener nuestra cartera de inversión y con los años que tengamos por delante para cumplir ese objetivo.

Tener a largo plazo una rentabilidad anualizada del 20% no es muy realista. Son pocos los inversores o gestores de fondos que lo han conseguido. Mucho cuidado con caer en “cantos de sirena” que prometen grandes beneficios con “fórmulas mágicas”, o productos complejos difíciles de entender.

Además, hemos de tener en cuenta lo siguiente: podemos asumir un riesgo mayor si tenemos un horizonte temporal lejano, pero conforme ese horizonte temporal se vaya acercando (por ejemplo, nuestra jubilación), es más que probable que tengamos que ir migrando nuestra selección de activos a una distribución más conservadora. Tal vez plantearnos escenarios de rendimientos anualizados promedios en torno al 4% o al 6%, sea más realista a largo plazo.

Medible: En base a ese promedio esperado, al capital inicial con que comencemos y a las aportaciones periódicas que hagamos, podremos hacernos una idea del capital final que podemos esperar.

Además, tendremos que ir haciendo seguimiento periódico para saber cómo va nuestra inversión y entender el motivo de los desvíos sobre el plan inicial previsto. De esta manera, podremos ser capaces de corregir el rumbo si fuera necesario.

Los cambios o correcciones que tengamos que ir haciendo en nuestro plan, no deberían depender del ruido diario de los mercados, de un resultado electoral, de pronósticos de “gurús”, expertos de turno o titulares llamativos (muchas veces, interesados).

Nuestro plan, deberá revisarse si cambian algunas de nuestras circunstancias personales y conforme se acerque el horizonte temporal que nos habíamos marcado cuando comenzamos a invertir.

Por último, no olvidemos que, a largo plazo, la economía global tiene tendencia alcista (ver gráfico adjunto).

Si apostamos por un sector, país o área geográfica concreta, podríamos tener que soportar un período largo de estancamiento o crecimiento débil. Pero si nuestra cartera está correctamente diversificada y con exposición a las principales economías mundiales, estaremos acompañando el crecimiento global de largo plazo.

De ahí la respuesta a la primera pregunta, ¿es ahora buen momento para comenzar a invertir? Siempre es buen momento para empezar a invertir en una cartera diversificada, acorde a nuestro objetivo, horizonte temporal y perfil de riesgo.

Y, por último, a la pregunta ¿qué hará el mercado? La respuesta es que nadie lo sabe. No malgastes tiempo intentando adivinarlo. Lo más probable (y casi seguro) es que “fluctúe”, como lo ha hecho hasta ahora.

Si buscas ayuda de un profesional, que sea para que te oriente, para que te ayude a diseñar un plan, que sepa guiarte y corregir el rumbo en caso que sea necesario. Pero no para que haga de adivino.

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